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Antes de ir a dictar cursos en Harvard, explica en qué consiste el proyecto “Historia Hoy”, una singular recopilación de investigaciones de miles de estudiantes sobre la vida de los habitantes de la Independencia, que su cartera impulsó para conmemorar el Bicentenario, cuya celebración central será el próximo martes.
Cecilia Orozco Tascón.- La versión oficial de la historia que aprendimos colombianos de muchas generaciones fue la de “Henao y Arrubla”. Con el programa “Historia Hoy: aprendiendo con el Bicentenario de la Independencia” ¿hay un reconocimiento oficial de que Henao y Arrubla deben ser reemplazados?
Ministra Cecilia María Vélez.- El objetivo central del programa es desarrollar una forma de aprender y enseñar la historia acorde con las exigencias del siglo XXI. Hoy sabemos que no hay una sola versión sobre los acontecimientos, sino que, de acuerdo con la acumulación de investigaciones, el descubrimiento de nuevas fuentes y sobre todo, la posibilidad de hacerse múltiples preguntas, podemos llegar a muchas explicaciones complementarias e incluso contradictorias del pasado. Esto dista mucho de lo que el sector educativo hizo hace 100 años con la premiación de la obra de Henao y Arrubla, y su consagración como texto oficial.
C.O.T.- En el proyecto “Historia Hoy” participaron, por convocatoria del ministerio, miles de alumnos, docentes y colegios de todo el país. ¿De qué manera se organizó esa participación tan extensa?
C.M.V.- Se organizó en tres etapas: en la primera, que comenzó en 2008 y se llamó “Los estudiantes preguntan”, invitamos a niños y jóvenes desde primaria hasta educación superior a que formularan inquietudes sobre los que les interesaría investigar alrededor de la Independencia. Se seleccionaron las 200 preguntas más interesantes para dar inicio a la segunda etapa llamada “Construyendo respuestas”, en la cual desde 2009 los mismos estudiantes fueron convocados para que adelantaran procesos de investigación para responder esas 200 inquietudes. La tercera etapa que comienza ahora y culmina en diciembre se convocó para que los participantes construyan historias sobre lo que estaba pasando en su barrio, vereda, municipio, ciudad o región hace 200 años.
C.O.T.- ¿Cómo y quiénes escogieron el método para hacer esta recolección múltiple de datos históricos y cómo se llegó a la selección final de las 200 preguntas y las mejores investigaciones?
C.M.V.- El proceso de selección de las preguntas tuvo dos pasos: primero, 270 estudiantes y docentes de educación superior (específicamente de pregrados y maestrías de Historia y Ciencias Sociales) hicieron una preselección de las mejores 800 preguntas, de las 16.500 que llegaron. Luego, un comité conformado por 19 historiadores, pedagogos, representantes de las comunidades indígenas y afrocolombianas, y estudiantes, seleccionaron las 200 preguntas finales. En cuanto a la selección de las investigaciones, 110 docentes y estudiantes de posgrados en Historia y Ciencias Sociales hicieron la evaluación y un comité final de historiadores y pedagogos eligieron las 50 ganadoras. Para el caso de la convocatoria de Educación Superior, 15 de los historiadores más reconocidos de las universidades del país seleccionaron los proyectos ganadores.
C.O.T.- El programa es muy interesante como ejercicio educativo, pero, ¿no existe el riesgo de que contenga muchos errores producto de la inexperiencia investigativa de los estudiantes?
C.M.V.- Hicimos grandes esfuerzos capacitando a docentes a través de talleres que, en un inicio, les dieran herramientas para acompañar a sus estudiantes a formular preguntas y, luego, a enfocarse en las investigaciones de aula. Luego, hicimos otro esfuerzo enorme para poner a disposición de maestros y alumnos distintas fuentes primarias. Por ejemplo, hubo un proceso masivo de digitalización de fuentes históricas por parte de entidades, como la Luis Ángel Arango y la Biblioteca Nacional, que permitieron que en muchos colegios se consultaran recursos directamente relacionados con los eventos de la Independencia. Asimismo, el ministerio, con el apoyo del sector privado, distribuyó a través de su Colección Bicentenario un amplio compendio de fuentes primarias, tanto escritas como visuales, y varios extractos de fuentes secundarias (libros, estudios académicos, artículos).
C.O.T.- La tercera etapa de la que usted habla consiste en un proceso que está pendiente y en el cual se construirán historias de la Independencia, correspondientes al municipio de donde son oriundos los participantes. ¿Cómo se desarrollará?
C.M.V.- Varias de las investigaciones que hasta ahora hemos recibido tuvieron un fuerte componente local. Es decir, adaptaron las preguntas iniciales para poder indagar por personajes, procesos o acontecimientos de su región. El grueso de este esfuerzo se verá en el proyecto “Historias locales, memoria plural”, que irá hasta el fin de año cuando se podrán evaluar muchas versiones distintas de lo que ocurrió en el período de la Independencia para enriquecer los relatos que tradicionalmente enseñamos y que se centraron casi exclusivamente en lo que pasó en Santafé.
C.O.T.- ¿Está garantizada la continuidad del programa pese al cambio de gobierno?
C.M.V.- Tenemos comprometidos los recursos para terminar este año con la tercera fase. De todas maneras, esperamos que el sucesor aprecie la maravillosa acogida que ha tenido el programa en el sector educativo, y especialmente el entusiasmo de los estudiantes.
C.O.T.- ¿Cuáles son los resultados más importantes en cuanto a modificación, incremento y precisión de conocimientos históricos de la Independencia, y también en materia pedagógica?
C.M.V.- Creemos que el programa “Historia Hoy” ha sido ante todo una propuesta que ha logrado transformar las clases de ciencias sociales. A partir de esa transformación se le puede mostrar al país que sí es posible construir procesos que desarrollen nuevas competencias que sean coherentes con el pensamiento histórico que se necesita para el siglo XXI. Basta leer cualquiera de las 200 preguntas ganadoras o cualquiera de las respuestas a esas inquietudes para comprender la diferencia que hay en esta aproximación al pasado, sobre todo con relación a la manera como muchos de nosotros aprendimos la historia: ya no prima la memorización, sino la investigación. Además, se ha podido demostrar que cuando el estudio de la historia se formula a partir de hoy, con las preguntas, inquietudes y necesidades del presente, es posible entender lo que fuimos, pero sobre todo, lo que somos ahora.
“Dictaré dos cursos en Harvard”
C.O.T.- Tal vez usted es la ministra de Educación que más tiempo ha durado en esa cartera: 8 años. ¿Estaba en sus planes permanecer tanto en el ministerio?
C.M.V.- Asumo los cargos como si fueran para toda la vida, pero estoy dispuesta a dejarlos en cualquier momento. Le explico: cuando veo necesidad de introducir cambios estructurales, los abordo, sin pensar si me voy a ir. Es decir, me comprometo a fondo con mi trabajo. Pero si las circunstancias externas me indican que debo retirarme, permanentemente estoy dispuesta a renunciar.
C.O.T.- A la hora de su retiro ya puede hablar de ciertos temas. ¿Cuántas veces le renunció al Presidente y por qué, si lo hizo, ‘renunció’ a renunciar?
C.M.V.- Tuvimos diferencias, pero siempre llegamos a acuerdos fundamentales. Debo agradecerle su apoyo frente a temas que él no compartía necesariamente. En consecuencia, no me encontré en la disyuntiva de pensar en una renuncia, pues hubo una relación de mutua comprensión.
C.O.T.- Usted fue considerada por la opinión como uno de los ministros estrella del Gobierno. ¿Las calidades de técnica de su sector y de independencia de criterio tuvieron que ver con esa percepción pública?
C.M.V.- Las características que usted menciona me ayudaron mucho a hacer una buena gestión, apoyada en un equipo muy profesional que llegó al ministerio mediante una selección de meritocracia pura que me propuse adelantar. Ignoro si eso está en el origen de la percepción de que usted habla, de la cual no soy consciente.
C.O.T.- Si a usted le propusieran ser de nuevo ministra de esta cartera o de otra en el gobierno de Santos, ¿aceptaría?
C.M.V.- Nunca he hecho planes a muy largo plazo, pero ya tengo decidido mi destino a partir de agosto y durante un año: la Universidad de Harvard me dio la oportunidad de dictar dos cursos en su escuela de posgrados en Educación. El primero, sobre planeación en el sector educativo y, el segundo, sobre implementación de políticas de educación.
C.O.T.- De Colombia se ha dicho que aunque tiene cubrimiento educativo superior a otros países de A. Latina, su calidad no está en los mejores niveles. ¿Cuáles resultados tangibles puede mostrar en estos dos aspectos?
C.M.V.- Se pueden mostrar dos tipos de resultados: nacionales e internacionales. El primero se evidencia en que pese al crecimiento en el número de bachilleres en el período —pasamos de 400 mil a 600 mil—, los promedios de los evaluados con el examen de Estado no disminuyeron. Esto es más significativo si consideramos que los estudiantes adicionales provienen de hogares humildes, con padres de bajos niveles educativos. En cuanto a referencias internacionales, en el Estudio de Tendencias en Matemáticas y Ciencias, entre 1995 y 2007, los estudiantes colombianos de octavo grado subieron 20 puntos en matemáticas y 24 en ciencias.
C.O.T.- Investigación es, tal vez, el campo más débil de la educación. ¿Incrementó su ministerio, de manera significativa, el presupuesto destinado a este campo?
C.M.V.-. La estrategia de aseguramiento de la calidad de la educación superior del ministerio ya ha dado frutos en cuanto a número de grupos de investigación y de doctores vinculados a las universidades. Esto se complementó con la política para fomento de la investigación y la formación de investigadores de Colciencias, cuya financiación retomó una senda positiva con la nueva Ley de Ciencia y Tecnología que creó el Fondo Francisco José de Caldas. En materia de visibilidad de la producción científica, según el grupo de investigación SCImago, en el período 2003-2008 el país pasó del sexto al quinto lugar entre 46 países de la región y entre 223 del mundo, pasó de 59 a 53.
C.O.T.- Un tema polémico de su gestión fue la readopción de la religión como cátedra obligatoria en los colegios. ¿Por qué se adoptó esa medida? ¿Hubo influencia de la Iglesia católica y del propio Presidente?
C.M.V.- No hay cátedra obligatoria de religión. En 1994 la Ley General de Educación definió unas áreas obligatorias para incorporar a los planes de estudio de los planteles del país y la de religión es una de ellas. La ley también definió que le corresponde al ministerio la tarea de emitir referentes para cada una de las áreas obligatorias, razón por la cual se expidió el decreto. Acatando lo ordenado por la Constitución y respetando la libertad de cultos, dicho decreto estipula que todos los estudiantes tienen el derecho de escoger libremente su asistencia o no al aula de clase para recibir formación religiosa.
Curiosidades que hacen historia
Fueron muchos los hallazgos y las metodologías que los estudiantes del país encontraron y aplicaron a la hora de buscar respuestas a sus preguntas, dentro del programa impulsado por el Ministerio de Educación, “Historia Hoy”, que quiso averiguar y dejar testimonio de la mirada con que los colombianos jóvenes del siglo XXI ven la forma de vida de sus antepasados de hace 200 años. Los resultados son sorprendentes: en Envigado (Ant.), los participantes escogieron investigar las tendencias homosexuales en el ejército patriota. Ellos encontraron en la sección de Patrimonio Histórico de la Biblioteca de la Universidad de Antioquia una fuente primaria poco conocida, en donde se habla expresamente del tema. Unas alumnas de Santa Marta decidieron indagar sobre la Conquista, pero de las mujeres por los hombres. Rastreando en poemas y novelas, como El Alférez Real, todos los episodios de cortejo verificaron que los hombres decían, en ocasiones, lo mismo que los de hoy. Por ejemplo, “esa negra me vuelve loco”. Y en Bucaramanga otros estudiantes investigaron los dichos, agüeros y leyendas de la época y hallaron que muchos subsisten: el dicho el pez grande se come al chico fue pronunciado por primera vez por un abanderado del ejército patriota, a quien le quitaba parte de su salario mensual el dueño de los baúles donde se transportaba el dinero.
Cifras de Historia Hoy y de la Colección Bicentenario
El programa Historia Hoy ha realizado desde su inicio, en 2008, 469 talleres de formación para 15.670 maestros de primaria y de secundaria, en ciencias sociales. En la primera etapa estuvieron 16.500 estudiantes pertenecientes a 1.950 instituciones educativas de 533 municipios. En la segunda etapa hubo acompañamiento profesional para 1.052 instituciones que beneficiaron a 19.800 estudiantes. Se aliaron con el Ministerio de Educación, Colciencias y varias universidades públicas. La Colección Bicentenario es una excelente recopilación de materias específicas de la época que se utilizará, además de enriquecer la información histórica sobre la Independencia, en dotar los centros educativos del país de material para las investigaciones. En vez de enviar una única versión del pasado o un único libro de Historia Patria, se creó esta colección, que contiene más de 528 fuentes distintas. Para cada tema se eligió un experto editor que se encargó de compendiar fuentes y extractar trabajos académicos. Cada tomo dispone de cuadros, retratos y fotografías y de cinco discos con material audiovisual. La colección se distribuyó en 14.110 instituciones educativas, 300 colegios privados, 123 universidades, 1.604 bibliotecas públicas y 92 secretarías de educación. Todos sus contenidos se pueden descargar y consultar en la página web de Historia Hoy.