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Con 35 años de servicio, 25 condecoraciones y uno de los grados más altos en la estructura del Ejército, a Guillermo Quiñones Quiroz, ex comandante de la IV División y ex jefe nacional de Operaciones de su arma, nunca se le pasó por la cabeza que su retiro sería tan doloroso para él y tan vergonzoso para su honor militar: fue uno de los generales incluidos en la purga que ordenó el Presidente de la República en las últimas semanas de 2008.
La destitución masiva de una veintena larga de comandantes se relacionó públicamente con el escándalo de las ejecuciones extrajudiciales cometidas por miembros activos de las Fuerzas Armadas. En el caso del general Quiñones y su unidad, hubo quejas de falsos positivos por parte de defensores de derechos humanos, pero además existió una motivación más precisa. El propio jefe de Estado sembró dudas sobre la efectividad y honestidad de la IV División. Enardecido, sugirió en varias ocasiones que el Ejército no había capturado, en la zona de la jurisdicción liderada por Quiñones, a dos grandes capos del narcotráfico (alias Cuchillo y Daniel El Loco Barrera) porque les estaba brindando protección. Se sabía quién debía responder con su cabeza a tan grave acusación. Contra lo previsto, el general se mantuvo en su cargo y se negó a renunciar cuando el ministro Santos se lo solicitó. En cambio, le entregó a la Casa de Nariño una respuesta “clasificada” como confidencial. Pero las explicaciones contenidas en su oficio no encontraron eco en el Presidente.
Por eso, pocos días más tarde recibió la notificación de su traslado a la Jefatura de Operaciones del Ejército. En otras circunstancias ese cambio hubiera significado un ascenso. En las que el general vivía, la traducción correcta era que el alto gobierno ya no le tenía confianza. En efecto, sólo un mes después de su último nombramiento, llegó el anuncio: el Presidente lo llamaba a calificar servicios. Antes de vestirse de civil, emitió un amargo comunicado sobre la que llamó “arbitraria e injusta” decisión y criticó la politización de las determinaciones militares en el despacho del ministro Santos.
Ahora su caso cobra renovado interés porque otro general colega suyo, el ex comandante de la II División, José Joaquín Cortés, quien también fue retirado, demandó a la Nación la semana pasada con el argumento de que su honra y buen nombre habían resultado lesionados. El general Quiñones no descarta la posibilidad de entablar igualmente una acción legal contra el Estado, en cuyo caso, la administración tendrá que demostrar que las denuncias presidenciales provenían de informes serios. Hoy Quiñones reitera sus afirmaciones contra el Ministro, le lanza pulla al Primer Mandatario y añade otras frases acusatorias, más duras y escandalosas por venir de quien vienen, es decir, de alguien que ha tenido como norma de vida la disciplina, la obediencia a la jerarquía y la solidaridad de cuerpo.
Cecilia Orozco Tascón.- El general Cortés, retirado como usted del servicio, anunció que demandará al Estado por los daños ocasionados a su buen nombre. ¿Demandará usted también?
General (r) Guillermo Quiñones Quiroz.- Para mí, la demanda es una vía extraordinaria, pero no está descartada. Depende del análisis que haga sobre cuál es el mejor camino para dejar claro que mientras la IV División estuvo bajo mi mando, no encubrió o protegió, sino que persiguió con todos sus recursos y medios, a los delincuentes que se encontraban en la jurisdicción. Tendré que pensar con cabeza fría si con esa fórmula se logra el objetivo de recuperar el honor y la dignidad de la División. Por ahora estoy tratando de hacer las cosas por la vía ordinaria.
C.O.T.- El general Cortés aseguró que hay “iscariotes” que están haciéndole más daño al Ejército que el Mono Jojoy. ¿Está de acuerdo con él?
G.G.Q.- A través de la historia y en todas las instituciones siempre han existido estos personajes. No es de extrañar que, como Judas, haya quien con calumnias y acusaciones sin fundamento traicione a sus superiores o compañeros. El retiro de los líderes del Ejército sin causa justificada le está haciendo mucho daño a la institución. La deslealtad daña el espíritu de cuerpo, la confianza de la población en los miembros de la Fuerza y la de éstos entre sí. Ese daño sí es más grande que el que nos pueda hacer el enemigo. No hay cuña que más apriete, que la del mismo palo.
C.O.T.- ¿Puede identificar a algunos de los iscariotes del Ministerio de Defensa?
G.G.Q.- Por simple percepción se podrían identificar, pero para decir nombres se requiere tener pruebas concretas y no las tengo. Pero el que le dio la falsa información al Presidente es uno solo.
C.O.T.- En el momento de su retiro dijo en un comunicado que “el Ejército ha perdido su mejores comandantes, no por efectos de la guerra, sino por decisiones politizadas, arbitrarias e injustas” del ministro Santos y que éste se ha convertido en “el mayor desmoralizador de nuestras tropas”. Explíqueme esas afirmaciones.
G.G.Q.- La decisión de llamarme a calificar servicios fue liderada por el Ministro de Defensa sin el apoyo del comandante de la fuerza y del Comandante General, que son los que saben de mi honestidad, lealtad y compromiso. Lo que quiere decir que el campo de acción política en cabeza del Ministro no respeta el campo de acción militar en cabeza de los comandantes. En cuanto a “desmoralizar”, ¿qué pueden pensar más de 20.000 hombres que conforman la IV División cuando llaman a calificar servicios a su comandante en forma tan arbitraria e injusta? ¿Qué pueden pensar los oficiales que aspiran a llegar a mi grado y cargo? No sería de extrañar que crean que no vale la pena seguir arriesgando la vida y sacrificándose. Con la salida de los otros generales, sus subalternos también se deben estar haciendo los mismos cuestionamientos. Puede que no hagan pública esa inquietud, pero internamente la sienten.
C.O.T.- Si el Ministro no contó con el criterio de los superiores militares suyos, ¿significa que ellos cumplieron una orden en contravía de lo que creían?
G.G.Q.- Digo que mis superiores militares no apoyaron mi retiro, pero si les pregunta, por estar todavía en servicio activo, le responderán que sí estuvieron de acuerdo. Ellos tienen que cumplir órdenes, sean o no de su agrado.
C.O.T.- Entonces, ¿cree usted que con la destitución, en los últimos meses de 2008, de 27 oficiales del más alto rango, se generó resentimiento de los militares contra el gobierno civil?
G.G.Q.- Es de esperar que queden unas heridas profundas en quienes siguen, incluso con el riesgo de su propia vida, a sus comandantes. Ver que pueden ser retirados los generales sin que sean claros los motivos o responsabilidades y cuando no hay sentencias de jueces o resultados de investigaciones, ¿qué otro efecto podría producir? Aquí lo que se nota es una forma irrespetuosa de manejar esas situaciones con el fin de calmar los ánimos de algunas organizaciones enardecidas. Sin embargo, creo que el Ejército colombiano es muy profesional y tiene espíritu democrático. A pesar de tantas ingratitudes, a nivel institucional consideramos que hay fines encomiables que nos impiden tener resentimientos hacia el Gobierno.
C.O.T.- ¿Confirma entonces que Juan Manuel Santos ha politizado los retiros?
G.G.Q.- No hay ninguna duda.
C.O.T.- ¿La “connotación o beneficio político” de su retiro, como usted lo asegura (ver parte superior de la página) se relaciona con la necesidad del Presidente y del Ministro de separarse del escándalo generado por los falsos positivos?
G.G.Q.- Esa es una lectura que hicieron muchas personas en su momento. Queda sobre el tapete la discusión. Lo cierto es que esa decisión no fue de índole militar.
C.O.T.- Sin embargo, su retiro tuvo una presentación más delicada que los de otros generales, porque el Presidente sugirió que la IV División protegía a alias Cuchillo y El Loco Barrera. ¿Cómo explica usted esa situación?
G.G.Q.- Creo que el Presidente fue engañado con fines maquiavélicos, porque esas expresiones no se compadecen con el valor de los soldados de la IV División, quienes obtuvieron los más sobresalientes resultados de la jurisdicción en toda la historia. ¿Que por qué no se capturó a dichos narcotraficantes? Quiero aclarar que esos son propósitos asignados, en primera instancia, a la Policía Nacional. El área de permanencia de El Loco Barrera no es jurisdicción de la IV División. Y con respecto a alias Cuchillo, su captura es precedida por un proceso de debilitamiento de la estructura que lo protege para poder llegar a él. Ese paso ya está dado. Además, esa pregunta se podría hacer también para todos los otros delincuentes. Por ejemplo, ¿por qué después de cincuenta años no pudimos encontrar a Marulanda, ni vivo ni muerto? Lo mismo podríamos preguntar de otros jefes guerrilleros y narcotraficantes. Eso no es tan fácil ni tan rápido y no significa que no se esté haciendo lo posible, y mucho menos que se estén protegiendo.
C.O.T.- Pero esa sugerencia presidencial no fue respondida por usted en su momento…
G.G.Q.- Esa sugerencia la respondí como comandante de la IV División mediante oficio con clasificación de seguridad, siguiendo el conducto regular. Lo hice en esa forma porque sabía que el señor Presidente estaba siendo engañado con fines perversos y consideraba que hacerlo públicamente no era conveniente. Por otra parte, él dijo que le preguntaría a la División sobre el tema y nunca se me ocurrió que el Presidente de la República no cumpliera su palabra. Pensé que me permitiría, como era justo y lógico, rendirle las cuentas del caso, lo cual quiero hacer aún con todo el corazón y sin otra pretensión que la de poner luz sobre cualquier sombra de duda.
C.O.T.- ¿No le pareció extraño que el mandatario se refiriera a ese asunto tan puntual en su visita a El Salvador?
G.G.Q.- Me pareció completamente extraño y más por haberlo hecho desde el exterior, dado que lesiona la dignidad y el honor de los hombres que conforman la IV División, con implicaciones que afectan el buen nombre y la dignidad.
C.O.T.- El Presidente resaltó desde El Salvador que mientras la Policía llegaba a los campamentos de los narcos, el Ejército no tenía idea de dónde estaban. ¿Hubo diferencias entre la Policía y el Ejército en los Llanos?
G.G.Q.- No estábamos compitiendo, sino trabajando mancomunadamente. Quién llegue primero, no es el problema. Además, esa era una competencia directa de la Policía. Lo nuestro es el combate contra las estructuras militares de los delincuentes y la protección a la población civil.
C.O.T.- Los medios dijeron que Uribe tenía “pruebas contundentes” contra usted. ¿Alguna vez el mandatario, el Ministro o el general Padilla se las mostraron?
G.G.Q.- Estoy seguro de que ni el Presidente ni ninguna otra persona en Colombia puede tener pruebas contra mí sobre algo ilegal. No he recibido acusaciones concretas, legales, institucionales ni de ningún otro tipo. No se me han hecho preguntas o se me han pedido informes, ni se procedió con ninguno de los mecanismos formales que se activan cuando hay un cuestionamiento sobre la conducta de un oficial. No tengo conocimiento de investigaciones, procesos judiciales ni nada que pudiera constituirse en base para llegar a la decisión (de mi retiro). He sido respetuoso de la Constitución y la ley y todas mis actuaciones se han ceñido a ellas. Por tanto, puedo hablar claro y mirando a los ojos de quien sea.
C.O.T.- Puesto que ya usted está retirado, puede revelar lo que decía en el misterioso “oficio con clasificación de seguridad”. ¿Cuál era su explicación a la acusación del mandatario?
G.G.Q.- Creo que así como engañaron al Presidente con un testimonio falso, esas personas pueden inventarse otros, y por eso no puedo revelar los detalles.
C.O.T.- ¿Por qué no renunció cuando era evidente que al hacer el reclamo en público, el jefe de Estado prácticamente le estaba notificando su salida?
G.G.Q.- Cuando uno está librando una batalla no debe abandonar el campo de combate, sino pelear hasta el final. Mucho menos debe dar la impresión de culpabilidad o de algún tipo de responsabilidad ante una acusación injusta.
Renunciar es sólo una forma inútil de protesta. Además, no podía abandonar a mi gente. Renunciar hubiera sido reconocer una culpa que no tengo.
C.O.T.- Poco después de la acusación presidencial, fue trasladado de la IV División a la Jefatura de Operaciones del Ejército. ¿Cómo tomó ese traslado, como un premio o como un castigo?
G.G.Q.- Lo tomé como un avance y un escalón más dentro de la jerarquía militar para continuar sirviéndole a la institución y a mi país. Consideré que con ese nombramiento el Presidente había rectificado lo dicho desde El Salvador, se le daba la vuelta a la página y todo volvía a su curso normal.
C.O.T.- ¿Alguna vez se imaginó retirarse de esta manera?
G.G.Q.- Nunca pensé que el Gobierno Nacional le pagara con tanta ingratitud a un soldado que con verdadera vocación se dedicó en cuerpo y alma al servicio de la institución militar durante más de 35 años.
“Hubo quienes vendieron su alma”
C.O.T.- Es evidente que las ejecuciones extrajudiciales se presentaron en varias regiones del país. ¿Por qué se llegó a ese extremo criminal en la organización militar?
G.G.Q.- Creo que cada región tiene sus propias singularidades y el tema, a pesar de ser gravísimo, ha sido sobredimensionado y aprovechado por algunas corrientes con fines distintos al de buscar el irrestricto cumplimiento de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario.
C.O.T.- Pero la Fiscalía está investigando los casos de más de mil víctimas de presuntos falsos positivos. ¿Cómo pudo ocurrir semejante situación sin que los superiores lo supieran?
G.G.Q.- Mi punto de vista es que se debería analizar caso por caso y región por región, teniendo en cuenta las circunstancias de tiempo, modo y lugar, para no caer en la tentación de generalizar. La única explicación común es que hubo quienes vendieron su alma y mancharon su uniforme.
C.O.T.- ¿Podría poner las manos al fuego por los 20 mil hombres que tenía bajo su mando?
G.G.Q.- Jesucristo tuvo doce apóstoles y uno de ellos lo traicionó. Es posible que en una División con una jurisdicción tan grande, haya personas que se vendan por un plato de lentejas. Lo que le puedo asegurar es que actué de acuerdo con la ley y que cuando supe de cualquier hecho anómalo, apliqué las medidas disciplinarias, penales y administrativas.
¿Connotación política?
El general (r) Guillermo Quiñones, ex comandante de la IV División del Ejército, y quien fue destituido en diciembre pasado —aunque en el formalismo oficial denominaron la decisión como “retirado del servicio”—, explica por qué considera injusta su desvinculación militar ordenada por el presidente Álvaro Uribe y por el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos:
“Después del duro trabajo que desarrollamos (en la IV División) y con base en los logros alcanzados, esperábamos todo lo contrario de lo que recibimos. Si usted mira cómo estaba la situación en la región (Llanos Orientales) hace unos cuatro o cinco años, y va hoy de turista, puede darse cuenta de la gran diferencia: las estructuras criminales están muy reducidas; los golpes que les dimos fueron contundentes y se respira un aroma de paz en donde solo olía a coca, sangre y dinero sucio”.
“No existen razones militares, jurídicas, de tiempo de servicio, u otro de los motivos regulares, que justifiquen que un mayor general sea retirado como lo hicieron. Mucho menos con mi hoja de vida y con los resultados obtenidos a lo largo de mi carrera militar. Entonces, la única explicación que encuentro es que mi retiro tenía una connotación o un beneficio político. La institución militar es apolítica, no se debe manejar con esos criterios y lo único que debería contar es la hoja de vida y la trayectoria recorrida, para continuar o no en ella”.