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“Una mujer desnuda con un sombrero, es eso exactamente: una mujer desnuda con un adorno, una mujer desnuda con tacones no es más que una mujer desnuda”, sentencia el diseñador francés Christian Louboutin, para quien un par de tacones dorados no son más que “la extensión natural de la feminidad”.
Quizás es por esa intención de que los zapatos desvistan los espíritus de las mujeres —las confiesen— que en sus diseños caminan famosas como Nicole Kidman, Kate Moss y Julia Roberts.
Sus tiendas están en Londres, París, Nueva York y Moscú, pero en estos últimos días de noviembre, el diseñador se ha alejado de las divas y de las abrumadoras metrópolis para hacer un viaje por Latinoamérica. Una travesía en busca de inspiración que lo ha llevado a detenerse en Bogotá y Cartagena.
“Cuando viajas, tu cerebro se libera y tus ojos se despiertan y ves cosas que no acostumbras a ver, oyes sonidos que no conoces, las ideas se expanden”, confiesa Louboutin, quien, acostumbrado a andar con las maletas hechas, añade: “No significa que porque yo venga a Colombia necesariamente tenga que hacer una colección sobre este país, es más que te ves tocado por colores, por un sabor, un tipo de madera, una cierta luz y eso se convierte en algo después”, explica este diseñador que tuvo su primer contacto con el gusto colombiano en su tienda en Miami.
Louboutin nació en París y creció en un hogar femenino, en un “harén” —como él lo recuerda—, en donde asistía cada tarde a esas conversaciones que sólo tienen las mujeres cuando no hay hombres cerca. “Durante años me senté en la sala y aunque como todo niño hacía parecer que no estaba oyendo, efectivamente escuchaba, y con atención, todo lo que ellas decían. Vi a las mujeres en su estado más natural, y creo que no hay secretos entre ellas y yo, y eso se materializa en cada zapato”.
Sus suelas rojas, los trabajos artesanales que llenan cada una de sus piezas de bordados irrepetibles, la incrustación de piedras, y sus altos tacones son esos elementos que hacen que un objeto tan cotidiano esté provisto de tanta mística. “Mi promedio en el alto de los tacones es entre 12 y 16 centímetros. Claro, la mayoría tienen plataformas de dos centímetros que los hacen más cómodos”. Pero ¿pueden ser unos tacones de ese alto cómodos?
Louboutin asegura que en los últimos años se ha incrementado la altura, “Yo al principio diseñaba este tipo de tacones para muy poca gente, pero pronto la demanda fue tal que yo mismo preguntaba: ¿Segura? ¿Vas a caminar con eso? Y lo hacen, perfectamente”.
No tiene una respuesta que explique por qué las mujeres se doblegan ante un par de buenos tacones, pero se lanza a dar una teoría: “Hay miles de razones, te ponen más cerca del cielo, quizá, pero también logran un balance entre la fragilidad y el poder. Lo que me gusta de los tacones es que están exactamente en la mitad, y puedes jugar con una femineidad que a la vez las empodera”.
Sus plataformas se irán, pero no tan pronto, los tacones quizá bajen a siete centímetros en unos años, pero su capacidad de hacer que un zapato se convierta en el protagonista de un vestido y, por qué no, de una noche no importa en qué altura se monte promete con quedarse muchas décadas más. Habrá que ver cómo Cartagena y Bogotá se cuelan naturalmente en una de sus próximas creaciones.