Una instalación que aniquila los códigos del lenguaje

Iñaki Chavarri pone en escena objetos vaciados de su significado a través de una apuesta donde los principios básicos del montaje son determinantes.

Otra, otra perspectiva (ONTOLOGICAL EFFECTS OF A SIMPLE TWIST). Iñaki Chavarri. Instalación Libros intervenidos, objetos de taller, ladrillos encontrados y elementos amarillos 200 x 200 x 35 cm 2016.  © Uriel Ladino
Otra, otra perspectiva (ONTOLOGICAL EFFECTS OF A SIMPLE TWIST). Iñaki Chavarri. Instalación Libros intervenidos, objetos de taller, ladrillos encontrados y elementos amarillos 200 x 200 x 35 cm 2016. © Uriel Ladino

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Este es un registro fotográfico de la instalación Otra, otra perspectiva (ontological effects of a simple twist) realizada por el artista español Iñaki Chavarri (Madrid, 1982) como proyecto de cierre de su residencia en Flora Ars+Natura (Bogotá) en 2016. Podemos ver en la imagen una serie de objetos dispuestos meticulosamente por el artista: libros, cosas de color amarillo, ladrillos, elementos de su práctica artística y otros encontrados durante su periodo de residencia. Está en juego en esta obra la afectación que unos objetos tienen en los otros, es decir, el carácter que adquieren en su relación con las otras piezas particulares que se superponen o que tienen al lado. Emergen para el espectador asociaciones imprevistas que se activan por la acción montajística precisa que Chavarri ha ejecutado, donde la cuestión del azar tuvo incidencia y donde el artista ha retado los códigos que dan un significado a cada uno de esos objetos en el mundo.

La frase sugestiva que acompaña el título de la obra “efectos ontológicos de un simple giro”, hace referencia a las alteraciones del “ser” de la cosa, de su esencia cuando ésta es trastocada y puesta literalmente en escena como parte de una instalación artística. Chavarri estructura una coreografía con estos objetos teniendo en cuenta sus nuevas características, les concede una presencia teatral a través de “un arreglo” (como él mismo lo categoriza y que me hace pensar en términos de composición musical) que resignifica cada elemento que aparece en el espacio: los libros “despojados de sus lomos y de sus tapas” ya no son libros, un pocillo girado destituido de su utilidad, un pedazo de madera que es una forma geométrica y nada más que eso; etc.

El acto – aparentemente simple y caprichoso – del artista nos señala la complejidad de la materia, su gesto es un manifiesto filosófico que cuestiona la presencia de los objetos en el entorno. La obra configura una imagen con elementos pictóricos y escultóricos propios de la obra de Chavarri que una vez más aniquila los códigos del sistema-lenguaje. Por lo demás, la foto en ángulo cenital de la instalación que vemos hoy en Imaginarios remite – midiendo las proporciones de la comparación que acá sugiero – al magistral recurso escenográfico de la película Dogville (2003) de Lars von Trier, donde el director se deshace de los objetos en el plató y constituye el espacio apenas con proyecciones de líneas y efectos de sonido; von Trier interpela el lenguaje desde otro lugar; y tal como en la pieza de Chavarri, el cuerpo es afectado por los desajustes de los códigos que ya domina y cree inamovibles.

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