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Después del éxito de “En los tacones de Eva” no la habíamos vuelto a ver en televisión. ¿Qué significa retomar la carrera en Colombia con el papel de Julia Vanegas en “La tusa”?
Es sin duda un personaje muy bonito, es como un solecito que tiene que pasar por diferentes dificultades. Y me gusta, porque representa lo que es la mujer colombiana, una persona que se levanta muy temprano, que lucha por sacar adelante a su hijo. Es un ser humano con el cual muchas mujeres se pueden sentir identificadas.
¿Por qué hay una tendencia por ser el solecito, la buena de la historia?
He sido la mala muy pocas veces. Sería bueno hacer un personaje distinto, pero creo que el personaje es chévere, porque le ha tocado vivir momentos difíciles. Una mujer que llora, que se pone furiosa, que en algún momento sufre de celos. Hay bastantes matices en ella.
Así como el personaje, ¿qué tan susceptible es?
Creo que soy muy sentida. Me tomo las cosas de manera personal, pero no soy rencorosa. Lo que sí me molesta es la mediocridad. Soy muy perfeccionista.
¿Qué significó estar siete años en Londres, lejos de su familia?
Momentos difíciles, pero de crecimiento. Me fui a abrir un camino, a ganar un nombre y a conocer gente. Londres me dio la libertad.
Inició su carrera en televisión a los 14 años. ¿En algún momento se desanimó de la actuación?
Digamos que uno de los motivos por los que me fui a Londres era porque estaba cansada. Empecé a los ocho años en teatro y a los 20 años ya tenía muchas responsabilidades: levantarme temprano, ayudar a la familia, seriedad, profesionalismo, cuidar la imagen. Era una vida de grande, así que tenía que vivir otra vida, la de estudiante.
¿Su llegada a Londres fue muy similar a la experiencia que vivió cuando llegó a Bogotá?
Cuando mi mamá se separó de mi papá y nos trasladamos a Bogotá fue un momento difícil. Éramos superinconscientes, porque creo que si hubiéramos sabido cómo era el medio, no hubiéramos intentado entrar. Todo fue muy espontáneo.
Bogotá significó un punto de inicio para su carrera…
Sí, pero crecí en los 80 en Medellín. Tengo recuerdos muy bonitos, conservo esa personalidad que define a los paisas, pero mi adolescencia fue entonces en Bogotá. Cada vez que voy a Medellín me siento como una turista.
¿Cómo era vivir en Medellín en los 80?
Crecer allí fue difícil: las bombas, no poder salir a un centro comercial. Vivía en Envigado, que era donde vivía Pablo Escobar entonces. Era una época muy rara, porque ya estábamos acostumbrados a vivir con el miedo. Pero, así como hubo momentos tensos, fue el lugar donde descubrí el teatro.
El teatro fue la ventana para experimentar una Medellín distinta.
Me sacó de la realidad violenta a una Medellín de arte. Hubo muchas temporadas que realizamos con Barraca Teatro, que fue donde comencé a los ocho años, y nos presentábamos en barrios populares, en colegios con muy pocos recursos. Fue un contraste, porque nací en una familia muy normal y estudié con niñas que lo tenían todo.
Finalmente, teniendo en cuenta que esta profesión a veces puede tornarse inestable, ¿ha pensado en un plan B?
No, siempre he tenido claro que quería ser actriz. Me gustan muchas cosas. Por ejemplo, este año voy a empezar historia y humanidades y me parece espectacular, mas no quiere decir que me vaya a dedicar a eso, sino como un complemento.