
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Mi historia no es tan diferente a la de todos ustedes: nací en una familia común, el 29 de abril de 1991. Era la primera hija, nieta y sobrina por lo que la emoción en la casa de la familia Galindo Troncoso era inigualable; todos los integrantes de la familia estaban reunidos esperando el primer llanto.
A las 10:00 de la mañana le informan a mis padres que había nacido con una malformación en mis extremidades superiores: Achería y déficit centra. Para hacerlo más fácil yo había nacido con dos dedos en una mano y tres en la otra por una amputación desde el vientre. En Medellín se estaba pasando por la peor época del narcotráfico vivida en Colombia y al realizar fumigaciones en algunos lugares cercanos a la ciudad, estas afectaron a mi madre generando una amputación inmediata en mis extremidades superiores. (Era la teoría más acertada después de varias que se hicieron).
Mi niñez y juventud fueron normales, tuve una educación llena de amor en la que nunca me trataron como alguien que no podía hacer las cosas, los ejercicios de motricidad que mi mamá me ponía a realizar todos los días también se los hacía a mis hermanos y primos porque todos necesitábamos desarrollar habilidades con las manos. Con esto no quiero decir que fue fácil, pues en el jardín y colegio los niños son muy crueles por la misma inocencia y era normal recibir apodos o preguntas constantes acerca de mi condición física. Lo bueno era que en mi casa me habían enseñado que el hecho de no tener una parte de mi cuerpo no me hacia diferente, así que yo disfrutaba con cada pregunta que me hacían los curiosos.
La universidad y el trabajo sí se fueron tornando más fuertes, ya que un niño pregunta, entiende, sonríe y olvida volviéndose tu mejor amigo en cuestión de minutos; pero un adulto ¡no! Es ahí cuando me di cuenta de que la sociedad colombiana no esta preparada para ser incluyente y eso me tocó vivirlo muchas veces por desplantes y demás sucesos.
Estudié Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Autónoma de Occidente, en Cali, y aunque me destacaba en las calificaciones mi sueño era estar frente a las cámaras, un sueño que logré en tercer semestre cuando me gané mi primer casting.
En ese momento le demostré tanto a mis compañeros, maestros y padres que mi condición física no era limitante para llegar a dónde yo quería. Lo que ellos no sabían era que yo estaba llena de sueños y metas por cumplir. Y en ellas iba a trabajar día y noche por alcanzar.
Después de tres años trabajando en televisión como presentadora y realizadora en dos programas juveniles me arriesgué a buscar un medio más grande en Bogotá, pero es ahí donde vuelvo y me estrelló pues mis manos terminaban saliéndose de ese estereotipo y estatus que debe tener una presentadora de un canal regional o nacional. Después de tocar muchas puertas me cansé de intentarlo y paré por un tiempo considerable. No me estaba rindiendo, simplemente decidí trabajar en otros conocimientos que me servirían para este momento.
Este tiempo me sirvió para descubrir nuevos sueños, pues durante muchos años venía con la idea de crear un blog para hablar de las malformaciones en extremidades superiores siendo un tema que me ha llamado la atención siempre, tal vez por la intriga de saber si existía alguien como yo o si mi malformación era más común de lo que yo pensaba. Así que en 2016 materialicé la idea creando mi propio blog: “I’m Possible”, un espacio en el que relataba historias de mi vida personal y respondía preguntas acerca de las malformaciones que a su vez me servían de catarsis.
Teletón llegó a mi vida tras un mensaje de Instagram. La fundación me invitaba a visitar el centro de rehabilitación de Soacha. Los te Teletón habían llegado a mí por medio de mi blog y me hicieron entender que mi visita era importante para ellos, así que acepté y me enamoré de cada espacio, de cada historia y de ver cómo hacen las cosas de especiales para los usuarios y sus familias. Ese día pregunté todo lo que me perturbaba porque se dicen muchas cosas y quería saber qué tan cierto eran. A partir de ese momento empecé a unirme más y más a Teletón, y ese año contaron mi historia de vida en el evento y un año después me dieron la noticia de ser embajadora digital.
De Teletón se pueden decir muchísimas cosas porque eso pasa cuando no se tiene el conocimiento de lo que realmente sucede; escuchar chismes y difamaciones es común cuando uno hace las cosas bien y yo estoy convencida de que Teletón va por buen camino. La rehabilitación no es tarea fácil, se los digo yo que he pasado por esto durante toda mi vida; y encontrar una fundación que apoye a personas con discapacidades físico motoras y que además piense en la inclusión social debe ser abanderada como ejemplo para los colombianos.
Este año la Fundación Teletón le apuesta a creer en las capacidades de los demás, a demostrar por qué necesitamos de la ayuda de todos los colombianos y de cada peso que se pueda aportar. Con esto les quiero dejar un dato: el 75% del dinero recaudado (la meta final) se da gracias al peso a peso de cada colombiano que aporta voluntariamente; y el 25% se da gracias a aporte de las empresas que apoyan durante el evento, lo que quiere decir que sin ustedes el apoyo para la rehabilitación de 17.000 Colombianos en condición de discapacidad físico motora no sería posible.
Hoy no pretendo convencerlos de nada, solo quiero que conozcan la historia de una persona que lucha diariamente por superarse y aprender de manera diferente sin sentirse menos por haber nacido con una malformación física.