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“Al fin una entrevista en la que no tenga que hablar sobre el estreno de alguna película”, bromea Shirley MacLaine al entrar en la suite 705 del hotel Beverly Wilshire, justo en frente de Rodeo Drive. En la mano derecha, mostrando unos anillos de plata que ella diseñó especialmente, trae una copia de su libro Sage-ing While Age-ing, en el que hace una relación entre el envejecimiento y la sabiduría de una vida de película, como sólo Shirley MacLaine puede vivirla.
Con bastante modestia, en el libro no habla del Óscar que ganó por Terms of Endearment en 1983, ni las otras cinco nominaciones, pero sí cuenta sobre su relación personal con Frank Sinatra y Dean Martin, describiéndolos como “los dos italianos con ‘mafiosos’ comienzos”. Con ellos había filmado la versión original de Ocean’s Eleven, mucho antes que George Clooney y Brad Pitt, claro.
MacLaine no tiene reparos en señalar que Dean Martin había trabajado como dealer de blackjack la noche que el mafioso Bugsy Siegel estrenó el casino Flamingo en Las Vegas. Y, para agregar más leña al fuego, la actriz se atreve a ‘incendiar’ la fama de Sinatra comentando que “siempre tuve la impresión de que Frank pretendía el trono de la mafia”.
También confiesa haber estado enamorada de Martin, aunque “nunca llegamos a nada. Nunca tuve relaciones físicas con ninguno del grupo. Yo era demasiado joven”.
¿Qué opina de las actuales superestrellas, como Julia Roberts y Jennifer Aniston?
¿Por todo lo que viven públicamente? Ellas eligieron lo que hacen, no son ningunas víctimas. Julia ha reaccionado muy bien en ese sentido. Es una chica que viene de Smyrna, Georgia. ¿Qué se puede esperar? Le gusta ser madre y ama de casa. Ya veremos cuánto dura, pero me parece que por ahora es su verdad. Y Jennifer es extraordinaria. Cuando filmamos la película Rumor Has It, la vi pasar por todo eso (con su divorcio de Brad Pitt). ¿Sabes a cuántas mujeres dejan plantadas los hombres? Y la forma en que ella se comportó es un ejemplo público, muy madura, aun cuando estaba sufriendo. La admiro.
¿Y las estrellitas más jóvenes, como Lindsay Lohan, Paris Hilton o Britney Spears?
Creo que están mostrando el significado de la adicción a la fama y cómo, a veces, también te arruina. Es lo que le pasa a tu alma si existe una adicción por que te saquen una foto todo el tiempo, porque todos en alguna forma quieren ser famosos. Yo no lo entiendo.
Y a veces tampoco importa la razón por la cual son famosas…
Exacto. Y también son ejemplos negativos, por la droga, el alcohol, la moda. Arruinan su talento para ser famosas. Y ellas tampoco son víctimas. En cierta forma les enseñan a los más jóvenes a que no hagan lo mismo, que trabajen y entiendan quiénes son.
¿Usted nunca tuvo alguna experiencia con drogas en Hollywood?
Una vez estaba en una fiesta muy extravagante de Hollywood y había un recipiente de plata con algo que yo pensé que era edulcorante Sweet ‘N Low. Puse un par de cucharadas en mi taza y por supuesto la anfitriona se escandalizó de golpe. No llegué a tomarlo porque enseguida me dijo: “Eso son mil dólares en cocaína”. Era una fiesta privada; no es algo que sirvan en los restaurantes.
¿A quién está dirigido el libro ‘Sage-ing Within Age-ing’?
A todos, pero realmente quiero que lo lean los jóvenes que todavía están en la universidad porque toco temas para los cuales ellos todavía no han sido programados. Quiero darles algo de sentido para que no cometan los errores que nosotros cometimos.
¿Cómo es que comenzó a interesarse por los extraterrestres? ¿Cuándo fue la primera vez que oyó hablar sobre un ovni?
Mi primera experiencia fue a los 18 años. Estaba en Arlington, Virginia, frente al río de Washington, de donde vengo. Un par de escuadras de ovnis habían pasado por encima del Capitolio y la Casa Blanca. Está documentado. Fue el 19 de julio de 1952. Nadie sabía qué hacer. (El presidente) Truman puso al general Stanford en televisión y dijo: “No sabemos qué son. No son nuestros y no son rusos”. Esa fue mi primera experiencia. Ahí me pregunté: ¿qué está pasando? Me llamó la atención y a partir de ese entonces me interesó el tema.
¿Cómo fue aquella primera experiencia extracorporal que tuvo en Perú?
Ahí comprobé que no somos seres físicos buscando nuestro espíritu. Somos almas que experimentan con lo físico. Estaba fuera de mi cuerpo, mirándome a mí misma y al resto del mundo, y me di cuenta de que eso es lo que pasa cuando alguien muere. Mi padre también había tenido una experiencia extracorporal y yo fui la primera persona que se enteró cuando le leí mi libro Out on a Limb. Siempre les leo mis libros a mis padres. Una noche, él había chocado por estar borracho y tuvo esta experiencia en la que pasaba por una luz brillante y a través del universo; se encontró con su padre y otros seres queridos que extrañaba. Y cuando pensó que estaba muriendo le dijeron: “No. Debes volver y terminar”.
¿Conoce alguna otra estrella de cine que haya tenido alguna experiencia similar?
Frank Sinatra estaba muy interesado en la reencarnación. Fue y visitó al Papa al final de su vida, y entre nosotros hablamos sobre su creencia de haber vivido antes. Decía que tenía experiencias con la música, porque me hablaba mucho de cómo escuchaba acordes o música en su cabeza durante toda su vida. Pensaba que venían de una existencia anterior. Dean Martin no hablaba del tema, pero Sammy Davis Jr. también estaba muy interesado.
Hablando de ‘seres de otro planeta’, ¿es cierto que conoció personalmente a Fidel Castro?
Sí. Fue tremendo, era muy curioso, me planteó todo tipo de preguntas sobre el jugo de naranjas envasado o cómo funcionan los ascensores en los edificios más altos. Pasé 18 horas con él. Había llevado la película The Turning Point para que los cubanos la vieran, y después me encontré con la bailarina Alicia Alonso, que vive allá, porque somos viejas compañeras de ballet.
En el libro justamente aclara que no se acostó con Fidel Castro. ¿Él lo intentó al menos?
No. Se interesó más por mi cerebro, se acostó con mi cerebro.
Acerca de ‘Sage-ing While Age-ing’
Más allá de la vida profesional que disfrutó en Hollywood, en su libro Sage-ing While Age-ing, Shirley MacLaine también intenta revelar la sabiduría propia de aquellas experiencias personales que ninguna película llegó a mostrar.
Así, habla sobre los diferentes viajes por Cuba, Rumania, Checoslovaquia o la China Comunista “antes de que otros extranjeros fueran admitidos”; sobre aquella vez que fue a la India por una semana y “me quedé por un mes y medio” o la aventura en Machu Picchu de Perú “con un hombre que dijo que había tenido una relación amorosa con un extraterrestre”.
“Realmente quiero que (el libro) lo lean los jóvenes que todavía están en la universidad, porque toco temas para los cuales ellos todavía no han sido programados. Quiero darles algo de sentido para que no cometan los errores que nosotros cometimos”.