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Llegó a la fotografía después de haber estudiado administración de empresas, pero siempre tuvo una sensibilidad por el medio ambiente y militó en este campo en la organización Salva mar, que dedicaba su esfuerzo a proteger ballenas en el norte de Brasil.
En el paisaje de las imágenes, André Cypriano se ha empeñado en documentar tradiciones y culturas de sociedades relegadas, inscritas en la pobreza, en la violencia y en lo marginal. Sus fotografías registran las personas de la cárcel Candido Mendes de Río de Janeiro, se ha adentrado en el barrio huérfano Rocinha, una de las favelas más grandes de Brasil, y también han sido objeto de su lente la gente de Nias, una isla en la parte noroeste de Sumatra, así como los barrios invasores de Caracas.
En sus fotos utiliza la profundidad y el drama que da el blanco y negro, la humanidad invisible con sus quiebres y la vivacidad de las personas que habitan las esquinas de la vida. En este caso, presenta su serie Quilombolas, que habla del quilombo, lugar de escondite y albergue de esclavos negros fugitivos en el medio rural que comenzaron a desarrollar comunidades. El Espectador lo entrevistó desde Nueva York, su segundo hogar.
¿Qué hizo que se volcara hacia la fotografía a una edad “tardía”?
No veo que a mi edad, 45 años, sea una etapa tardía. Puede imaginarse lo que puedo hacer en 20 años a partir de ahora. Estaría en la edad de Sebastião Salgado, el famoso fotógrafo brasilero que tiene 65. Seguramente no habré logrado nada parecido a lo que ha hecho Salgado, quien es algo así como el Michael Jordan de la fotografía. Justamente todo esto es lo emocionante de la fotografía.
¿Qué nos puede contar acerca de la cultura de las ciudades informales, esas que crecen en su propia ley?
Tengo un libro de palabras para hablar de culturas informales y la verdad no sé nada de ellas. Es enorme, inabarcable. Cuanto más veo, más aprendo y entiendo que hay mucho más por ver. Es como si estuviéramos a punto de salir y ver todo lo que hay afuera en la vida… Es imposible. Su propia ley, como usted dice, es diferente en cada favela. Hay mucho por aprender.
Usted ha viajado por sitios poco comunes y remotos. ¿Cuál de éstos le ha dejado la mayor impresión?
Cada lugar tiene algo único. Me siento muy unido a Brasil porque soy brasileño. Me encanta Indonesia, los Estados Unidos, Japón, entre muchos otros. Ahora exploraré Sudáfrica e India. No puedo esperar para viajar a esos lugares. ¿Puede imaginar lo que encontraré allá?
¿Convive con la gente que fotografía?
Sí, muchas veces. Cuando es posible, es lo mejor. Estoy más interesado en la experiencia que en la fotografía misma. Si pudiera escoger entre las imágenes y la experiencia, no habría duda de que me iría por esta última. Así que dormir en la casa de alguien a quien estoy documentando es un honor.
¿Cuál es la esencia de su fotografía?, ¿qué le gusta congelar en las imágenes?
La emoción.
¿Puede la fotografía ayudar en alguna causa social?
Yo creo que es una de las más importantes herramientas para el cambio social. Es como una pistola. Hay gente que muere a raíz de una foto. Sin embargo, más importante que las pistolas, es pensar la fotografía como un arma para contar historias místicas como en los viejos tiempos. La fotografía es un nuevo lenguaje. Sólo tiene 170 años.