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¿Cuál es el objetivo de la Cena Concierto de ‘El Malpensante’?
Es una idea de recurrir a nuestros amigos y lectores para hacer una recaudación de fondos destinada a relanzar y a fortalecer El Malpensante con una serie de planes que tenemos el año entrante. Esas cosas hay que preproducirlas y tienen una serie de costos. Nosotros tenemos una situación apretada.
¿En qué consisten dichos planes?
Tenemos que conformarnos como un medio de nueva generación que mantiene su edición en papel, porque eso le da una identidad, pero al mismo tiempo la penetración en redes sociales dice que tenemos una opción interesante para atraer a esos lectores que se han vuelto más difíciles de atrapar, hay que mezclar las cosas.
¿A qué se debe esa difícil situación económica?
Todos los medios de comunicación, prácticamente, tienen hoy en día una situación poco favorable, y más los medios dedicados a las artes en general. Tanto así que El Malpensante es la única revista que queda en Colombia que se dedica a la creación primaria.
Entonces, ¿cuál ha sido la clave para sobrevivir estos 18 años?
En este caso, que mi familia y yo hemos aportado unos recursos, pero la idea es encontrar fuentes más estables de recursos que no dependan de la buena o mala fortuna de una familia. Además, este es un medio que tiene una penetración muy grande, tanto para veteranos como para jóvenes.
Y a nivel de contenido, ¿cómo se mantienen vigentes?
Cuando uno tiene un medio que depende mucho de la actualidad, obviamente su contenido envejece muy rápido. En cambio, las cosas que tienen que ver con las artes y el periodismo narrativo mantienen su vigencia porque están concebidas como tales, hay una mediana magia cuando logras trascender la coyuntura.
¿Cómo nace ‘El Malpensante’?
Con unas ideas un poquito cursis: que no me gustan los medios que hay, que no me ponen atención, que son de mal contenido, que no son audaces, que no tiene la mezcla de temas. Nació como una revista literaria, entendiendo esta como una forma de ver las cosas y escribirlas y no como el tema literario per se.
¿Cuál es el perfil de un ‘malpensante’?
Es una forma crítica de pensar, la palabra se la inventó un escritor italiano que se llamaba Gesualdo Bufalino como lo contrario de bien pensante, que es el que siempre les ve el lado rosado a las cosas, que cree que todo está organizado, que no hay que hacer muchos cambios y que las críticas no son bienvenidas.
¿Bajo qué género se siente más cómodo?
He procurado toda la vida ser polifacético y escribir lo que en el momento me llega. Soy escritor de ficción.
¿Qué tan malpensante es usted?
No sé si lo era más antes que ahora, pero me sigue gustando llevar la contraria, ver puntos de vista no convencionales, me da más satisfacción que ser una persona conformista.
A pesar de la tendencia de los textos cortos en los medios, usted insiste en los de largo aliento…
El problema con los textos largos en muchos medios es, por un lado, prejuicio de algunos lectores, y por el otro, que faltan editores. Para que un texto largo valga la pena leerlo y sea muy atractivo, tiene que estar armado con una forma muy definida.
¿Sobre qué temas no le gusta escribir?
Me siento ajeno a la crisis de la justicia y a los temas de salud, tengo conocimientos superficiales.
¿Por qué dejó la dirección de ‘El Malpensante’?
Me quitaba un tiempo brutal, eso es un servicio militar espantoso. Una revista tiene que dar a conocer nuevos nombres y para conseguir algo bueno, se tiene que leer 30 cosas malas, que dan malestar, por una buena.
El último libro que leyó.
Not for profit, de Martha Nussbaum. Es sobre la educación contemporánea, me gustó mucho.
¿Qué le apasiona en el arte?
La pintura, siempre fui muy fanático de Toño Roda.
El mayor lujo que se haya dado.
Ser escritor, eso no da plata. Antes, cuesta.