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La subasta había empezado. La sala, casi a reventar. Estaban reunidos 305 participantes (paletas) y un gran bullicio inundaba el ambiente. Mientras tanto, la planta baja de la galería La Cometa estaba llena de gente que observaba las obras con la expectativa de saber quién sería su nuevo dueño.
El martillo invitado, con treinta años de experiencia y que ha pasado por grandes casas de subastas como Christie’s, en Nueva York, Alain Jathière, no dejó que ningún detalle se improvisara. Toc, toc, toc, las primeras ofertas se escuchaban. “Uno de los momentos más emocionantes fue la venta del Obregón y del Saúl Sánchez”, asegura Ana Sokoloff, experta en arte latinoamericano y encargada de la selección de las obras del remate. “Hubo un poco de todo, pero en realidad la gran mayoría de los participantes eran coleccionistas y conocedores del mundo del arte”, añade Ángela Escallón, directora de Conexión Colombia.
A pesar de que todos los asistentes tenían un catálogo con los precios de cada una de las obras (que estaban entre 2,5 millones y 140 millones de pesos), las ofertas siempre empezaron por encima del valor comercial, lo que según Escallón tuvo un doble impacto: “Por un lado valoró a los artistas, y por otro aumentó la donación”.
Buenas ofertas
Es sabido, por los asiduos visitantes de subastas, que éstas no suelen ser precisamente lugares de esparcimiento y distensión. Al contrario, suelen ser salas donde tienen lugar tensiones y cruentos desafíos. Pero en esta noche, en la que se daban cita el arte y las buenas intenciones, el humor y las risas marcaron la pauta.
El éxito fue inminente. De las 80 obras ofertadas, sólo quedaron siete sin venderse, lo cual supera el porcentaje de cualquier subasta exitosa en el mundo, cuyo promedio de ventas suele ser del 70%. “Se superó toda expectativa y llegamos a una cifra total en ventas de 1.121 millones de pesos”, explica Sokoloff.
Al analizar el balance positivo de la noche, Ángela Escallón asegura que el éxito fue por tres razones: “La excelencia del martillo, la calidad de las obras, que fueron excelentemente seleccionadas y que además, al estar divida en tres categorías —grandes maestros latinoamericanos, artistas con trayectoria y jóvenes artistas— permitieron copar todos los gustos y preferencias”.
Se vendió de todo. Sorprendentemente en proporciones iguales a los maestros y a los jóvenes. “Se quedaron algunos trabajos de los grandes maestro por ser muy costosos, algunos de artistas jóvenes por ser muy jóvenes”, comenta Escallón. Sin embargo, “fue muy remarcable el espíritu y el deseo de la gente de apoyar los proyectos sociales”.
Las estrellas de la noche, por ser las mejor subastadas, fueron las Flores carnívoras, de Alejandro Obregón, el Bodegón de Palenque, de Ana Mercedes Hoyos, y el Acrílico N° 1 de Fanny Sanín. También San Jorge en paisaje rojo, de David Manzur, y las obras sin título de Luis Caballero y Eduardo Ramírez Villamizar.
“Después de los resultados de anoche se ratifica que hay mucha gente que quiere contribuir con las causas sociales, pero además confirmó que Colombia tiene una sofisticación de mercado suficiente para aguantar una subasta. El mercado de arte local está funcionando muy bien”, concluye Ana Sokoloff.