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Si hay algo que caracteriza el trabajo de Javier Vanegas es su experimentación con procesos técnicos que surgieron cuando la fotografía estaba en su etapa naciente. El juego seductor entre lo material y lo inmaterial de la imagen aparece en sus proyectos de manera insistente. Juego que se posibilita por sus maniobras con los químicos y las superficies en las que imprime sus fotos. Vanegas propone un lenguaje que reanima la historia de la imagen y de los aparatos visuales.
Autorretrato sobre placa de vidrio nos presenta una imagen fijada a través del proceso de la ambrotipia, técnica que hace posible la producción de una imagen en positivo en una placa de cristal por el efecto del colodión húmedo. El colodión es una especie de barniz que se unta sobre la placa antes de tomar la fotografía y que en el proceso de revelado – al entrar en contacto con nitrato de plata – facilita la impresión de la imagen. Esta producción se realiza con una cámara antigüa de placa y el revelado se hace de inmediato, después de del registro. No es aleatorio que la imagen sea un autorretrato, pues el cuerpo es para Vanegas una herramienta central en sus búsquedas estéticas. Éste ha aparecido fragmentado, insinuado, violentado, etc., en varios de sus proyectos. En la actualidad desarrolla iniciativas paralelas como artista, docente y curador; espacios creativos donde pone en crisis a la imagen como producto cultural. Vanegas revitaliza un pensamiento sobre lo matérico que me parece pertinente y resonante en medio de un contexto en el que el carácter de lo digital y efímero prevalece.