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Toda obra de arte terminada cuenta dos historias: la que quiere expresar y la de su propia construcción. En la primera, el espectador puede encontrar una estética, una teoría sobre el arte y aun una serie de propósitos políticos o artísticos. En la segunda, la obra, si se la mira con detalle, congrega todos los elementos que la hicieron posible, las costuras, las formas que utilizó. También existe una tercera historia, que utiliza la elipsis: las obras también narran, en sus decisiones estéticas, por qué rechazaron otros modos de expresión. Cuentan, en últimas, lo que no son.
Quizá por esas razones es relevante revisar la obra de un autor más allá de sus productos terminados. Observar los materiales de que se servía y el modo en que los combinaba habla de sus elecciones, de su método como artista y, aún más allá, de su concepción sobre el arte. Por esa razón un equipo con personal de varias disciplinas —desde historiadores del arte hasta científicos— estudiaron desde 2005 la obra del pintor Vincent Van Gogh, representante principal del impresionismo, cuyo trabajo fue en realidad reconocido luego de su muerte, ocurrida en 1890. El resultado de ese estudio está en Van Gogh at Work, una exposición que comenzó el 1° de mayo en Ámsterdam y que se puede ver en parte en la página web del Museo Van Gogh (en estos tres links: http://bit.ly/YWZteA, http://bit.ly/amkUkp y http://bit.ly/GJH236).
Van Gogh fue rechazado por la mayoría del círculo del arte en la época. Pese a su cercana relación con Toulouse Lautrec, Monet y Gauguin, sus pinturas no se vendían como era deseable, de modo que siempre acudió a su hermano, Théo, en busca de ayuda económica. A grandes rasgos, esa fue su vida. Falleció, dice la historia, en medio de fuertes accesos de locura; uno de ellos, como ya es sabido, lo llevó a cortarse una oreja, que luego quiso obsequiar a una prostituta. El repaso de su vida es apenas una de las muestras de la exposición, que también muestra dos versión de Girasoles, quizá una de sus pinturas más conocidas, y La habitación, ese juego de perspectiva que fue definiendo no sólo un estilo, sino una visión del mundo.
Y bien, sus obras están allí y en muchos otros museos. Quien tenga la posibilidad irá a verlas. El valor de la exposición, sin embargo, está en la minucia, en la costura de que se hablaba atrás. Van Gogh at Work también releva parte del método de trabajo del pintor y, por esa misma vía, retrata a su persona. La sección ‘Materiales y herramientas’ posee parte de los diferentes tipos de lienzos que Van Gogh utilizó para sus pinturas: desde yute hasta paños de cocina. Se podría deducir de aquí, de un modo quizá ingenuo, que la pasión de Van Gogh por la pintura fue tan amplia, pero tan apretado su bolsillo, que no interesaba sobre qué pintara: lo importante, al fin y al cabo, era el retrato.
La falta de dinero no sólo no le permitía a Van Gogh servirse de lienzos más o menos resistentes; en algunos casos, le prohibía incluso utilizar paños de cocina. De este modo, el pintor retomaba algún lienzo que ya había usado y pintaba sobre él. Así sucede, como cuenta Jonathan Jones en The Guardian, con el retrato de una flor en cuya superficie, luego de varios estudios, fue descubierto un retrato de peleadores. Cuando no lo hacía sobre el lienzo que ya había sido pintado, entonces dibujaba detrás de él: dos estudios de Los comedores de patatas —una de sus obras tempranas, de bastante oscuridad, donde poco se veía del futuro Van Gogh salvo por alteraciones en la simetría— tienen bocetos en sus reversos.
A primera vista parecen meras curiosidades; sin embargo, estos detalles hablan del artistas, de sus manías incluso. Adicional a estos descubrimientos, una serie de análisis microscópicos sobre las pinturas (ver http://bit.ly/11ZjW98) muestra que algunas de sus pinturas tenían quiebres. ¿Por qué? Van Gogh, al parecer, tenía poca paciencia para esperar que la pintura secara. Con rayos infrarrojos, los investigadores descubrieron los bocetos diseñados debajo de la pintura antes de poner el pincel sobre el lienzo: en vista de París desde el apartamento de Théo en la calle Lepic, Van Gogh hizo primero un boceto en lápiz o carboncillo para apoyarse en una mejor perspectiva. Los estudios permitieron también conocer si Van Gogh pintaba con frecuencia en el exterior o prefería la intimidad de su estudio, o también cuántos pigmentos y tonos utilizaba en una sola pintura: la comprobación de que hacía constantes combinaciones de color refuerza aún más su paternidad sobre un movimiento en el que, en efecto, el color jugó un papel esencial.
Estudios con rayos X permitieron ver cuántas veces, en una sola pintura, Van Gogh tuvo que cambiar de materiales. El análisis bajo luz normal también deja ver el modo en que el pintor movía sus herramientas, la inclinación con que sostenía el pincel; también de aquí fue posible saber cuánto color han perdido las pinturas, cuyos tonos fueron antes, de seguro, más expresivos que ahora. Son historias sobre la creación. Las reminiscencias de un pintor revivido por generaciones posteriores.