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¿Cómo hacer para que, por repetición e insistencia, los temas no agoten a los que pretenden seducir? ¿Cómo hacer para que, por ejemplo, cuando alguien hable sobre conflicto armado el gesto no sea de cansancio sino de atención? ¿Cómo lograr convencer a la sociedad (el sector, al parecer, ya está más que convencido) de que la cultura no es un accesorio sino un derecho fundamental? Todo indica que estamos lejos de esa respuesta, pero no hemos parado de buscarla, así que por eso, afortunadamente, los grupos en los que se pretenden exponer más interrogantes para tal vez hallar alguna luz sobre el futuro del arte en Colombia, no han cesado.
El III Foro de Juntanza Cultural, que se realiza desde Boyacá, es un ejemplo de estos intentos por mantener viva la duda, la inquietud. Suena a frase de cajón, a canción rayada, a ruidoso lugar común, pero, de nuevo: la crisis de la cultura no es nueva. No se desató por la propagación del nuevo coronavirus, ni es un nuevo fenómeno que tiene acorralado al sector. Las artes siempre han tenido que resistir a la indiferencia y la subestimación. Es por esto que este grupo, que ya cumple el tercer año de reunión, invitó a varios integrantes del sector en Latinoamérica para que expusieran su lectura de lo que vive la cultura actualmente. Lo que sí es cierto es que por cuenta de la pausa económica que todos los países están atravesando gracias a la cuarentena y el cierre de las fronteras, las artes, sus recintos y, más grave aún, sus protectores (artistas, gestores, consumidores) ahora resisten en peores condiciones.
El encuentro se llevó a cabo el pasado martes 9 de junio a través de un Facebook live por la cuenta del foro. Se inició con la exposición del caso de Joel Villamizar, un líder indígena de la comunidad U’wa, que fue asesinado el pasado 1 de junio en medio de un tiroteo entre el Ejército nacional y el ELN, aunque las comunidades indígenas responsabilizan al Ejército de esta muerte. Beatriz Camargo Estrada, dramaturga, artista plástica e integrante del Teatro La Candelaria, centró su intervención sobre este hecho. Camargo pidió perdón en nombre de la Juantanza por el crimen, ya que, según ella, ni el Gobierno nacional ni el boyacense se pronunciaron sobre la muerte de Villamizar.
“La colonización no ha terminado. Aquí nunca ha habido independencia”, dijo, criticando el que para ella es el problema y la razón por la que la muerte de este líder indígena pasó desapercibida. Para esta artista que también es cofundadora del teatro Itinerante del Sol, el eurocentrismo no ha permitido que los colombianos seamos capaces de dignificar nuestros pueblos aborígenes. Por último, criticó las fiestas del Bicentenario, celebradas el pasado 2019, y calificó el silencio de la secretaria de Cultura de Boyacá, Gloria Patricia Palacios Villalobos, por el asesinato del líder indígena como una “vergüenza”. “Esa señora a mí no me representa”, concluyó.
Después de Camargo, Eduardo Cruz Vásquez, periodista y editor mexicano, habló sobre el desplome del sector cultural en México. Cruz, que fue agregado cultural de México en Colombia, le contó a los 70 asistentes que para ese momento estaban conectados con la transmisión que, desde que Manuel López Obrador se posesionó como presidente, los ajustes económicos que se le han hecho a la cultura han sido negativos. Al igual que en Colombia, la crisis de las artes ya era conocida por los mexicanos, pero a raíz de la pandemia, el drama se agravó: “El sector se vino abajo. Cayó más que la industria manufacturera y el mercado de los automóviles. La caída fue de, aproximadamente, 14 puntos, y el Gobierno quitó todos los apoyos”, dijo, agregando que los recursos que había, se destinaron hacia las clases más empobrecidas del país. La frase del periodista mexicano fue directa: “Nos recuperaremos en 2022, antes no creo. Aquí el presidente ya lo dejó claro: ‘Los empresarios tendrán que arreglárselas. Yo tengo que ver por los pobres’, así que si la pandemia lo permite, algunos lugares se irán abriendo en septiembre, pero la recuperación será lenta y las consecuencias de lo que ocurre ahora serán dramáticas”.
Por su parte, el argentino Federico Escribal, gestor cultural especializado en políticas culturales y derechos humanos, intervino con algo de luz para los presentes. Según él, en Argentina el Gobierno sí ha respondido con celeridad a las necesidades del sector cultural, pero con auxilios insuficientes dadas las necesidades que “exceden” las capacidades de la administración. Escribal, a pesar de que reconoció que el panorama estaba lleno de incertidumbre, también dijo que había que reconocer los avances que, por ejemplo, Suramérica venía haciendo en materia de reconocimiento de identidad, refiriéndose a la intervención que hizo Beatriz Camargo al comienzo del encuentro. También dijo que desde la catedra de gestión cultural que lleva a cabo en la Universidad de La Plata, había varias propuestas y reflexiones que podrían ser útiles para la discusión.
Dijo, entre muchas otras cosas, que para lograr mayor apoyo al interior y exterior del sector había que interpelar las políticas sociales de la región con una perspectiva de derechos culturales. También habló de la transversalidad de la diversidad cultural y del derecho a la identidad. “No somos minorías y debemos reconocer todo lo que hemos avanzado en la deconstrucción del imperialismo y la colonialidad”. Escribal agregó que “teníamos que dejar de percibir al Estado como una máquina expendedora de contenidos culturales”, lo que suponía un cambio en la lógica de los subsidios, pero exigiéndole a los gobiernos reglas de juego justas para el sector.
Por último, Escribal propuso el fortalecimiento de las redes regionales, ya que eran “necesarios” más consensos populares en las decisiones que se tomaban en el sector para que, además de tener una política de resistencia, se llegara, de una vez por todas, a una de seducción en la que todos los ciudadanos entendieran que la lucha del sector no era, solamente, un problema exclusivo de artistas, sino de todo aquel que aspirara a vivir mejor.
Otro de los invitados fue Juan Guillermo Mancilla Sepúlveda, profesor chileno que, además de reconocer y manifestarse sobre los asesinatos a líderes y lideresas indígenas, no solamente de Colombia sino de toda la región, se detuvo, por varios minutos, a reflexionar sobre la que, para él, es la “indigencia de pensamiento” que ahora nos gobierna. “Hemos perdido el sentido del valor del fundamento. Nuestro pensamiento es indigente porque carecemos de categorías conceptuales. No hay bases cognitivas. La falta de fundamento demuestra la pobreza del pensamiento, ya que ni siquiera la reconocemos como una falta, como una carencia, como un vacío”.
La juntanza, que también tuvo invitados colombianos como Clemencia Acevedo Azula y la abogada Liliana Barrera, fue un espacio en el que, después de las intervenciones de los actores locales e internacionales, se demostró que los vacíos culturales y el afán por dejar de sobrevivir para comenzar a recibir, dignamente, un trato en el que se reconozca el valor fundamental de los artistas para la sociedad, no es exclusivo de Colombia.
Después de estos encuentros no suelen quedar muchas conclusiones, no deberían: quedan más preguntas, propuestas, ideas sueltas, compromisos, información y relaciones que tejen nuevas redes de apoyo. Después de esta juntanza, en la que se repitió más de una vez que la lucha tendría que encaminarse hacia la seducción de toda la sociedad, hacia la capacidad de convencerlos de que la cultura es un derecho fundamental, necesario, casi que vital, el camino queda con un poco más de luces para que, a pesar de la oscuridad que nubla estos tiempos, la resistencia no cese.