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La última vez que se presentó en Bogotá, la altura le jugó una mala pasada. Después del intermedio y cuando pensaba que lograba terminar invicto su concierto, le faltó el aire y tuvo que dejar huérfana a su banda por unos minutos mientras se recuperaba. El público pensó que todo era parte del espectáculo de Billy Branch & The Sons of Blues y que el armonicista y frontman le daba la oportunidad a sus músicos de mostrar sus habilidades. La percepción cambió cuando, además de su armónica, Branch regresó a escena secundado por un tanque de oxígeno, porque decidió retribuir esa exigencia física con más música, con el blues que lo respalda desde la infancia en Chicago.
A los once años tuvo conciencia de que existía un instrumento llamado armónica. Hasta entonces nunca había visto a nadie interpretarlo y por tanto no tenía la menor sospecha de su sonido. Cuando se acercó a él, lo impactó su tamaño y, un poco incrédulo, empezó a deslizar su boca por las notas produciendo melodías muy sencillas. Y así fue hasta que conoció a Willie Dixon.
“No comencé tocando con Willie Dixon, pero fue ciertamente influyente para mi proceso de aprendizaje y mi experiencia. Ha sido la más grande experiencia que he tenido. Yo antes pensaba que era un buen intérprete de armónica, pero cuando terminé mis años con él, me di cuenta de que podía ser mejor todavía”, comenta Billy Branch, quien en 1977 creó su propia banda de blues mientras participaba en el Festival de Jazz de Birland, en la que todos, excepto él, eran hijos de importantes músicos del género. El espíritu del grupo era explorar los sonidos afroamericanos con energía, pero respetando el legado de los maestros.
Algunas personas, especialmente en Estados Unidos, tienen la idea de que el blues es una música triste, depresiva. Sin embargo, para Branch no es así porque en sus formas modernas es tal vez una de las más emocionales. Con ese ingrediente sensible juega el estadounidense en sus trabajos discográficos y en sus conciertos, en los que fusiona elementos del funk y el jazz y manifestaciones tradicionales de las plantaciones de algodón en Estados Unidos.
“El blues es un legado cultural de los afroamericanos en un contexto, y socialmente es muy importante, sobre todo en estos días, porque ahora mismo hay más blancos que afroamericanos tocando blues. Algunas veces, el contexto histórico se puede perder u olvidarse, porque la música de los afroamericanos refleja sus problemas”, dice Branch, quien diseñó en 1978 el proyecto Blues en las escuelas, gracias al cual ha aprendido a relacionarse con gente con la que nunca había tocado y presentar su música de una manera más efectiva. Incluso después de muchos años, el artista se ha encontrado con músicos en los clubes que le dicen: “Te vi en cuarto grado, cuando tenía ocho años, y gracias a ti empecé en el blues”. Esos comentarios son los que han hecho que para Billy Branch haya valido la pena dedicarle tantos años a explorar los diversos estilos del blues.
Para el intérprete, el blues es la música que más tiene que ver con el alma y es también la más universal. Es el sonido con el que, más allá del país de origen, de la posición social o de las propiedades, uno puede relacionarse con facilidad, dado su carácter simple. “El blues tiene algo que todo el mundo identifica bien, porque todos, de alguna manera u otra, tienen el blues; es el único estilo musical del que se tiene el sentimiento. Uno no puede decir ‘tengo la muerte’, ‘tengo el rock n’ roll’, pero sí se puede decir ‘tengo el blues’ e inmediatamente todo el mundo sabe que uno no está pasando por el mejor día. Esta música se relaciona con la condición humana, no importa dónde estemos. Le habla al corazón y se toca desde el espíritu”, concluye el estadounidense que, con su formato instrumental de guitarra, bajo, teclado y batería, piensa contrarrestar la mala jugada de su última vez en Bogotá con su música de altura.
Billy Branch & The Sons of Blues. Jueves 1° de septiembre, 8 p.m. Teatro Libre, calle 62 #9A-65. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com
Festival de Jazz del Teatro Libre
Billy Branch (EE.UU.). Jueves 1° de sep. Teatro Libre.
Greg Diamond (EE.UU.). Viernes 2 de sep. Teatro Libre.
Justo Almario & Cartagena Caribe Big Band (Colombia). Sábado 3 de sep. Teatro Libre.
Roberto Fonseca (Cuba). Martes 6 de sep. Teatro León de Greiff.
Le Chat Lunatique (EE.UU.) y Luigi Cinque (Italia). Miércoles 7 de sep. Teatro Libre.
Karlos Rotsen Quartet (Francia) y Sebastian Schunke (Alemania). Jueves 8 de sep. Teatro Libre.
Terence Blanchard (EE.UU.) y Big Band Jazz Bogotá (Colombia). Viernes 9 de sep. Teatro Jorge Eliécer Gaitán.
Bettye LaVette (EE.UU.). Sábado 10 de sep. Teatro Julio Mario Santo Domingo.