Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Entre Cristina Palacio y Diego Guarnizo existe una camaradería de años. Mientras ella crea, inventa y gestiona un nuevo producto de televisión, él, con su empresa de dirección de arte se encarga de darle forma y personalidad a cada proyecto. Trabajan en llave desde hace 10 años cuando nacieron los canales privados de televisión en el país, pero su historia de trabajo detrás de las cámaras suma casi dos décadas.
Su más reciente hazaña saldrá mañana al aire, se trata de la nueva versión del reality show de supervivencia y habilidad física, el Desafío, que en esta oportunidad no incluye famosos ni competidores anteriores. Los participantes son 30 colombianos representando a cinco regiones del país.
Más que compañeros de trabajo son cómplices de las locuras que pueda ocurrírsele a cada uno. Cristina confía en la opinión de Diego para materializar las ideas televisivas o viceversa.
El juego funciona así: Cristina, como productora del Canal Caracol, busca proyectos y formatos innovadores, ya sea porque los adopte de otros países, o porque conoció una historia que quiera contar en la pantalla.
Sin embargo, no es ella quien tiene la última palabra. Todo debe pasar por un comité de aprobación, pero el primer filtro para Cristina es la opinión de Diego. “Si veo que sus ojos brillan cuando le cuento un proyecto, quedo tranquila”, afirma.
Una vez aprobado cada proyecto, entra Diego al juego. Junto con su socio Germán Lizarralde, hace la dirección de arte. Diseñan los sets de grabación, el vestuario y el look para cada personaje, en fin, le dan estilo e identidad a cada producción. Y aquí viene la confianza que Cristina tiene en su amigo. “Con Diego yo estoy tranquila porque sé que todo queda en buenas manos”.
“Cristina es para mí la alcahueta. Me deja hacer lo que sueño, me regaña o me guía, pero finalmente me deja hacer las cosas”, afirma Diego, un publicista soñador y enamorado de la estética, que procura que cada detalle de las producciones salga en pantalla tal cual lo ha imaginado, como sucedió, por ejemplo, con el vestuario de El baile de la vida, telenovela que estuvo al aire en 2005, con un impecable vestuario y ambiente de los años 50. “Ese fue un trabajo muy lindo”, describe Diego.
Es así como a raíz de su trabajo en equipo se han visto en la pantalla producciones de éxito como Pecados capitales o La saga y otras arriesgadas y ambiciosas como el programa concurso Nada más que la verdad y las recientes series Sin tetas no hay paraíso y El Cartel aún al aire.
“Dentro de las funciones importantes y en las cuales me he sentido muy orgulloso, está, por ejemplo, haber tenido la posibilidad de que los realities llegasen a Colombia y en eso Cristina tuvo mucho que ver”, afirma Guarnizo, quien se ha encargado de idear, entre otros, la infraestructura de los juegos y pruebas de las cuatro versiones del Desafío, que tuvo como preámbulo Expedición Robinson, el primer reality de supervivencia visto en Colombia y propuesto para la pantalla nacional por Cristina Palacio.
Carreras paralelas
Ahora que Diego y Cristina están en un lugar privilegiado de sus carreras, recuerdan cómo se iniciaron en este camino de la televisión. Cada uno estaba en la universidad, Diego estudiando publicidad y Cristina comunicación social. Fue ahí donde conocieron a quienes los llevaron por esta ruta. Diego conoció a Kepa Amuchastegui quien lo llevó a trabajar en La casa de las dos palmas como asistente de vestuario de Iván Martelo, su maestro.
Entre tanto, Cristina conoció a Dago García y a otras personalidades de la televisión, quienes le mostraron que este medio sería una buena opción para esa inquieta mujer que quería ser periodista, abogada, entre otras ocupaciones a la vez.
“Creo que lo bonito de Diego, de su carrera y de mí, es que nos conocimos cuando estábamos mucho más abajo en la jerarquía de la televisión y teníamos el mismo sueño. Hoy, Diego tiene su empresa y yo, de alguna manera, soy la jefa de los proyectos en los que trabajamos. Ver cómo crecimos, cada uno por su lado, siempre reencontrándonos, es chévere porque eso demuestra que la gente que de verdad tiene amor por el oficio llega muy arriba”, comenta Cristina.
Así, durante casi diez años, Diego pasaba de asistente de vestuario a vestuarista y Cristina de segunda asistente de dirección a asistente de dirección y luego él a director de arte y ella a gerente de producción.
La familiaridad que ha surgido en este par de amigos y compañeros de trabajo es tal, que cada quien habla del trabajo del otro. Es así como Cristina dice que el trabajo de Diego es todo un reto, pues lograr que cada producción tenga su propia identidad, en especial de las que se realizan casi en simultánea, es de admirar.
“Que el televidente, apenas prenda el televisor identifique qué programa está viendo, además de darle la identidad a cada personaje con su caracterización, es maravilloso. El trabajo de Diego y su socio implica desde cosas sencillas, como el vaso de agua que se tomará un personaje hasta las más complicadas, como por ejemplo, la caracterización de Julián Arango en El cartel con su ojo de vidrio y las extensiones del pelo”.
Entre tanto, Diego describe a Cristina como la gestora de todo lo que el resto del equipo de producción y creativo pueda llegar a hacer. “Ella crea el proyecto matriz y nos lleva a disparar creatividad. Ella es la gestora creativa de todas estas innovaciones. Es ella quien da las cucharadas a la receta”.
La mística del oficio
¿Cómo mantener viva la creatividad en un medio tan competido, exigente y en ocasiones malagradecido como la televisión? Para esta pareja de creativos, el secreto está en la mística propia del medio.
“Cada proyecto tiene su mística, lo que hay que hacer es descubrirla. Eso es lo rico de este trabajo, que no te cansas, porque cada proyecto es diferente, unos son más fáciles que otros, como El cartel, que cada vez que lo contaba a alguien se entusiasmaba. En otros casos hay que explicar por qué es importante. Qué tanta mística haya, es la medida que tengo para saber a qué le va bien o no. Sin embargo, en ocasiones hay sorpresas”, describe Palacio, quien ahora tiene en mente proyectos más ligados a la realidad como un programa de opinión.
Precisamente de Cristina, Diego aprendió el encanto del oficio y hoy por hoy lo defiende. Si uno no tiene mística en este oficio, que genera sacrificios, iras y pasiones, sin duda alguna todo se pierde, porque con mística, hasta las cosas imposibles uno las puede lograr”. Y es a ese embrujo del medio al que también, tanto Cristina como Diego le atribuyen el reto de asumir en pantalla una nueva versión del Desafío. “Tiene tanta mística, que aunque se ha hecho en tantas oportunidades, sigue cautivándonos”, concluye al unísono este equipo de creadores.
La lucha de las regiones
El domingo empieza un nuevo Desafío. En esta oportunidad, los participantes que buscan ganarse los 300 millones de pesos representan a cinco regiones del país. Es así como costeños, cachacos, paisas, santandereanos y vallecaucanos demostrarán en las diferentes pruebas físicas y la misma convivencia una lucha de regiones.
El escenario elegido para esta nueva edición del Desafío es Isla Contadora en Panamá. Allí, cada equipo inicialmente tendrá que enfrentarse para asegurar la mejor estadía en la isla. Sebastián Martino, director creativo de juegos, afirmó que ahora los concursantes tendrán que exigirse más para ganar. El programa será nuevamente conducido por Margarita Rosa de Francisco y se emitirá cada domingo y de lunes a viernes en el horario prime time del Canal Caracol.