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‘La prensa se ha corrompido’

La actriz británica critica la riqueza acumulada de unos pocos, la falta de pasión por el trabajo y a la prensa vendida.

10 de enero de 2014 – 04:12 p. m.
Hija de actores, Thompson estudió literatura inglesa en Cambridge.  / Cortesía
Hija de actores, Thompson estudió literatura inglesa en Cambridge. / Cortesía

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Desde que aterrizó en Hollywood, Emma Thompson le agregó el mejor acento británico al mundo del cine. Con un estilo tan variado como el buen humor de Nanny McPhee, que tanto tiene que ver con la película El sueño de Walt —sobre la producción de Mary Poppins—, también fue una de las voces originales de la animación Brave. Con los dos premios Óscar que ganó con los dramas Howards End y Sense and Sensibility, ganó un prestigio inmortal que sólo existe en la pantalla grande. Y para hablar de ese fabuloso mundo de la actuación, la entrevistamos para demostrar que el buen trabajo profesional no necesita ningún escándalo personal para ser popular.

En el camino rechazó el personaje que Jodie Foster interpretó en Anna and the King y el polémico rol de Sharon Stone en Basic Instinct. Con cinco nominaciones al Óscar y dos premios por películas tan dramáticas, Emma Thompson fue imponiendo el buen humor a partir de la comedia dramática Primary Color, con John Travolta, o la espectacular Love Actually y la inolvidable niñera Nanny McPhee, además de su personaje de la profesora Sybil Trelawney en tres películas de Harry Potter. Y mientras prepara la comedia Love Punch, con Pierce Brosnan, estrena primero una película sobre la historia de Walt Disney con Saving Mr. Banks.

¿Le molestan las entrevistas o siente que es parte de su trabajo?
Es una buena pregunta para empezar, porque… me vas a tener que aguantar (risas). Sé lo que se siente y tengo una larga respuesta. ¿Estás preparado?

Por favor…
Es algo que me apasiona porque siento que la relación entre los actores y la prensa es importante, aunque en los últimos años se volvió corrupta por demasiada basura y publicidad o por la cultura de las celebridades. Y cuando hablo con actores más jóvenes noto que son demasiado snobs con la prensa. Se sienten por encima de todos y yo soy la primera en decirles que si trabajaron en algo que significa algo para ellos, deberían ser los primeros en salir con un tambor a gritar para que los vayan a ver. Es lo que hay que hacer, porque si no, nadie te va a ver. Hay millones de películas y muchísima gente, así que es mejor que salgan a explicar por qué les gusta tanto su trabajo, por qué piensan que es bueno, respaldar lo que uno hace. Y si no quieren respaldar el trabajo, a lo mejor no deberían trabajar en lo que no creen. Claro que es parte del trabajo, pero también es divertido. Siempre hay algo para hablar, siempre hay algo interesante para examinar en nuestro trabajo. Siempre. Ahora sí. Ya podemos empezar.

¿Cuán lejos puede llegar un actor? ¿Alguna vez pensó en jubilarse?
¿Jubilarme? No puedo afrontarlo, cariño (risas). Preferiría convertirme en una ladrona, en lo que me parece que también sería muy buena. Pero no, no, no. Es como pedirle a un pintor que deje de pintar. ¿Por qué lo haría? En ese sentido no tengo un trabajo normal. Por eso jamás soñaría con retirarme. Mira a Judy Dench: sigue trabajando, es extraordinaria y tampoco sueña con jubilarse. No está en nuestros genes.

En una familia de actores, el padre, Eric Thompson, y la madre, Phyllida Law, ya eran reconocidos en Gran Bretaña cuando Emma Thompson nació, en Londres, el 15 de abril de 1959. Sabiendo que iba a seguir los mismos pasos, estudió literatura inglesa en la Universidad de Cambridge, mientras formaba un grupo de teatro llamado Footlights Group. Para cuando se graduó, en 1980, empezó a trabajar en la radio de BBC y después entró en la TV con la comedia Alfresco, mientras aprovechaba los estudios para crear sus propios guiones, como la versión teatral de Me and My Girl. En la miniserie de BBC Fortunes of War conoció a Kenneth Branagh, con quien se casó en agosto de 1989. Nadie la conocía mucho en Hollywood cuando ganó un Óscar en su primera nominación como mejor actriz, en 1993, por la película Howards End. Al año siguiente pudo haber ganado una vez más de no haber sido porque los votos se dividieron entre sus dos nominaciones como mejor actriz por The Remains of the Day y mejor actriz de reparto por In the Name of the Father, casi al mismo tiempo de su divorcio de Kenneth Branagh. Dos años después volvió a llevarse el Óscar como mejor guionista, por Sense and Sensibility, con la que también había sido nominada a mejor actriz. Además conoció a su actual esposo, el actor Greg Wise.

Cuando selecciona una nueva película, ¿busca algo en particular?

Es difícil buscar algo especial, aunque supongo que en cierto sentido sí. Es genial salir a buscar algo especial, pero si siempre busco lo mismo, a lo mejor no me gusta tanto o no lo hago tan bien o el público tampoco lo disfruta. No te extrañe verme la próxima vez en algún estudio de Finlandia durante la guerra (risas).

Es curioso que haya ganado dos Óscares con los dramas ‘Howards End’ y ‘Sense and Sensibility’, pero la gente la recuerda mejor por las comedias. ¿Qué género prefiere a nivel personal?

Mira las fabulosas películas que se están estrenando en esta época: hay demasiados dramas. Me fascina ver que no hacemos cine diseñado para hacernos felices de principio al fin. Parece que tuviésemos que elegir entre un género o el otro. En las viejas épocas no lo necesitábamos. A veces los actores necesitamos entretener y hacer que la gente sea feliz. Y me parece que es algo que estamos perdiendo. En teatro ahora sólo se hacen musicales y en el cine los estudios ya no quieren arriesgarse tanto.

¿Es verdad que la comedia es mucho más difícil de hacer que el drama?

Yo crecí haciendo comedia. Fue un estilo de vida hasta los 27 años. Ni siquiera empecé con la actuación hasta los 27. Y realmente creo que la comedia es mucho más difícil. Las aspiraciones también son mucho más nobles, porque es demasiado difícil hacer una comedia genuinamente liviana y rápida donde no se puede tartamudear ni dejar pausas. Hay que usar el físico. Especialmente con la comedia se utilizan músculos diferentes, y si no cuentas con esos músculos, jamás podrías hacerlo. Hay muchos actores jóvenes que no pueden hacer comedias. Todavía no han crecido. Yo crecí haciendo sketches, hablando muy rápido, con cambios rápidos. Fue parte del entrenamiento que hoy aprovecho.


¿Y el músculo económico? En un mundo como Hollywood, donde los actores cobran 10 o 20 millones de dólares, ¿se nota la crisis económica?

Sí. Y nadie quiere que muera la clase media. Hace poco estaba leyendo algo que decía que la mitad de la fortuna del país se divide entre 400 personas solamente. Cuando yo era joven teníamos un teatro llamado 784, porque significaba que el 7% de la población tenía el 84% de la riqueza y las estadísticas ahora representan un 2% contra un 91%. Da miedo. Y si te fijas bien, todos necesitamos involucrarnos. Todavía me acuerdo de la época cuando la idea era “no venderse”, una idea que desapareció por completo. La avaricia está amenazando a todos los países, a todo el mundo. Y tenemos que tomar una decisión moral; los gobiernos tienen que tomar la decisión moral. Como los que dicen: “No me preocupa que la gente se vuelva tan rica”. A mí sí me preocupa.

fabian@waintal.com

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