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¿Por qué habla de “guerra sucia” en su contra?
No he hablado específicamente de “guerra sucia”, aunque, ahora que lo pienso, sería una buena descripción si por ese par de términos se entiende hacer afirmaciones sobre hechos que no tienen nada de cierto.
Precisamente acaba de llegar a la campaña de Juan Manuel Santos, el publicista JJ Rendón, conocido porque, presuntamente, les da duro a los rivales de quien lo contrate. ¿Él podría ser el autor o instigador de tácticas en su contra?
No tengo ninguna evidencia de que Rendón haya hecho algo incorrecto. En cambio, hay muchos “politiqueros” con reputaciones espantosas que están en la campaña del presidente candidato. Eso me parece más grave.
Lo cierto es que hay ataques cuya mala intención se nota, de unas campañas contra otras. Si le toca hacerlo, ¿cómo respondería?
Desgraciadamente, en Colombia se ha vuelto normal hacer política calumniando a los contradictores. Yo no uso esos métodos, aunque estoy curtido de que los usen contra mí. En esta campaña estoy tranquilo, recibiendo todos los días el apoyo de los ciudadanos que decidieron dejar de quejarse de la política tradicional y hacer algo para derrotarla.
Precisamente, su frase sobre un trabajo que usted realizó y del cual dijo que era de un nivel tan bajo que todos eran negros menos usted, fue criticada. ¿Cree que desde las otras campañas la magnificaron para hacerle daño en momentos en que estaba segundo en las encuestas?
Lamento que mi frase haya molestado y ofrezco disculpas. Pero no tuvo ni tiene ningún juicio de valor: describí una realidad que viví y sufrí. He hecho siempre política trabajando, hablando y promoviendo la igualdad entre ciudadanos de diferentes ingresos, jerarquías, razas, etc. Si hay alguien que respete y aprecie a los afrocolombianos soy yo. Incluso he invitado a que la primera medida para juzgar mi gobierno sea la transformación de Quibdó, Buenaventura y Tumaco.
Dígame una sola medida que tomaría para transformar realmente esas tres poblaciones a las que ningún gobierno ha mirado hasta el momento, aparte de las promesas en tiempos de votación.
He dicho que voy a promover acciones afirmativas en favor de las comunidades del Pacífico para que la igualdad no sea formal sino real, por ejemplo, mediante incentivos económicos para la generación de empleos en la zona y con salarios diferenciados para garantizar que los mejores profesionales trabajen allí.
Según indican los últimos sondeos, ¿se están esfumando los millones de electores que acudieron a las urnas por usted en la consulta verde y que sorprendieron por el volumen alcanzado?
En ninguna encuesta bajo en la intención de voto más allá del margen de error. Al contrario, si se compara lo que marcaba en febrero con lo de hoy, tengo por lo menos el doble de entonces. Hay otros candidatos que también han crecido, pero todas las encuestas muestran que quien ha bajado es el presidente candidato.
¿Por qué cree que “surgió de entre las cenizas”, tal como lo tituló la revista ‘Semana’ por el éxito que tuvo en la consulta, y por qué estaría descendiendo ahora?
Le insisto en que no estoy bajando en las encuestas. Por ejemplo en la de Gallup, en la que aparezco cuarto, tenía 8% de intención de voto hace dos meses y hoy tengo 11%, y soy el único que en varios sondeos le ha ganado al presidente candidato en la segunda vuelta. Ahora, estoy convencido de que los colombianos están hasta la coronilla de que el Estado no atienda sus necesidades por culpa de lo que ya he dicho: la politiquería.
En la más reciente encuesta publicada, su nombre aparece, en preferencia electoral, después de Santos, Zuluaga y Ramírez, sólo con una cifra superior a la de Clara López. ¿Las clientelas de los partidos son insuperables o su campaña no está siendo efectiva?
Creo que usted tiene una lectura equivocada de la encuesta de Gallup. En esa medición siempre he salido un poco más bajo que en los otros sondeos por el tipo de muestra que usa, pero ahí también tengo claramente una tendencia a crecer, como en las demás. Óscar Iván Zuluaga ha crecido más rápido y se lo atribuyo a que ha hecho una multimillonaria campaña publicitaria. Nosotros tenemos menos plata que todos los demás; pero también somos los únicos que podemos representar verdaderamente la molestia ciudadana con los políticos tradicionales.
Usted se presenta como el candidato antipolarización. El ascenso en intención de voto del aspirante uribista, de cuya campaña salen acusaciones, denuncias y quejas contra los demás, ¿indicaría que a los colombianos les gustan más los extremos que el centro?
Al contrario: también estoy convencido de que la gente está cansada de los enfrentamientos entre quienes deberían ser sus líderes y no quiere saber más sobre las pullas de Santos o los trinos de Uribe. Es seguro que los colombianos prefieren un presidente que resuelva problemas cuyas soluciones les han sido aplazadas durante años.
Siendo realistas, hay que admitir que quienes tienen maquinaria, partidos de respaldo y puestos para repartir pueden hacer alianzas con otros políticos y movimientos para sumar votos. Y que usted carece de esa capacidad de “negociación”.
En esta elección presidencial, gracias a que hay mayor cobertura de medios y un seguimiento más estrecho de los candidatos, la decisión del voto de la gente es más libre de las influencias de las maquinarias. Los electores tienen acceso a mucha información y eso genera menor incidencia de los caciques. Yo no estoy peleándome una alianza con el PIN sino recibiendo el apoyo de los ciudadanos y por eso me van a premiar el 25 de mayo.
¿Cómo ve su campaña en tamaño, organización, gente y publicidad?
Indiscutiblemente, los recursos de que disponemos son una fracción insignificante frente a los del presidente candidato, que además está utilizando el presupuesto nacional para hacer publicidad de televisión a favor de sus programas. También tenemos mucho menos que otras campañas, pero encuentro muy positivo que el Estado destine recursos que son importantes para todos los candidatos. Contestando a su inquietud, no me preocupa comparar nuestra campaña con los recursos de los demás. Estoy convencido de que los ciudadanos saben que en algún momento tienen que comprometerse con una revolución que modifique el estado de cosas actual con respecto a la politiquería. No puede ser que nos pasemos toda la vida hablando contra ese fenómeno y cada cuatro años nos dejemos derrotar por él.
Los analistas se han quejado de que esta campaña ha carecido, como nunca, de propuestas y programas. ¿Está de acuerdo con esa apreciación?
Por nuestra parte, tenemos propuestas, programas y posiciones diferentes y potentes, a veces difíciles de explicar porque son controversiales o muy novedosas. Sin embargo, me parece que más que promesas, lo importante es la capacidad de liderar y de ejecutar, y haber demostrado la voluntad de tomar decisiones impopulares, de producir resultados y de no tener compromiso alguno con el sistema que ahora llaman de “mermelada”.
Es cierto, pero también es raro que los candidatos no prometan ni se comprometan con casi nada.
De promesas hemos vivido toda la vida en Colombia. No obstante, las carreteras nunca se acaban, la mejor educación no llega, el déficit de vivienda es cada vez más grande, etc. Hay muchas ideas y nosotros tenemos unas muy buenas para cada tema, pero, insisto, la verdadera diferencia es si el gobierno que llega estará casado con los políticos tradicionales o si va a ser el que produzca los resultados que se necesitan.
¿Cómo definiría sus relaciones sociales y, sobre todo, políticas con el alcalde Petro?
Tengo diferencias con el alcalde Petro, no de ahora sino de siempre. Tenemos ideas distintas sobre cómo resolver los problemas de la sociedad colombiana, pero también he dicho que seguramente compartimos el propósito de tener un país más igualitario. Y valoro mucho su posición contra la corrupción.
Acaba de recibir la adhesión a su campaña del congresista petrista Camilo Romero, quien obtuvo buena votación cuando se enfrentó con usted por la candidatura presidencial del Verde. ¿Significa unión con el petrismo entero o es sólo una parte de ese grupo?
Camilo Romero ha demostrado ser un congresista valioso y estimo su apoyo como el de la ciudadanía que está sumándose a la rebelión contra los politiqueros. Mi interés no es añadir estructuras políticas ni le pregunto a la gente cuántos votos dice tener. Estamos concentrados en hacer alianzas con la gente del común y este es uno de nuestros valores diferenciadores.
¿Tiene prevista alguna reunión con el alcalde Petro?
No.
Usted ha sido prudente con relación al embrollo político y judicial por el que ha pasado Bogotá. ¿Qué opina ahora, después del intrincado debate jurídico sobre el caso Petro?
La urgencia de hoy es darle estabilidad al gobierno de Bogotá, cualquiera que sea. Ya quedan sólo 18 meses para terminar el período. La campaña para la próxima Alcaldía está por comenzar, así que lo que necesitamos es eso: estabilidad.
No puedo dejar de preguntarle por una columna en la que, hace poco, le recordaban a usted unas muy polémicas frases que dijo en una entrevista de hace años con el publicista Beccassino. ¿Era o es usted un izquierdista revolucionario, según pareciera deducirse de esas frases? ¿Se arrepiente de haberlas dicho?
Era otro momento y en otro contexto. Aun lo citado y transcrito está sacado del contexto que le correspondía.
Finalmente, si usted no pasara a segunda vuelta, ¿se uniría a uno de los dos candidatos que sí lo logren y a quién?
No contemplo la posibilidad de que esta revolución que estoy liderando contra el sistema impuesto por la política tradicional no llegue a la segunda vuelta. Le vuelvo a señalar: los ciudadanos están cansados de que el Estado no resuelva sus problemas. Y como los cansados somos la mayoría, estaremos en las elecciones de junio, después de pasar bien las de mayo.