Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Ruddy, ¿ha tenido algún amor de carnaval?
Cuando era chiquita tuve un amor de carnaval maravilloso. Fue en Todasana, una de las playas más espectaculares de Venezuela, en donde se hace un festival tradicional de tambores. Tenía 15 años y viví un amor de verano divino, de esos de besito tímido y cogidita de mano. Lo más chistoso es que también se llamaba Caliche, como el personaje con quien tengo mi romance en la telenovela.
¿Qué tiene de especial un amor de carnaval?
Para mí, ese que te cuento fue mágico, estuve una semana y media con mi chico y con mis amigos para arriba y para abajo, en medio de tambores, playa y mar.
¿Qué la atrapa de Barranquilla?
Definitivamente la gente. Me encantan los barranquilleros por descomplicados, por alegres y por sinceros. Tres de mis grandes amigos son barranquilleros: María Lara, Nicolás Tovar y Pedro Payares.
¿Cuánto pesa un apellido en Barranquilla?
No sé exactamente, pero he escuchado por ahí que mucho… creo que pesa tanto como un traje de carnaval.
¿Qué hace a la Costa Caribe un nicho de historias para las telenovelas colombianas?
Las historias caribeñas son únicas, por increíbles, por divertidas, por su sabor, por su color, por su pasión, por sus paisajes, por el calor. La historia de Adela Donado, mi personaje en Amor de Carnaval, es linda por lo pícara, por lo prohibida y por lo clandestina.
¿Qué le ha entregado Colombia?
Lo mejor de mí. Mi honestidad.
¿Cuál consideraría la mejor telenovela que se ha producido en Colombia?
Por todo el éxito mundial es innegable que dos: Café, con aroma de mujer y Yo soy Betty la fea, ambas por la originalidad de sus libretos y por ser ciento por ciento de aquí.
¿Cuántos carnavales de Barranquilla ha disfrutado?
Ninguno, pero ya me lo conozco porque toda nuestra novela es un carnaval. Grabando, he tenido la oportunidad de conocer la cultura y las costumbres barranquilleras. Conocer es delicioso, y además me he divertido mucho. Ah, y espero que el próximo año me inviten.
¿Su personaje preferido del Carnaval?
El Congo, porque tuve que ponérmelo para las escenas del cabezote de la novela. Mi Congo fue de fantasía, en color rojo intenso, con detalles dorados en el vestido y en el tocado. Fue un honor vestirme así; según entiendo es uno de los disfraces más antiguos del Carnaval y está inspirado en danzas guerreras del áfrica.
¿Qué tan carnavalera será esta historia?
Un 95%. Además es la primera vez que se toca el Carnaval en una novela. Al público le encanta aprender y culturizarse. Imagínate, yo, que soy venezolana y vecina de Colombia toda la vida, y no conocía los detalles del Carnaval. Estoy dichosa aprendiendo.
¿Cómo alargar un carnaval para que se convierta en telenovela?
Hay mucha tela que cortar. Los barranquilleros, al igual que los brasileños de Río, se demoran un año preparando sus fiestas, y nosotros sólo tenemos 200 capítulos para enseñarles a los televidentes cómo es ese gigantesco evento.
¿Cómo ve hoy las telenovelas venezolanas?
En crisis. Hay crisis de escritores y de historias. Lo que pasa es que la televisión refleja la realidad del país, y hoy en día no podemos reflejarla porque nos meteríamos en problemas. El reinado de Latinoamérica lo tiene hoy Colombia.
¿Siguen siendo grandes melodramas?
Le siguen apostando a eso, pero en Venezuela tendremos que entender que es hora de cambiar la fórmula.
¿Qué tanto le gusta el béisbol?
Muchísimo, y soy muy buena. Antes de comenzar grabaciones hice varios días de prácticas y todos quedaron sorprendidos cuando atajé, lancé y robé bases. Me devolví a mi infancia, cuando jugaba en la calle con mis amigos.
¿Cómo describiría a Chávez?
Es un hombre complejo.
¿Cómo describiría este momento de su vida?
El mejor. Me lo estoy gozando a nivel personal y profesional
¿Qué papel de los que ha interpretado hubiera preferido rechazar?
Ninguno. Todos me los he gozado porque yo tomo mis decisiones y las tomo por algo. No rechazaría ni una telenovela que hice en Puerto Rico que no pasó del primer capítulo. La vida hay que gozársela.