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El que es caballero, publica

El veterano actor británico se lanza a la escena literaria con una especie de autobiografía.

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Durante algunos años estuvo al servicio de su majestad. Pero desde hace seis décadas es el mundo el que está a sus pies. El talento exhibido en sus películas, su innegable porte varonil y el adecuado manejo de las relaciones personales lo ubicaron en un lugar en donde solamente brillan las grandes luminarias de Hollywood. Nació en Escocia hace 78 años y las condiciones económicas adversas de su familia lo llevaron a abandonar el colegio y emplearse como repartidor de leche en su natal Edimburgo.

En su juventud fue deportista, también participó en el concurso de Mister Universo, en el que ocupó la tercera posición, se ganó la vida como socorrista y, además, incursionó en el modelaje artístico. En la segunda mitad de la década del 50 se le cruzó el cine en su camino y, gracias a la interpretación de un personaje en la película Ruta infernal, quedó flechado con el mundo del celuloide; además cumplió un objetivo importante: no pasó desapercibido para ningún espectador. Tanto fue el grado de recordación que, en 1962, dio el primer paso a su consagración como superestrella al lograr el papel protagónico del filme de James Bond 007 contra el doctor No.

A esta cinta le siguieron verdaderos clásicos de acción como De Rusia con amor, Goldfinger y Nunca digas nunca jamás, así como películas denominadas de autor como El día más largo, Marnie, la ladrona, de Alfred Hitchcock, y El nombre de la rosa, entre muchos otros títulos. Y es que Sir Connery, porque ese título se lo otorgó la Reina Isabel II en el año 2000, no solamente le prestó su figura y su voz a James Bond, sino que también se destacó en la interpretación de personajes como Robin Hood, el Rey Arturo y el papá de Indiana Jones.

En la actualidad, prácticamente retirado de un ámbito que le dio tanta gloria, el veterano actor presenta una especie de memorias con las que, bajo el nombre de Being a Scot (Ser un escocés), pretende hacer un análisis sobre la cultura, la sociedad, el deporte, el cine y la arquitectura de su país. Estas páginas, a pesar de lo que pudiera llegar a pensarse, contienen muy pocos datos autobiográficos, aunque sí se puede establecer la postura de Connery frente a la realidad social de Escocia y su deseo separatista de Inglaterra.

Durante la presentación de su libro, realizada hace unos pocos días, dejó claro su apoyo incondicional al Partido Nacionalista Escocés e insistió en que su país debe acudir a los próximos Juegos Olímpicos de Londres, en el 2012, como una potencia escocesa y no como parte del equipo británico.

Por ahora piensa dedicarse al golf, una de sus máximas pasiones desde que un día, con la pinta de Bond, James Bond, le tocó aprender los pormenores de esta disciplina. Tal vez con ella logre, como de costumbre, que el mundo permanezca a su servicio.

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