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El rock con atuendo jíbaro

El guitarrista puertorriqueño, fundador de experimentos de fusión como Puya y Ankla, será uno de los invitados al desarrollo del componente académico de Rock al Parque.

La experiencia de Ramón Ortiz le ha dado elementos para abordar la síncopa dentro de los aires latinos.  / Cortesía Idartes
La experiencia de Ramón Ortiz le ha dado elementos para abordar la síncopa dentro de los aires latinos. / Cortesía Idartes
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Ramón Ortiz tiene tanto de metalero como de latino. Su música es un péndulo que puede besar con la misma pasión el extremo de las guitarras distorsionadas y al mismo tiempo coquetearles a todas aquellas manifestaciones procedentes del ancestro africano. El pasado de su familia lo vincula de manera irracional a la guitarra y al cuatro.

Su padre y su abuelo, fieles exponentes de los aires tradicionales de Puerto Rico, se encargaron de proporcionarle los elementos orgánicos para entrar en contacto con los instrumentos de cuerda. A pesar de ese legado familiar y de inclinar la balanza hacia el rock en su formato más duro, fue un guitarrista de flamenco quien lo convenció de convertir la música en su forma de comunicación por excelencia.

Cuando Ramón Ortiz tenía ocho años vio a Paco de Lucía sobre un escenario. En ese momento pasó desapercibido para él que un show de flamenco, cuyo protagonismo recae en una guitarra española, podía lograr un sonido tan cercano al metal. Guardó ese registro en la memoria y después de realizar sus estudios académicos en el Conservatorio de Puerto Rico entendió que la agresividad podía transformarse en un atributo para transmitir contundencia a través del instrumento.

“Me gusta la agresividad en la interpretación. Sin embargo, entiendo que la cuestión académica es una plataforma para saber comunicarse y entender el fundamento de las cosas. Desde mis inicios en la música me empezaron a llamar de grupos que hacían actividades por ahí, me contrataban para amenizar canciones de música popular. Me tocaba aprenderme casi 74 canciones y al cabo de dos semanas ya las tenía en la memoria. Todo eso lo podía hacer gracias al rigor que me dio pasar tres años en el conservatorio”, cuenta Ramón Ortiz, quien tuvo dentro de sus maestros a Ángel del Río.

La academia y la representación familiar le dieron la posibilidad al guitarrista boricua de plantear un panorama amplio para desarrollar sus habilidades con los instrumentos de cuerda. La presencia de los más importantes compositores clásicos le ayudó a tener el bagaje y la versatilidad, mientras que su padre y su abuelo le insistían en la ejecución de aquellas manifestaciones de las zonas rurales de su país, que el guitarrista define con una sola expresión: jíbaras.

“Mi adolescencia fue en la década de los 80, época en la que el rock explotó como espectáculo y se volvió un elemento vital para la radio. Mi papá y la generación anterior veían al género como una expresión musical extranjera y no me lo aprobaba en la casa, pero para mí el rock era emocionante, y como pude me hice fanático de él”, relata el reconocido guitarrista de Puerto Rico para quien la verdadera esencia del arte está consignada en los experimentos en vivo y en la generación espontánea que hace que la música sea irrepetible.

Carlos Santana fue uno de los primeros en atreverse a ubicar en sintonía el rock y los aires latinos. El guitarrista chicano puso al servicio de su instrumento todo un ensamble percutivo que tuvo y sigue teniendo la misión de proporcionarle un estilo definido a su propuesta. La batería compartió registro con las congas y los bongos y el resultado fue muy exitoso, así que Ramón Ortiz asumió que era hora de quitarle fórmulas al género y darle algo de sorpresa.

“Mis dos proyectos colectivos son Puya y Ankla. Ambas agrupaciones las fundé yo, aunque se diferencian en los compositores que convocamos para una y otra. Puya se creó en Puerto Rico, mientras que Ankla nació en Los Ángeles. Esa diferencia se manifiesta en el sonido, a pesar de que en el segundo proyecto quise mantener una identidad latina. En Puya hay elementos de rock pesado y del folclor puertorriqueño, así como inclusiones de funk y soul. Lo que más me gusta es convertir en masa todos los estilos sonoros”, dice el guitarrista que en 2013 publicó Ortiz, su primer trabajo discográfico como solista, en el que se dejó llevar simplemente por el amor hacia el instrumento.

La importancia de Ramón Ortiz para el rock y para la música puertorriqueña en general es tal que la marca de guitarras Fernandes le pidió que diseñara dos prototipos de instrumento y que planteara cuáles han sido los mayores inconvenientes que ha tenido durante su trayectoria artística. Ortiz se concentró y elaboró dos dibujos, al mejor estilo de unos planos, y la casa musical las llevó a cabo. Esas guitarras están en el mercado local.

Ramón Ortiz será uno de los invitados a los talleres diseñados para propiciar la reflexión y los contenidos académicos de Rock al Parque, evento organizado por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes). En Bogotá, hablará sobre la guitarra y mostrará que sus cuerdas son el terreno más fértil para el cruce entre estilos musicales.

Mayores informes en: www.idartes.gov.co.

jpiedrahita@elespectador.com

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