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Biografía de un perfume con olor a mujer

La historiadora Tilar J. Mazzeo investiga las razones por las que el perfume creado para Gabrielle Chanel y celebrado por Marilyn Monroe se ha convertido en un ícono que ha trascendido décadas.

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La historia de este perfume, el de la botellita art decó que ocupaba el puesto número cinco entre un séquito de fragancias que el famoso perfumero Ernest Beaux le presentó en 1920 a Gabrielle Chanel, no sólo es la historia de la obsesión de una creadora por encontrar el verdadero olor a mujer. La historia del Chanel Nº 5 es la historia del deseo femenino a lo largo de un siglo convulso.

Al adentrarnos en las minucias de una fragancia que le hizo confesar a Marilyn Monroe que era lo único que llevaba puesto a la hora de ir a dormir y que casi nueve décadas después de su creación es declarada, según un informe publicado por el London Daily Mail de 2009, como el perfume más seductor de la historia, estamos escarbando también en la manera como algunos objetos banales se convierten en íconos culturales que en sus pasados y desempeños, en su permanencia, revelan algo de nuestra propia humanidad.

De eso se dieron cuenta hace algo más de una década historiadores y sociólogos que dejaron de desdeñar los productos culturales, los objetos de deseo, y los empezaron a ver como lugares privilegiados de estudio. Justamente por estos días, la historiadora cultural e investigadora del lujo Tilar J Mazzeo ha publicado el libro ‘ El secreto de Chanel Nº 5’, con la editorial Indicios, en donde se desnuda la icónica fragancia.

En un aventón hacia el pasado, la autora nos lleva a la abadía de Aubazine, en Francia, en donde creció la huérfana Gabrielle Chanel siendo testigo de cómo en los rituales de purificación, ungüentos y perfumes tenían un papel fundamental. Rastrea desde entonces la autora el afán de la niña, luego convertida en celebrada creadora, de enaltecer con aromas su alma, de salvar a las mujeres de la escoria de la propia vida con una fragancia. Después de un intenso recorrido por los años de primera juventud de Chanel, en los que soñaba con ser cantante de vaudeville y se dejaba llevar por la fantasía de películas como La Jolie parfumeuse, llegamos finalmente al verano de 1920, cuando el reputado perfumero francés Ernest Beaux tradujo su alma en perfume, un mérito que tiene que ver más con innovaciones químicas que con capacidad poética.

“El corazón floral de Chanel Nº 5 combinaba algunos de los aromas más lujosos y tradicionales de la perfumería, fragancias como rosa, jazmín, el ylang-ylang y el sándalo”, cuenta Mazzeo. Sin embargo advierte que el verdadero secreto del aroma que cautivó el olfato de Chanel fue el uso de aldehídos, un ingrediente nuevo para los comienzos del siglo XX. En su nivel sencillo son moléculas con una organización particular de sus átomos de oxígeno, hidrógeno y carbono, y son una etapa del proceso natural en el que la exposición al oxígeno convierte un alcohol en ácido.

El olor de los aldehídos era como el olor del ártico, del hielo y las tierras frías. Beaux dijo que era el olor de la desnudez, y para cobijarla con tonos cálidos la combinó con una cantidad insospechada de jazmines de la región de Grasse, por lo que advirtió a la diseñadora que sería un perfume muy caro. Pero caro lo quería Chanel. ¿Cómo ,si no, debía ser el olor del cuerpo de una mujer? Y el olor del Chanel Nº 5 era justamente eso: cuerpo. “Según los científicos, la razón de que a los humanos nos atraiga con tanta fuerza el olor de ciertas flores es sencilla: las flores huelen como el cuerpo. El cuerpo de los demás es atractivo. Así que cuando Chanel percibía indicios de carne en sus flores, no había nada de caprichoso en su percepción”.

De las escenas en donde las palabras parecen torpes para describir algunos de esos cien mil olores perceptibles que se usaron para crear el trastocador perfume, pasamos a la genialidad de una mujer que supo cómo antojar al mundo con su atrevimiento. La vemos sentada entonces en un restaurante de Cannes, a donde sólo asistían damas de sociedad, y la pillamos esparciendo en torno a su mesa salpicones de su fragancia, de tal manera que cada mujer que pasaba cerca se detenía a contemplar semejante sacudón aromático. Lo mismo hizo en su tienda, de tal forma que cada compradora de sus vestidos quedaba prendada con la nueva fragancia. El resultado fue tan poderoso que incluso durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en objeto del mercado negro, por ser, junto al café y el chocolate, extremadamente escaso y apetecido. El Chanel Nº 5 mantenía elevada la moral de las mujeres.

La fama del perfume también trascendió fronteras. No sólo conquistó a Hollywood, sino que resultó normal ver a generales nazis que habían invadido para entonces París haciendo colas a las afueras de la boutique de Chanel para llevar un frasquito de perfume a un amor lejano. De hecho, este perfume fue de los pocos que se siguieron produciendo durante la guerra. “Con mucha previsión, los hermanos Wertheimer, que poseían el 70% de las acciones del Chanel Nº 5, enviaron a alguien a Francia para hacer acopio de jazmines. Sus proezas fueron dignas de James Bond, había que enviar oro a Francia clandestinamente, sacar el jazmín y llevarlo a Estados Unidos. Se recibieron unos 320 kilos de la flor, más preciosa que su peso en oro”, cuenta Mazzeo en el libro.

La autora sigue escarbando para mostrar cómo, a través de una agresiva estrategia, durante los años cincuenta el perfume terminó convertido en objeto de culto. Revela cómo para Chanel resultaba aterrador que su fragancia estuviera en todas las estanterías, porque “ella comprendía algo esencial sobre la exclusividad. La gente corriente, al trasladar a Chanel Nº 5 sus propios deseos y esperanzas, convertía el perfume en un bien de culto, pero si demasiadas personas lo usaban podía tener el efecto contrario”.

Después de susurrados muchos secretos y después de leer con minucia la biografía del perfume, quizás la mayor revelación sea que no han sido ni las fórmulas, ni las estrategias de marketing, ni siquiera su supervivencia a las depresiones económicas, las que le han dado su naturaleza de ícono. Al final han sido las mujeres que lo han usado en cada época, las que lo han llevado en su cuello a una fiesta, las que han escrito su historia y sus artículos, quienes han contribuido a convertirlo en leyenda.

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