¿Y si viene la guerra?

La guerra ya no lleva letra capital. No hay una sola, no tiene un nombre, no está en un solo lugar, los bandos no están definidos. Eso la convierte en un escenario cercano, latente: “Todo puede ocurrir, hasta la guerra”.

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Vemos noticias y nos conectamos con la incertidumbre, la gente empezó a tener miedo y se nota. Hasta los niños lo notan. Ellos, aún con un juguete en la mano, preguntarán si la abuela se va a morir, si los rinocerontes se van a extinguir, si el Polo Norte se va a derretir, si la guerra va a venir. ¿Cuál guerra? Cualquier guerra, un escenario sin paz. 

Por eso me parece tan valioso el trabajo de la escritora cubana Liset Lantigua con su novela, que también es para público infantil, Y si viene la guerra (Lua Books editores). La niña que protagoniza esta historia escucha a los adultos hablar del futuro, un futuro que suena terrible. Ella no entiende bien. Ella prefiere coleccionar caracolas en la playa y jugar a la mentira más grande del mundo con su primo Javier, quien dice: “La guerra podría venir en la cola de un cometa, con cientos de guerreros plateados, conquistadores de planetas”.

Pero poco a poco empieza a entender de qué se trata eso que todos temen y la asustará de una manera casi inocente, pero no menos importante: “Tengo miedo a soñar con la guerra, porque lo que se mete en los sueños se queda en uno para siempre, y esa guerra puede que no llegue”. Sí, puede que no llegue, dice ella. Parece que solo los niños ven lo luminoso aun en la habitación más oscura.

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Y si viene la guerra está en la Lista de Honor IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil) 2009 y en la edición de Lua Books tiene un recurso visual que complementa de manera poética el movimiento de la historia: la animación de las ilustraciones de Nashely Lascano con el efecto Colin Ord, escanimación o animación por ilusión óptica. Cada ilustración tiene dibujos fragmentados en varias imágenes de secuencia que parecen cobrar movimiento, tipo loop, al pasarles por encima una tarjeta de acetato con líneas verticales. Lo visual como respiro que aligera el miedo de eso que parece estar por venir.

Esa guerra de la que tanto se habla no se entiende muy bien. Por eso es que nos asusta tanto, porque puede ser cualquier cosa. Habrá que imaginársela: “Y si viene la guerra nuestra casa se va a venir abajo. / No veremos caerse los espejos. / Será un solo de flauta contra el mundo su silencio de pronto. / Iremos por los bordes / (el mundo será un borde)”. Hay una amenaza clara: las cosas no serán como antes, “el mundo será un borde” o un lugar lleno de fronteras, y algunos tendrán que irse. Y, quizás, esta niña decida no temer mientras el futuro no sea, mientras piensa cada día en la paz: “Esa palabra como un punto: ‘paz’. Debería llegar como un punto final y dejar la guerra allá en el párrafo viejo, en otra página”.

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