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Que el género es una categoría inamovible, que las mujeres son quienes se divierten con muñecas y que los niños se visten de azul y juegan fútbol, son algunos de los paradigmas que sobre la pasarela del Concurso Mujer T quedaron desvirtuados. El cuerpo y su estética se ajustaron a lo que en el interior de las candidatas aflora, un género transitable en el que hay derecho a ser.
Las medidas perfectas no se extrajeron de un metro, las vendas se postraron en los pies para aliviar las llagas producidas por los tacones, el maquillaje acentuó las sonrisas y el canutillo, la lentejuela y la gamuza adornaron los vestidos. 16 candidatas de diferentes localidades desfilaron una vez más para “visibilizar las agendas de las mujeres transgeneristas y romper con los imaginarios equivocados”, asegura Juan Carlos Florián, subdirector para asuntos LGBTI de la Alcaldía de Bogotá.
No es un reinado de belleza, es el escenario en el que la lucha por la igualdad se reivindica y se premia a las mejores iniciativas sociales, con las que las mujeres trans mejoran la calidad de vida de su comunidad en todos los rincones de la ciudad. Desde proyectos sanitarios para la prevención del VIH, hasta propuestas para la erradicación de la discriminación.
Pamela Mena, candidata por la Zona Centro y ganadora de esta segunda edición, seguirá combatiendo la prostitución infantil a través de programas de educación. Su misión, además, será representar a la población trans en la administración local y trabajar por una sociedad más igualitaria e incluyente. Un sueño por la diversidad y un desafío al sexo biológico y a lo que la sociedad le ha asignado como inmutable.