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Lamentablemente, en ocasiones las personas traicionan sus convenios y, por ejemplo, la pareja resuelve ser infiel, el cuñado resulta un estafador o el líder de una comunidad termina engañando a su propia gente. En estos escenarios, a los afectados les cuesta trabajo aceptar la realidad, viven el horror, la impotencia, la negación y las idealizaciones que caracterizan la experiencia del trauma.
Ya es suficientemente complejo el que faltar a los compromisos adquiridos voluntariamente se haya convertido en una práctica cotidiana, como para que además comencemos a tratar a los traidores como si fueran víctimas y a los vengadores como héroes o mesías. ¿Será que podemos salir de semejante confusión?
No es raro, por ejemplo, que un marido al descubrir la infidelidad de su esposa considere que ella no es responsable y más bien ha sido víctima de la habilidad de un peligroso seductor, este sí malvado. Y, entonces, bajo este entendimiento, enfile contra aquel toda su destructividad. Quienes lo miran podrán pensar que actúa como un salvador o un héroe que defiende a su doncella del malévolo donjuán, o que es un redentor que rescata y preserva la unidad familiar al castigar al perverso. Nada más lejos de la verdad.
Esta conducta, aunque desde luego es explicable por el impacto que produce una traición, no es sana ni constructiva. Está muy lejos de lo que un héroe haría.
Y es que un superhombre cuando enfrenta un problema se retira a su mundo interno para encontrar fuerza y solidez inspirándose en los mas altos principios. No responde con impulsividad, sino que enfrenta la reconstrucción de su ser para sanar su herida y, finalmente, encuentra la sabiduría.
De manera que cuando un héroe decide ir a la lucha tiene un propósito más grande que la venganza personal. Es así como han pensado verdaderos líderes como el Mahatma Gandhi, quien precisamente creía que la pureza de los medios debía ser igual a la de los fines y que todo derecho que no lleve consigo un deber, no merece que se luche por defenderlo.
La realidad es que el marido de nuestro ejemplo sólo se comporta con un vengador a quien en su acción le faltan todas las condiciones del héroe. Su comportamiento es el resultado de una falta de principio de realidad. En lugar de asumir y analizar su propio matrimonio para entender su responsabilidad y la de su señora, cree que salva su relación si liquida al “enemigo”.
No nos llamemos a engaños, ni en lo personal ni en lo social, un héroe o una heroína iluminan con la verdad sus acciones y conducen a sus seguidores por senderos donde lo mejor de ellos puede surgir.
Qué grave para el futuro de nuestra nación que las siguientes generaciones llamen héroes a quienes sin reato de conciencia faltan a la verdad, a los acuerdos y a los que se comportan como simples vengadores con exceso de poder. Sólo tendremos un futuro digno cuando el héroe que habita en cada ser humano se encargue de encontrar una respuesta valiente y trascendente frente al dolor y el horror de la traición.