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¿Cuál será su aporte a ‘Q’hubo’?
Hacer un periódico de servicio a la comunidad y de respeto por la gente. Que pueda entrar a las casas y desmitificar la idea de que el periodismo popular sólo son senos al aire y sangre. Es mucho más, es un periódico que cuenta historias de vida y de héroes anónimos.
¿Con su llegada como editor jefe a ‘Q’hubo’ Bogotá, cambiarán muchas cosas?
No. Seguirá siendo el mismo periódico bien escrito y de mucho respeto como lo es desde el 1 de octubre de 2008, día en el que salió la primera edición.
¿Qué piensa de la crónica roja?
Con ella nació el periodismo. Es un género apasionante siempre y cuando no se pierda el enfoque de que antes que hechos, son historias de gente que está pasando por momentos muy duros.
Su maestro en el periodismo.
Víctor Diusabá.
Una chiva.
Muchas en el tema judicial y de historias cotidianas de Bogotá. Lo que pasa es que a los grandes medios les cuesta reconocer que un periódico popular haga un periodismo diferente y enfocado en la gente.
Una chiviada.
Ah, también muchas. Pero no me acuerde de eso que todos los días me remuerde la conciencia.
Un personaje difícil de entrevistar.
En mis épocas de periodista deportivo, a los futbolistas. Son agrandados, sólo dicen bobadas y lo peor es que uno publica las bobadas que dicen.
La peor noticia que ha dado.
El infame asesinato de Luis Santiago por parte de su padre, Orlando Pelayo. Además las fotos del pequeño dentro de un costal, que no publicamos por respeto, destrozan al más insensible.
En qué momento se le ocurrió ser periodista.
Cuando en el colegio me di cuenta de que existían las matemáticas y el dibujo técnico.
El mejor periódico del mundo.
Suena a respuesta de reina de belleza, pero Q’hubo que ya es el diario de mayor circulación de Colombia. Además de El País de España y Olé de Argentina.
¿Qué le falta al periodismo en el país?
Pasión.
¿Y qué le sobra?
Soberbia.
El mejor periodista del país.
Gustavo Gómez y Germán Santamaría.
¿Cuál fue la primera noticia que le tocó cubrir?
Un campeonato nacional de parapente en Armenia. No cabía de la dicha.
Una noticia que le haya traído problemas.
Muchas de las judiciales y de denuncias contra instituciones. Quieren que uno sólo publique lo bueno y creen que con una llamada lo pueden amedrentar a uno.
Existe libertad de expresión en Colombia.
En mi caso sí. Aunque el cementerio está lleno de valientes.
¿Qué les espera a las nuevas generaciones del periodismo?
Pocos medios para trabajar. Sólo se destacarán los mejor preparados y los que entiendan que en este oficio no hay horarios.
¿Y qué les hace falta a las actuales?
Mística.
Si no fuera periodista, a qué se dedicaría.
A trovar de pueblo en pueblo.
¿Qué quería ser cuando niño?
Grande.
Su primer trabajo.
En la ferretería de un tío en Armenia.
Y en los medios.
En El Espectador. Unos años inolvidables.
Su primer sueldo.
Tres mil pesos.
En qué se lo gastó.
En rumba.
Su peor inversión.
La de mis padres en pagarme clases de matemáticas y de baile.
¿Qué lo caracteriza?
Lo perfeccionista en el trabajo.
¿Cuál es su mejor defensa?
El humor.
Su mayor sacrificio.
Tender la cama.
Su vida gira alrededor de…
Mi familia, del trabajo y la lectura.
Su pasión escondida.
La trova paisa. Soy un fanático del repentismo. Incluso trové en varios festivales nacionales.
¿Cuál es su lado positivo?
La nobleza y el amor por Colombia.
Lo más insólito que ha hecho.
Casarme.
Su mayor metida de pata.
Ser hincha del Quindío que va derecho para el descenso. Pero no hay nada que hacer, uno hasta puede cambiar de sexo, pero no de equipo.
Para que es negado.
Para las manualidades, para bailar y para dibujar.
La lección más grande que le ha dado la vida
Que la constancia vence lo que la dicha no alcanza. Y que el amor de los padres no tiene límites.
La mejor forma de perder el tiempo.
Ver tenis y fútbol por televisión.
Su mayor desacierto
Perder tantos años de estudio.
El programa de televisión que no se pierde.
El Chavo del Ocho. Es increíble que uno se ría de los mismos chistes siempre que lo ve.
¿Cuál es el peor mal del país?
La indiferencia.