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“Fui perseguido por el general Palomino”

El coronel (r) de la Policía Reynaldo Gómez precisa las quejas judiciales internas y externas que interpuso contra Rodolfo Palomino por persecución laboral. Indica que nunca lo denunció por acoso sexual, pero que sí relató, en un oficio que radicó en el propio despacho del director, un incidente de ese tipo que sucedió con él.

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¿Cuándo y por qué decidió denunciar un supuesto acoso sexual del general Palomino a usted?

No he denunciado al general por acoso sexual, como han dicho los medios. Puse una queja disciplinaria contra él en la Procuraduría, pero por acoso laboral, en marzo 2013.

Entonces, ¿a qué se debe el malentendido?

A raíz de un oficio que le envié, más recientemente, al propio general Palomino -el 5 de mayo de 2015- en que le pedía, nuevamente, suspender la persecución laboral en mi contra que viene, según el relato que hago, desde la época en que me ocurrió un incidente con él, entre 1998 y 99. Recordé lo siguiente: el entonces teniente coronel Rodolfo Palomino ingresó a la oficina de la “remonta” (denominación interna de la Policía) en la Escuela Rafael Núñez de Corozal, Sucre. Yo me encontraba ahí con la puerta cerrada, pero sin seguro, cambiándome de ropa. Cuando él entró, con signos visibles de haber ingerido licor, me manifestó que yo le gustaba, que quería tener “algo” conmigo y que si podíamos salir. Me sorprendí mucho y lo único que se me ocurrió decirle fue: “Mi coronel, no lo tome a mal, pero a mí me gustan las mujeres”. Procedí a salir inmediatamente porque me sentí muy incómodo ante esa situación.

¿Qué lo llevó a enviarle un oficio directamente al general Palomino, en 2015, dos años después de haberse quejado en la Procuraduría?

En 2013 puse la queja en la Procuraduría, es cierto, pero percibí que nunca pasó nada y el acoso laboral continuó. En el oficio que le envié al señor general, en 2015, le solicitaba dos puntos: 1, que cesará su persecución contra mí, y 2, que le remitiera a la Procuraduría una investigación disciplinaria que me acababan de iniciar en la Policía por haber dado unas declaraciones a la W. Yo pretendía que ese organismo revisara el proceso en mi contra porque era independiente y fallaría en derecho. En la Policía no tenía ninguna oportunidad de ser juzgado imparcialmente.

Antes de continuar, le pregunto, ¿alguna otra vez volvió a tener un incidente sobre pretensiones sexuales de un superior suyo?

No. Nunca más, afortunadamente.

¿Por qué el general Palomino lo perseguiría a usted laboralmente 17 años después del incidente sexual que usted, según recuerda, ocurrió en el 98?

Porque en 2013, cuando decidí poner en conocimiento de la Procuraduría mi situación laboral, me trasladaron de Cali a la Dirección de Seguridad Ciudadana en Bogotá, con tan mala suerte que el director era el general Palomino, con quien nunca me había tocado trabajado antes, cotidianamente. La persecución contra mí se materializó en cuanto llegué a mi cargo, en los diferentes escenarios de trabajo en que teníamos que interactuar.

¿En qué consistía la que usted define como “persecución” de Palomino?

Su trato conmigo era despectivo y humillante. No me permitía contestarle. Me ridiculizaba y me decía, a modo de advertencia, que él no era el coronel Arango, un gran amigo suyo a quien yo había denunciado por otros hechos, precisamente en la época de Corozal. Cuando me lo nombraba, quería indicar que yo no me podía meter con él porque era un general. Siempre alardeaba de su rango frente a mí.

En cuanto al oficio que le entregó el año pasado a él mismo, ¿lo radicó formalmente o la entrega fue informal?

Fue con número de radicación. Justamente por haberlo hecho de manera oficial se produjeron varias reacciones: primera, el general nunca le dio trámite a mi oficio y tampoco lo envió a la Procuraduría. Segunda, él dio la orden a oficiales de su círculo, que me citaran a una reunión en la oficina del secretario general, coronel Ciro Carvajal. Quien me avisó de la cita fue el coronel Flavio Mesa, comandante de la Policía de Cundinamarca. Y cuando llegué, también estaba allí un asesor del secretario Carvajal, hombre de mucha confianza del director Palomino: el mayor John Quintero.

¿Para qué era la cita?

Para decirme que el oficio que le envié al general era “inconveniente”. Al principio no entendía qué pretendían hasta cuando sugirieron que escribiera un nuevo documento para retractarme del primero, porque no era bueno para la institución, para el general, para ellos ni para mí. El segundo oficio que me pedían era necesario, según expresaron, porque con la radicación del primero, no lo podían desaparecer. Me negué. Ellos insistieron y aseguraban que si yo hubiera entregado el oficio sin radicación no hubiera habido problema. Dejaron entrever la zozobra del general con ese papel y quedó en evidencia que quien los había mandado a hablar conmigo era él (apartes de la conversación en la parte superior de la página).

Pero, ¿de qué les serviría un segundo oficio si el primero era oficial?

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Aun si quedara rastro de la radicación del primer oficio, el general Palomino habría podido controvertir la verdad que yo decía allí con mi supuesta retractación. Ellos querían tener la defensa lista en caso de que se presentara un escándalo.

¿Usted qué les contestó, finalmente?

Con toda claridad les dije que yo no iba a escribir ni a firmar otro documento. La presión continuó al punto de que el coronel Carvajal mencionó a mi familia y me dijo que pensara en ella. Decidí seguirles la corriente y, por eso, empezaron a indicarme qué debía decir en el oficio de la retractación. El mayor Quintero se sintió tan confiado, que llegó a decirme, con toda claridad, que si yo hubiera ido con mi abogada a la cita, no habríamos podido hacer la reunión.

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Ya se conoció la grabación de lo que se dijo en esa reunión. Es evidente que quien grabó fue usted. ¿Por qué lo hizo?

Cuando el coronel Mesa me dejó saber que la reunión se iba a realizar por orden del general Palomino, sospeché que podría tratarse de algo irregular y quise protegerme, legítimamente.

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Le vuelvo a preguntar: ¿los tres oficiales mencionados tenían el encargo de Palomino de presionarlo a usted para que se retractara de sus afirmaciones sobre el acoso laboral y el incidente sexual de hace 17 años?

Sí. Quedó en evidencia, plenamente, la encomienda del general Palomino en el transcurso de la conversación que por fortuna grabé.

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El general, en su defensa, dijo que usted pretendía acceder a ascensos privilegiados o a conseguir, por vía de hacerse la víctima, asilo político en España porque su hijo vive en ese país. ¿Qué le responde?

Que son falsas. No existe ningún trámite mío ante la Embajada de España para solicitar asilo, pese a que he sufrido amenazas de muerte y a que tengo la certeza de que detrás de dichas amenazas estuvo el general Palomino. Mencionar a mi hijo Sebastián Gómez, El bogotano, joven novillero que se encuentra en España con nuestro esfuerzo económico familiar, es una actitud canalla y desesperada.

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Su afirmación sobre la responsabilidad del general Palomino en las amenazas contra su vida es muy delicada. ¿Por qué la hace tan rotundamente?

Por todo el contexto de los hechos, incluyendo una confrontación mía, años después, con un exalcalde de Zipaquirá, municipio a donde fui asignado en 2014; también por el antecedente de su amigo, el coronel Arango, que quiso acabar con mi vida en hechos que denuncié en su momento. Llegué a recibir llamadas advirtiéndome que me cuidara porque había un plan para matarme.

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Insisto: el exdirector de la Policía dijo que usted le pidió un cargo en el exterior y dejó conocer una carta suya con ese sentido aparente.

No es cierto. Él le dio un sentido de conveniencia a una de mis comunicaciones para defenderse siendo claramente sarcástica: como dilataban la respuesta a mi solicitud de retiro porque yo había sido enterado de que la persecución contra mí iba a continuar hasta “empapelarme” (enredarme judicialmente) yo quise dejar constancia de que mientras se me negaba lo que por derecho me pertenecía, a los hermanos del general Palomino y a su círculo de protegidos les otorgaban toda clase de privilegios.

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¿Cuáles privilegios?

Por ejemplo, el coronel José Luis Palomino, que estuvo involucrado en un escándalo por tráfico de influencias cuando intervino en un caso de los de “usted no sabe quién soy yo”, que protagonizó el ayudante del exdirector de la Policía, capitán Lasso, en lugar de ser investigado, fue premiado con una comisión oficial a Argentina. El propio capitán Lasso, muy cercano al exdirector, fue enviado a China también en comisión. En la comunicación que refiere el general yo le decía que si existía el derecho a la igualdad, me tenía que mandar al exterior por mi impecable hoja de vida. Como le dije, se trataba de una denuncia mía a los privilegios, no de una petición ni menos de un acto de lagartería.

¿Cuántos viajes al exterior hizo por cuenta de la Policía?

En veinte años de servicio al Estado jamás me enviaron al exterior, a pesar de tener derecho a lo que se denomina un “viaje de referenciación”, después de terminar el curso de Academia Superior, que en mi caso correspondía a Estados Unidos. El director Palomino ejerció influencia para impedirlo. Y nunca fui.

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Cuando se conoció la grabación separaron, al menos temporalmente y por el escándalo mediático, a los tres oficiales que se reunieron con usted. ¿Sabe qué pasó con ellos?

Hasta donde sé, los tres siguen activos y protegidos por la institución. Del mayor Quintero se conoce que lo ascendieron a teniente coronel y está en un cargo estratégico. La comparación de su suerte con la de otros oficiales es evidente: el intendente Edwin Barrero, comandante de la estación Tena, Cundinamarca, fue suspendido de inmediato por ponerle un clic en “me gusta” a un video crítico con la Policía, en Facebook. Hoy él sigue suspendido y su familia sufriendo la falta de ingresos económicos. Y los que pretendían ocultar la verdad judicial gozan de las ventajas de la institución.

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Usted ha denunciado, además de Palomino, a otros oficiales y civiles. ¿No será que es conflictivo?

Si cumplir con la misión misional de la Policía y no permitir irregularidades en la institución para la que servimos es ser conflictivo, entonces, lo soy. En cambio, no soy hipócrita ni lambón.

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¿Qué sabe de la Comunidad del Anillo?

Creo prudente hablar sólo de mi caso para no confundir a la opinión ni entorpecer las investigaciones.

¿Es verdad que la Policía está dividida en dos bandos y que las denuncias no son ciertas sino producto de las venganzas entre los partidarios del general Palomino y del general Ramírez, que fue retirado hace poco?

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No es cierto que haya una división entre dos oficiales. Existe una pelea de egos entre 21 bandos, uno por cada general que comanda una dirección. Eso ha producido una desmoralización de los policías que se evidencia en la mala calidad del servicio y falta de motivación por falta de una política correcta y por méritos de ascensos; respeto por las antigüedades, tablas salariales, estabilidad territorial y planeación de los traslados. Nada de eso existe. Allá reina, hace tiempo, la “caprichología”.

“¿Cartel de reintegros? No, reclamo justo de derechos”

Usted está tramitando su reingreso a la Policía después de haber insistido en que le concedieran el retiro. ¿Hace parte, entonces, del supuesto “cartel de los reintegros” que denuncia el sector cercano al general (r) Palomino?

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Mi retiro (concedido el 23 noviembre de 2015) no se dio en forma voluntaria, sino debido al acoso laboral de que hemos hablado en esta entrevista. En el acto en que se me notifica mi retiro quedó registrado que aceptan mi renuncia motivada, en la que sostengo que soy víctima de persecución por parte del que era director de la Policía. Pero es contradictoria la concesión de mi retiro, porque en respuestas anteriores, la misma institución argumentó que no podía darle trámite a mi solicitud por haberla hecho con motivación. No hago parte de ningún cartel de reintegros, sino que reclamo el respeto a mis derechos. Además, no creo que exista tal cartel. Hay, sí, una serie de actos administrativos irregulares y mal elaborados desde el punto de vista jurídico, por funcionarios ineptos y torpes que vulneran los derechos de los policías y les dan herramientas a los afectados para que demanden y soliciten justamente su reintegro.

El documento de la denuncia contra el exdirector de la Policía

En uno de los apartes de la grabación que el coronel (r) Reynaldo Gómez hizo durante la reunión en que tres oficiales cercanos al general (r) Palomino intentaban que él se retractara de sus afirmaciones sobre una supuesta persecución laboral del exdirector en su contra, generada —según Gómez— por su negativa a acceder a las presuntas pretensiones sexuales del entonces coronel, se escucha a uno de los oficiales decirle: “Yo sé cómo funciona esto. Por eso se lo digo: el documento (de su denuncia) tiene una ‘trazabilidad’… no va a volver a decir nada. Usted o cualquiera otro lo puede sacar (en público) y genera un debate que no le sirve en primer lugar a usted; no solamente al director, a usted ni a mi coronel… genera un debate que finalmente perjudica a la institución… al mismo director no le sirve… incluso después de que mi general se vaya…”. La preocupación de los oficiales que querían convencer a Gómez radicaba en que éste le decía a Palomino, en un oficio registrado oficialmente, que le solicitaba “frenar la persecución laboral que usted tiene en contra mía… desligue su condición personal y sentimental frente a lo laboral en lo que respecta a mí… (pues) hay circunstancias del pasado que no ha podido usted superar y que lo mortifican…”.
 

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