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¿Qué sorpresas trae la “Semana del cine colombiano”?
Treinta películas, 850 funciones en 55 municipios e invitados internacionales de primera línea.
¿Y a usted qué es lo que más le ha gustado?
La posibilidad de llegar a las regiones del país que no tienen fácil acceso al cine colombiano.
¿Y qué tal la interacción con el público?
Estuve en la Comuna 13 en Medellín, la gente estaba feliz viendo la película y tomando canelazo. En lugares donde estas oportunidades son remotas, llegar a ofrecer esta ocasión de ver cine en comunidad es muy valioso. La gente lo agradece muchísimo, estas ofertas culturales son maravillosas para dar otras alternativas más allá de los problemas cotidianos.
¿Y usted también tomó canelazo?
Me uní a ellos, me senté a ver Los colores de la montaña y nos estuvieron acompañando los niños protagonistas de esta cinta. Al final fue muy lindo porque tuvimos un conversatorio entre la comunidad, los niños de la película y el director de ésta.
¿Qué tal ve el panorama del cine colombiano?
Estamos creciendo mucho, eso lo demuestra nuestra creciente participación en festivales internacionales de primera línea, en donde el cine colombiano empieza a aparecer en el mapa. Veníamos de estrenar tres películas al año, antes de la ley del cine, y en 2011 estrenamos 18, un número histórico sin duda.
Entonces, ¿qué desafíos tiene el sector cinematográfico?
Tener un sector profesionalizado, que tenga oportunidades de formación más amplias en las regiones. Se nos viene un reto muy grande con la nueva ley de cine para recibir y tener la posibilidad de atender profesionalmente todas las películas que se van a estrenar en Colombia como consecuencia de dicha norma.
¿Qué tendría que decir a aquellos que critican que el tema recurrente en las películas colombianas es el conflicto interno?
Diría que el arte y el cine son los caminos más interesantes para hablar de nuestros problemas y conflictos, son la manera de hacer catarsis de las sociedades con respecto a eso. Pero también diría que no es tan cierto que sea lo único que está en el imaginario de directores cinematográficos. Los invitaría a que vayan a la “Semana del cine colombiano” y aprecien la diversidad.
Su película favorita.
Tengo una debilidad por el cine documental, me gusta mucho la obra de Patricio Guzmán, un chileno radicado en Europa que ha hecho películas importantes justamente reflexionando sobre cosas sucedidas en su país.
¿La cultura es prioridad en Colombia?
Debe ser una prioridad, estamos en ese camino, pero es cierto que no es prioritaria a la hora de la definición de los presupuestos nacionales.
¿De pequeña se soñaba en el mundo del cine?
Siempre estuve vinculada, fui cineclubista desde muy joven. Lo que nunca imaginé fue terminar siendo servidora pública y teniendo la responsabilidad que tengo ahora.
Su primer acercamiento al mundo del cine.
Con mi madre. Ella nos llevaba a mi hermano y a mí desde muy pequeños a cine, recuerdo que añoraba que llegaran los sábados para irnos de matiné.
Lo mejor de su trabajo.
El balance positivo al final del día, que es de crecimiento, donde se ve la cantidad de gente nueva y con trayectoria que puede fortalecer sus carreras profesionales.
¿Con o sin crispetas?
No. Soy de las que odian el sonido de la comida mientras veo una película. Así que mejor sin nada.
¿Cuál es la otra cara del cine?
Detrás de… hay un viacrucis por parte de los productores, buscando conseguir la plata que necesitan para sus películas. El viacrucis de los guionistas, de los directores buscando poner en sintonía a todos en esa gran obra. Al final, cuando la película se logra, se siente una emoción y un sentimiento enormes de gratitud.