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El martes de esta semana, la versión web del periódico inglés The Guardian comenzó a estar bloqueada en China, particularmente en Pekín.
El bloqueo fue reportado en primer lugar por el portal GreatFire.org, perteneciente a una ONG que desde febrero de 2011 se dedica a monitorear qué sitios o herramientas en línea son bloqueados en China. De acuerdo con esta organización, el portal del diario inglés lo ha estado en un 80% los últimos tres días (6, 7 y 8 de enero).
Algunos usuarios, sin embargo, han logrado ingresar al sitio web del medio de comunicación, pero la mayoría de las conexiones entrantes a la página fueron negadas.
The Guardian reportó que no tiene confirmación oficial acerca de las razones de estas acciones. Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino aseguró en una rueda de prensa que no tenía conocimiento de los hechos: “No entiendo la situación, pero se pueden hacer averiguaciones con el departamento relevante”, le dijo el funcionario al periódico británico.
El diario no ha publicado recientemente información que pueda resultar problemática para el gobierno chino. De haberlo hecho, el bloqueo parecería entendible, aunque no por eso justificable, pues la censura de algunos medios de comunicación occidentales parece hoy en día una práctica común en ese país.
Esto a juzgar por el bloqueo que persiste en contra de las versiones web de The New York Times y Bloomberg, a las que desde 2012 no es posible acceder desde computadores en China.
En su momento, la medida tomada por el gobierno del país asiático llegó como represalia luego de que ambos medios de comunicación publicaran una serie de reportes que arrojaban luz sobre las fortunas que familiares de varios miembros del liderazgo chino habían amasado mientras éstos ejercieron sus cargos públicos.
A finales del año pasado comenzaron a emerger reportes acerca de las sorpresivas dificultades en el proceso de renovación de visas para los periodistas de estos dos medios, que en total tienen casi 30 comunicadores trabajando en ese país. Aunque oficialmente los funcionarios chinos han repetido que el trámite se está realizando de acuerdo con la ley, varios reporteros han admitido en artículos de prensa que, en privado, los oficiales chinos les han dicho algo sustancialmente diferente: las visas dependen de un cubrimiento diferente acerca de temas sensibles, en especial todo aquello que tenga que ver con los líderes del país o sus familias.
Las dificultades en la renovación de los permisos (sin los cuales los reporteros deben salir del país) no sólo buscarían mermar la cobertura noticiosa en China, sino, evidentemente, dañar el modelo económico de empresas que ansían llegar a la vasta audiencia potencial del país. The New York Times, por ejemplo, tiene una versión digital en mandarín.
Las tensiones al respecto llegaron a los más altos niveles a principios del mes pasado, cuando Joseph Biden, vicepresidente de Estados Unidos, se refirió públicamente al tema y en varias reuniones con oficiales del gobierno chino advirtió que la no renovación de las visas tendría consecuencias, aunque no aclaró cuáles podrían ser.
Diario francés, en negociaciones
El portal francés ‘Les Echos’ afirmó que los principales accionistas del diario ‘Le Monde’ (Xavier Niel, Pierre Bergé y Matthieu Pigasse) están en negociaciones con el fundador de ‘Le Nouvel Observateur’, Claude Perdriel, para comprar el 70% de este semanario. Perdriel había abierto la posibilidad desde diciembre del año pasado. La transacción, que estaría avanzada, de acuerdo con el portal de noticias, costará cerca de 40 millones de euros. La compra incluye también el sitio radial en internet Rue 89, que el semanario había adquirido hace dos años. Perdriel ha inyectado en los últimos años cerca de 17 millones de euros a ‘Le Nouvel Observateur’, fundado en 1964 y del que conservará una participación del 30%.