Actor en una televisión sin fronteras

Albi de Abreu llegó a la actuación como un paso para cumplir el sueño de ser director. Piensa que las series y novelas atraviesan una época dorada en la que prima el talento y no la belleza o la nacionalidad de los actores.

08 de febrero de 2017 – 11:33 p. m.

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Es venezolano. ¿Cómo se sintió contando una historia tan cercana y reciente como la de Hugo Chávez?

Para mí, la novela fue una forma de hacer catarsis. La veo como una manera muy justa de mostrarle a la gente qué pasó en Venezuela con un proyecto político que prometía mucho pero que al final fue un completo desastre.

¿Cree que la sociedad venezolana se ve representada en la novela?

Tratamos de contar la historia de una forma imparcial. Nos esforzamos mucho por hacer una novela inspirada en eventos claves en la vida de Chávez y contada por personajes que representan a periodistas, empresarios, políticos y cada gremio de la sociedad venezolana. A través de ellos se puede ver cómo se fue afectando la vida cotidiana de la gente en mi país y el continente.

Su personaje es un banquero corrupto. ¿Cómo lo preparó?

Lo que queríamos presentar con Cristóbal Iturbe era a un personaje con mucho poder, que es a la vez muy inmaduro. Para no dejarlo como un villano y punto quisimos ponerle un poco la idiosincrasia venezolana. Es un tipo dicharachero y encantador que la gente pude terminar queriendo, aunque sabes que se está llevando al país a un despeñadero.

El personaje también es un drogadicto. ¿Qué retos implicó eso?

La idiosincrasia venezolana era algo con lo que obviamente estaba familiarizado, pero para la adicción a las drogas tuve que ver muchos documentales. Para mi papel necesitaba llegar a entender por qué la gente se vuelve adicta, algo que muchas veces pasa porque desde antes existe algún problema neurológico.

¿Cómo fue la temporada que vivió en Colombia?

Desde el primer día fue maravillosa. Juan Pablo Raba es muy amigo mío. Cuando llegué me quedé en su casa y me empezó a presentar gente. La buena onda de los colombianos me ayudó a conseguir un mánager. Comencé con un papel en Tiempo final y después de una oportunidad vino la otra.

¿Por qué se interesó en el cine y la actuación?

Vivía al lado de un autocine, y cuando mis amigos se iban temprano a la casa, me brincaba un muro y me ponía a ver las películas. Iba una o dos veces en semana y empecé a desarrollar un gran amor hacia lo audiovisual.

Su intención inicial era dirigir. ¿Qué lo hizo actuar?

Cuando tenía 15 años nadie me iba a dejar dirigir y tampoco me sentía capaz de hacerlo. Sentí que una forma de entrar y empezar a aprender era hacer televisión. Terminé bailando en un programa infantil y allí empecé a entender cómo funcionaban las cosas detrás de cámaras. También conocí gente que me ayudó a empezar a hacer telenovelas mientras, en paralelo, aprendía dirección.

¿Disfruta más estar detrás o delante de las cámaras?

Son dos procesos totalmente diferentes, pero muy enriquecedores. Como actor dependes mucho de los sentimientos y la forma en que puedas manejarlos para representar lo que la escena requiera. En la parte de dirección se requiere mucho más creatividad. Es como tener un lienzo en blanco que se va llenando con las pinceladas de muchas personas.

¿Cuáles son sus proyectos como director?

Hay un largometraje que ya tengo escrito y está en proceso de correcciones, y también estoy desarrollando una serie cuyo piloto está listo y todo lo necesario para presentarlo. Es una serie de ciencia ficción sobre cómo el mundo de la digitalización, más que liberarnos, nos va a llevar a la esclavitud.

¿Qué viene este año en la actuación?

Una película que protagonicé en Venezuela que se llama La noche de las dos lunas y que fue dirigida por Miguel Ferrari, que ganó un Goya hace un par de años por mejor película extranjera. Ahora se estrenó El comandante y en este momento estoy grabando en México un proyecto que se llama La querida del centauro.

Ha trabajado en varios países latinoamericanos. ¿Cómo ha evolucionado nuestra televisión?

En Latinoamérica se están borrando las fronteras. Todas las historias son universales y eso nos está abriendo muchas puertas sin tener que dejar a un lado nuestros acentos. Actores de todos los países estamos empezando a trabajar juntos y estamos empezando a disfrutar de las diferencias que tenemos.

¿Es un cambio positivo?

Las series cortas requieren de mucho talento y menos belleza, por eso estamos viendo muchos más actores increíbles. Otra cosa muy buena es que ahora existen un montón de productoras que le venden sus productos a cualquier país en Latinoamérica, y eso hace que exista mucho trabajo para la gente que está delante y detrás de cámaras.

¿Qué le aconseja alguien que quiere se actor?

Debe prepararse muy bien y estudiar mucho, al menos cuatro años. También debe perder el miedo. Lo peor que le puede pasar es que le digan que no, y es un proceso que hay que vivir y es muy satisfactorio. Entre más dura es la subida, más se disfruta la bajada.

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