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La tildaron de hippie y sentenciaron a un fracaso rotundo su tímido proyecto. Isabelle Quéhé había trabajado durante años con organizaciones no gubernamentales, pero llevaba en el último bolsillo de su cartera una pasión oculta por el mundo de las fantasías de la moda.
Sin proponérselo, ese gusto terminó llevándola a escrutar lo que se cosía en el interior de esta industria y lo que encontró no fue precisamente hilos dorados. A la fantasía parecía subyacerla un universo de injusticia.
“Encontré una doble moral muy dura, porque aun cuando las industrias de la moda parecían cumplir con todos los requerimientos éticos y sociales que les exigían sus países de origen, el respeto por los derechos de los trabajadores parecía olvidárseles por completo con toda la cadena de producción contratada por fuera de ese país, sobre todo en Asia”, comenta Quéhé.
Y es que son históricos y muy vigentes los reproches que se le hacen a la moda. Según la campaña española Ropa Limpia (CRL) –que busca mejorar las condiciones laborales en el sector textil– empresas españolas del sector han trasladado parte de su producción a Marruecos, concretamente a Tánger para servirse de talleres irregulares en donde pagan unos sueldos ínfimos, para abaratar sus costos de producción. Por su parte, un informe de la Campaña de Juego Limpio presentada este año antes de los Olímpicos, aseguraba que las multinacionales de ropa deportiva continúan violando los derechos laborales en China y otros países asiáticos al pagar a sus trabajadores sueldos miserables y obligarles a hacer horarios excesivos que podían superar las 230 al mes.
La urgencia de evidenciar lo que se estaba tejiendo en los patios de atrás de esta industria parecía inminente y le dio a Quéhé el impulso necesario para embarcarse en el “descabellado” proyecto de crear una pasarela que llevara la bandera de una moda más ética en el mismo corazón de París.
Así fue como esta francesa delgada y siempre de buen vestir, se convirtió en la creadora del Ethical Fashion Show de París, que este año tuvo su cuarta versión, con una participación de más de 100 diseñadores de todo el mundo. Esta sofisticada y comprometida mujer estuvo paseando por las calles capitalinas en busca de talentos que pudieran representar a Colombia en la versión del Ethical Fashion en el próximo mes de octubre de 2009.
“Los creadores seleccionados se comprometen a respetar una Carta de Buena Conducta”, explica Quéhé “deben poner como primer plano la defensa de los hombres y de sus condiciones de trabajo, la salvaguardia del medio ambiente, así como la de las habilidades ancestrales, que reflejan las diferencias de cada uno y de su cultura”, asegura convencida la directora del Ethical. Después de recibir cientos de propuestas nacionales, la marca Kaftan, con una apuesta por la liberación de los secuestrados y con un mensaje claro a la no violencia, será la cuota colombiana en esta importante pasarela.
Aunque pocos creyeron en su proyecto, después de cuatro años este evento de la moda cada vez recibe más adeptos y logra que marcas como Louis Viutton y Gucci se conviertan en patrocinadores oficiales. “La conciencia de los problemas sociales y medioambientales apareció dos décadas atrás, sin embargo, durante años, las firmas se limitaron a adoptar algunas prácticas internas, como ahorro de energía o reciclado sin cambiar los productos ni la manera de producirlos y comercializarlos”, explica Quéhé quien augura que en unos años más las prácticas éticas y ecológicas será una condición determinante para los consumidores al momento de adquirir una prenda.