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La cinta de Aguablanca

Jóvenes pacificadores del sector de Aguablanca, en Cali, proyectan películas en las esquinas de los barrios para ofrecerles otro tipo de diversión a niños, adolescentes y adultos de la comunidad. Además, se preparan para grabar un documental sobre La Resbalosa, una discoteca del barrio.

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"Es preferible que los pelaos de las pandillas estén dos horas frente a una pantalla viendo películas, que mirando a ver a quién roban". Lo dice Edilberto Jurado mientras camina por las calles estrechas de Aguablanca, saludando con la mano a cada uno de los jóvenes que se encuentran en los andenes jugando cartas, fumando o escuchando rap a todo volumen. Edilberto estudia ingeniería civil en la Universidad del Valle y es el líder del proyecto Cine pa’l Barrio, que funciona en el distrito de Aguablanca, en Cali.

Junto a otros cinco compañeros del sector, Beto montó hace cuatro años su propio "cine itinerante", como él mismo lo llama, y recorre diferentes calles del distrito para proyectar filmes, documentales y cortometrajes que tienen relación con su barrio. Aguablanca es un sector ubicado al oriente de Cali, habitado por 680 mil personas distribuidas en 40 barrios. La mayoría son afrocolombianos provenientes de la costa Pacífica o indígenas y campesinos de los departamentos de Cauca y Nariño. Este sector presenta uno de los más altos índices de violencia de la capital vallecaucana.

"Al principio presentábamos las películas en la biblioteca, pero los pelaos de las pandillas no iban, entonces decidimos ir a las esquinas, que son los lugares donde se mantienen. Allí pueden mirar en cuatro direcciones, bailar, hablar y especialmente ver si viene la policía a llevárselos. Si los ‘tombos’ los descubren viendo películas no se los llevan, porque están en un espacio formativo", afirma Edilberto.

Cautivar público para este espacio no fue tarea fácil. La población del distrito de Aguablanca no tiene acceso a salas de cine por dos razones fundamentales: primero, el precio de una función no baja de $6.000 y, segundo, las salas de cine no están cerca. Así que la comunidad no está acostumbrada a este tipo de entretenimiento. Las primeras películas que presentó Edilberto fueron Matrix en todas sus versiones y Terminator. Una vez cautivada la audiencia, empezaron a proyectar documentales y ficciones que muestran al barrio, o que tienen relación con el Pacífico colombiano, entre ellos Corte americano, El pescador de estrellas y La ruta del chontaduro, que son producciones vallecaucanas.

Las funciones empiezan con videos de rap porque es el género musical que más les gusta a los jóvenes. Para montar el show sólo se necesitan una sábana blanca, un proyector, un buen vecino que les deje usar su energía doméstica y un joven de las pandillas que se encargue del sonido. Así se sienten involucrados con la actividad.

En promedio asisten 100 personas, que llegan al lugar de la proyección con sus propias sillas o con ladrillos y piedras para sentarse. Al final tratan de organizar un foro en torno a la película, pero generar esta discusión resulta difícil, porque la comunidad tampoco está acostumbrada a esto.

Muchos sitios del distrito no han sido visitados por Edilberto y sus compañeros porque no alcanza a llegar la energía suficiente para montar la proyección, sobre todo en las invasiones donde la gente constantemente le pide a Beto que algún día lleve su "sábana blanca (que hace las veces de pantalla) y su película".

La Resbalosa

"Está bien, yo hago lo de la producción de campo, pero explíqueme bien cómo es eso porque si no, no le jalo", le dice uno de los jóvenes de Aguablanca a Edilberto, mientras otro le canta el rap que compuso para "la película", como ellos le dicen al documental que van a grabar con Beto.

Edilberto y sus seguidores están recibiendo formación cinematográfica por cuenta del Ministerio de Cultura y el proyecto PAN (Plan Audiovisual Nacional). Ésta les servirá posteriormente para presentarse a la convocatoria que abrió el Ministerio en el mes de marzo, para recibir financiación y tener recursos para grabar su ópera prima.

Se trata de mostrar uno de los sitios más representativos de Aguablanca, ubicado en la comuna nariñense: la discoteca La Resbalosa. "Aquí lo que se baila es el reggae y el perreo", afirma El Chiqui, un melómano que hace las veces de dj, barman, mesero y dueño del bar.

La Resbalosa es un salón donde caben sólo 40 personas, sin embargo, afuera hay una calle estrecha donde más de 60 personas esperan su turno para entrar a disfrutar de la pista de baile. Aunque la Colonia Nariñense es un lugar de alto riesgo, en La Resbalosa no pasa nada, se puede decir que es la zona de distensión donde los jóvenes se olvidan de sus conflictos y se dedican a bailar. Las únicas peleas que se presentan son entre parejas. "A las 3 de la mañana los pelaos ya se quieren ir a acostar con sus mujeres, pero ellas no acceden porque la están pasando sabroso, entonces se ven algunos enfrentamientos, pero no pasan a mayores", cuenta Edilberto.

Los muchachos del sector se encargarán de hacer la producción, la música y otras labores del rodaje. El objetivo principal del documental es mostrarlo a toda la comunidad para que todos se vean reflejados en él y sientan que su cotidianidad y sus costumbres son representaciones culturales del país.

Fiebre de documental

"Con los documentales queremos fortalecer la cultura regional", afirma María Cristina Díaz, coordinadora del Plan Audiovisual Nacional.

Es por eso que en los últimos dos años el Ministerio de Cultura gestionó recursos económicos para apoyar documentales por un total de $620.772.445, que incluyen: becas de realización, apoyo del fondo de desarrollo cinematográfico, participación de los documentales colombianos en festivales internacionales, estímulos tributarios para inversionistas contemplados en la Ley de Cine, aporte del Ministerio a DOCTV (programa de países iberoamericanos que promueve la emisión de documentales en canales de televisión públicos de Iberoamérica) y apoyo a la muestra internacional documental que se realiza anualmente en Bogotá.

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A pesar de este esfuerzo, los canales de televisión privados no contemplan en su parrilla de programación los documentales nacionales. Éstos sólo tienen visibilidad en canales regionales o en Señal Colombia. Al respecto, María Cristina Díaz señala que "el Estado debería regular una cuota de pantalla para este tipo de formatos y así generar espacios de reflexión en torno al país, pues los documentales son una radiografía de Colombia".

 

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