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Consultaba, a mitad de semana, mis habituales fuentes de información sobre el vino cuando encontré una llamativa historia en el blog Fermentation, escrito por Tom Wark.
El autor daba cuenta de un curioso y nuevo punto de encuentro digital llamado www.wineloversmeet.com., lo cual no sólo me produjo asombro, sino que me invitó a pensar en el vino como el elíxir del amor y de la vida.
La idea del portal me pareció interesante porque promueve la formación de parejas (heterosexuales u homosexuales) en torno al vino. Y eso, de por sí, ya es loable, frente a todos aquellos que se juntan por amor a las armas.
Si bien es cierto que algunas imágenes de los solicitantes lucen fuera de lugar, la intención de los creadores intenta ir más allá de la angustia de la carne. En realidad, wine lovers cubre un espectro más amplio y se refiere, literalmente, a los “amantes del vino” y no solamente a los “amantes con el vino”. Las categorías de vínculos van desde la búsqueda de compañía para disfrutar una copa, hasta nexos de amistad, posibilidades de matrimonio, relaciones sentimentales, romances, compañía para viajes e intercambio de mensajes escritos. “Ante lo difícil de encontrar hoy solteros afines, lo que hemos hecho es cerrar el círculo alrededor de un elemento como el vino”, dicen sus promotores.
La elección del vino como eje de aproximación se justifica porque la bebida, desde su aparición, hace 8.000 años, se ha utilizado para acercar al hombre. Es alegre y amistosa y se disfruta mejor en compañía. Pero en una sociedad personalista y solitaria como la actual, la eventualidad de no tener con quién compartir es cada vez más mayor. Por esta razón, el portal www.wineloversmeet.com es una salida, en principio, ocurrente y atractiva.
A pesar de haberse popularizado de una manera insospechada, y de haber perdido el misterio para muchos que no lo habían tomado, el vino conserva, no obstante, una mística de embrujo. Una copa de vino sigue siendo, todavía, una experiencia excepcional. Es un elíxir caluroso y provocativo, que propicia cercanía, espiritualidad y delicada sensualidad. No en vano los
griegos y romanos eligieron un dios para protegerlo. Y hasta Jesucristo lo ritualizó para simbolizar su entrega de amor para salvar al resto de la humanidad.
Y qué decir de su capacidad de hacer vagar la imaginación. El poeta inglés John Keats dijo que un vaso de vino es un recuerdo de los calores del sur, refiriéndose a Burdeos, Portugal o España”. En realidad, Keats fue un adelantado en el arte de la cata, pues el mayor reto para los expertos es poder decir, con sólo oler la copa, si se trata de un intenso y “soleado” Cabernet Sauvignon de Chile, Argentina o Australia; un delicado y floral Riesling de Alemania; un frutado y ácido Sangiovese de la Toscana, o un sensual e invitante Pinot Noir de Oregon. Cada inhalación y cada sorbo tienen la virtud de transportar al bebedor a latitudes que van más allá de la copa que está en sus manos.
Bebida de amantes estables o de amantes fortuitos, el vino encierra en su interior un enigma aún mayor: su carácter único e irrepetible; carácter que, incluso, puede variar según la temperatura de servicio. En cierta forma, es como aquel amante indescifrable que cambia frecuentemente de estado de ánimo y que nos mantiene alertas hasta encontrar el momento de atraparlo.
Como organismo viviente, lo podemos encontrar desde su fase juvenil, vivaz y expresiva, hasta su evolución plena, cuando devela carácter y personalidad, envuelto en una aureola de sedosidad y elegancia. Igual que el beso que todos llevamos impreso en algún lugar de la memoria, el gozo de una copa nunca se recrea.
Pero más enigmático aún es que los paladares no son iguales. Lo que yo percibí en mi interior no se replica exactamente en los demás, así el líquido provenga de la misma botella.
Por algo decía el gran poeta irlandés, William Butler Yeats, que “el vino entra en la boca / Y el amor entra en los ojos; / Esto es todo lo que en verdad conocemos / Antes de envejecer y morir. / Así llevo el vaso a mi boca, /
Y te miro, y suspiro”.
Muchos defectos podrá tener el portal www.wineloversmeet.com. Pero que la gente quiere unirse por el amor al vino es de aplaudir. Necesitamos enlaces y cercanías en momentos de colapsos y rupturas.