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Happy go lucky fue traducida al español como La dulce vida, dirigida por Mike Leigh, también director del Secreto de Vera Drake y nominado más de una vez al Oscar como director y guionista.
Teniendo en cuenta sus anteriores películas, resulta extraño que ésta se centre en la felicidad. Quizá nada y todo pase en esta película de risa suelta, un festival de colores brillantes que celebra la vida en sus gestos más cotidianos.
Poppy es una profesora de primaria que tiene 30 años, viste con toda la parafernalia de Camden Market, vive con su mejor amiga, una compañera de trabajo, y anda por sus días como si el andén fuera de un arco iris eterno y como si la vida pasara en el mejor de los mundos posibles. Esta característica de optimismo incorruptible e inquebrantable es interpretada increíblemente por la actriz inglesa Sally Hawkins entre un gorjeo de pequeñas risas tontas, balbuceos de alegría, saltos de niña inocente y carcajadas que se ahogan en la felicidad. Es ese carnaval de alegría algo demente el que resulta a la vez entrañable e irritante, haciendo que el espectador sienta cariño por este personaje y al mismo tiempo ganas de matarlo.
En antagonismo y para tratar de oscurecer todos estos colores reales y emocionales, Poppy conocerá a su instructor de conducción, Scott, un personaje con dificultades para manejar la ira, de temperamento fatalístico. Es al fin de cuentas una historia que le habla a la vida.