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Teodor Currentzis, actual director de la Orquesta de Cámara Mahler, dice que las cosas fáciles son, en realidad, inútiles. Dicho de otro modo: que quien obtenga un pan sin haberlo ganado con esfuerzo, no ha obtenido nada. Comerá y olvidará qué ha comido. Sucede lo mismo —dice— con la educación musical —quien aprende por aprender, tendrá un rápido síndrome de desmemoria—, y entonces cita a Mozart como el primer encuentro real que tuvo con una revolución propia, con un modo de traspasar los límites en apariencia esenciales. Mozart tuvo disciplina y tuvo coraje —dos elementos primarios de cualquier artista—, y esas formas del carácter las transmitió a sus sucesores. Currentzis, a su vez, los imparte desde la dirección de la orquesta. Quizá por eso los críticos resaltan la fuerza y profundidad con que la orquesta ensambla sus piezas. Quizá por eso los críticos dicen que es una de las orquestas más destacadas.
El esfuerzo grupal —porque la orquesta es, sobre todo, un conjunto democrático que se abalanza hacia un solo lugar— nació en 1997 de la mano de Claudio Abbado y cuatro integrantes de la Orquesta Joven Gustavo Mahler. Desde entonces la orquesta, que toma decisiones esenciales sobre su futuro por votación, como una suerte de democracia a escala, ha realizado versiones de obras de Mozart, Beethoven, Debussy y el mismo Mahler, con los ojos puestos en el período romántico y los clásicos vieneses. Es una orquesta con flexibilidad: sinfonías, óperas y música de cámara han pasado por las manos de sus 45 miembros, que han recorrido más de 30 países y conforman también la orquesta fija del Festival de Lucerne en Suiza.
Además de la extensión de su repertorio (en elCartagena Festival Internacional de Música presentarán obras de Debussy, Saint-Saëns, Verdi, Ravel, entre otros), la Orquesta de Cámara Mahler ha tenido en su línea de trabajo a directores con una carrera extensa e influyente. Claudio Abbado, fallecido hace casi un año, fue uno de ellos: estuvo involucrado como director en el impulso inicial para que, un año después, la orquesta fue reconocida por su producción de Don Giovanni de Mozart. Daniel Harding (nacido en 1975, también director invitado de la Orquesta Sinfónica de Londres), que es conductor laureado de la orquesta, se unió a ella en 1998 y desde entonces ha tenido una conexión continua, apareciendo en escena cada tanto y apoyando los proyectos de financiación y reconocimiento público de la orquesta, que vive sobre todo de las ventas en taquilla y las grabaciones de estudio. El noruego Leif Ove Andsnes, pianista, dirigió también en varias ocasiones y fue alabado por la crítica por sus versiones de los conciertos para piano números 1 y 3 de Beethoven. Su ejecución, dicen, fue única. Un crítico incluso aseguró que ya nadie escucharía igual a Beethoven después de esta producción.
Justo después de una presentación de la orquesta con Andsnes, donde presentaron los conciertos para piano 2 y 3 de Beethoven, la crítica Kate Molleson publicó esto en el diario británico The Guardian: “El concierto fue una suerte de luz en sus manos, limpio y contenido, con cadencia bellamente proporcionada y un tierno movimiento, lento. El tercer concierto hirvió con energía volátil y oscura, y un real sentido de aventura. Sería demasiado difícil encontrar un pianista y una orquesta mejor calificados”.
jtorres@elespectador.com