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Es un libro único, singular, denso, profundo, que aborda un tema complejo, pero que, con tesón y rigor, con una escrupulosa revisión de fuentes, y con lo que Hegel llamaba el “esfuerzo del concepto”, se ocupa de un tema fundamental en la actualidad: el cuerpo. Digo que es un tema fundamental porque ya se habla del “hombre posorgánico”, tal como lo aborda críticamente el interesante libro de Paula Sibilia: un cuerpo que debe ser vencido, y donde la inteligencia artificial logrará separar nuestra mente, digitalizándola, y tal vez ensamblándola en una máquina. Pues bien, el libro del profesor Cifuentes nos rescata de este neocartesianismo transhumanista, y nos devuelve a pensar el cuerpo como “lo dado”, lo más inmediato, como aquello de lo cual tenemos una vivencia directa, profunda, inmediata. Nos lleva a pensar el cuerpo en el cual escribe la vejez, se pasea el dolor, se alberga el sufrimiento. Ese cuerpo transido por intensidades, pasiones, afectos, impulsos, atravesado por el tiempo. Y, sobre todo, ese cuerpo que es, a la vez, objeto del pensamiento y fuente del mismo.
Por eso, el autor nos dice: “Nuestro punto de partida va a suponer, de manera muy concreta, en contraste con los grandes problemas metafísicos, que ‘lo dado’ en primer lugar es el cuerpo, y todavía más, el cuerpo vivo”. Y este es el tema que desarrolla confrontando y complementado a dos de los grandes autores de la historia de la filosofía: Nietzsche y Bergson. Del primero, se ha escrito hasta la saciedad, si bien no tanto en la perspectiva abordada en este tomo de 502 páginas. Del segundo, hoy se sabe más bien poco. Pero se olvida que Bergson fue tal vez el filósofo más influyente en Francia desde finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX. Un pensador que también dejó una profunda huella en España y en América Latina, pues fue lectura obligada de todos aquellos que se opusieron al positivismo y su visión chata, desespiritualizada y mecánica del mundo. García Morente, Ortega y Gasset y María Zambrano, en España, e incluso Max Scheler, en Alemania, fueron seducidos por sus brillantes intuiciones. Un autor audaz que, como Nietzsche y Schopenhauer, fue crítico de la razón y cuestionó la capacidad del lenguaje, el intelecto, los conceptos, etc., para dar cuenta del mundo real, de lo durable que fluye, de la realidad más movediza e inasible que siempre hemos encorsetado en los “artificios” creados por nuestra inteligencia.
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El libro es una invitación a pensar el cuerpo que nace, crece, se reproduce, se enferma y muere. Es un abordaje de la fisiología y de su papel en el conocimiento, lo cual, en el caso de Nietzsche está vinculado con el tema de la salud y de la enfermedad, aspectos sin los cuales su filosofía no hubiera sido posible. Este texto permite comprender mejor, si bien fue algo que el propio Nietzsche dejó claro, y que también mostró Lou Salomé, la manera como el pensador alemán transfiguró la enfermedad y el dolor, poniéndolos al servicio de la vida. Nietzsche fue un ejemplo claro de que la adversidad puede ser reconvertida en un gran sí a la vida, un gran canto a la vitalidad. Cuerpo, enfermedad y pensar, temas valiosos que articula este texto. Pero también se ocupa con igual soltura de la obra de Bergson y de su preocupación fundamental: el tiempo que dura, tiempo interno, la famosa duración de la que se tiene experiencia interior, vivencia, fluir de lo real.
Por eso el autor dice: “Sin abusar de las generalidades, se puede decir que Nietzsche propone como realidad ineludible la de las pasiones y que Bergson, la del fluir del tiempo con su carácter interno, entendido ante todo como experiencia de la duración […] las dos filosofías sitúan el cuerpo en el centro de sus discusiones y de la forma de problematizar la labor del pensamiento que pretende dar cuenta del todo de la realidad”.
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Este libro es un antídoto contra los “despreciadores del cuerpo”, del sentir, de los afectos, las pasiones, los estados fisiológicos internos, esos mismos que apresamos si ponemos atención, los mismos que sentimos irrevocablemente… Es un gran aporte a ese despertar actual de los estudios de los afectos y las emociones, y de su manipulación en la psico-economía y en la psicopolítica. En fin, un texto que definitivamente hay que celebrar y leer con escalpelo crítico.