
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hoy domingo se llevará a cabo en Aracataca, tierra natal de Gabriel García Márquez, un conversatorio sobre la relación e influencia del vallenato en la vida y obra del nobel de literatura. De esta manera el pueblo cataquero, a través de la Fundación Realismo Mágico, iniciativa de algunos paisanos del escritor, sin apoyo alguno de la administración local, pero con toda la voluntad de servicio, ha querido mantener vivo su legado y para conmemorar el segundo aniversario de su muerte.
Participarán dos de los más destacados compositores vallenatos, Rosendo Romero y Adolfo Pacheco Anillo. Romero, conocido como “el poeta de Villanueva”, se ha constituido en un referente del vallenato lírico contemporáneo. Sus obras están cargadas de un misticismo que cada vez se ha diluido más en las obras vallenatas recientes. Sus canciones han sido interpretadas por los más célebres artistas vallenatos, entre ellos Diomedes Díaz y Silvio Brito. Un hombre que ha trasegado en sus líneas por los asuntos existenciales y que sobre la muerte sólo ha pedido un sepulcro de una noche sin lucero, para luego resucitar en una luna parrandera.
En la obra de Rosendo Romero hay descripciones como esta: “Sé que te vas, ojalá que este mundo se hiciera más pequeño, para encontrarte a la vuelta del mar en el alma de una rosa”. Pero también los recursos manifiestos de un alma que suspira poesía en medio de todas las realidades y que se define a sí mismo en medio de su propia obra como ese cantor andariego del romanticismo, ese que escribe versos repletos de verano estando en primavera.
Por su parte, Adolfo Pacheco Anillo es considerado por muchos el último juglar vivo del vallenato. Es representante por excelencia del vallenato anidado en la sabana. Sus obras van desde un manifiesto exilio y desplazamiento de su padre, don Miguel Pacheco, quien debió dejar San Jacinto, su tierra natal, a pesar del dolor que eso le causara y que se constituyó en una pieza magistral de la música colombiana y un sentido homenaje de un hijo piadoso y lleno de amor para su viejo del alma: “Buscando consuelo, buscando paz y tranquilidad, el viejo Miguel del pueblo se fue muy decepcionado. Yo me desespero y me da dolor porque la ciudad, tiene su destino y tiene su mal para el provinciano”.
También ha sido él quien ha invitado al mundo entero a mecerse en una hamaca grande que en la voz de Carlos Vives ha dado la vuelta al mundo para acoger a todo el que quiera enamorarse de lo bello de este universo artístico y costumbrista que es el vallenato. La obra surgió como un manifiesto de sublime insurgencia ante la institucionalidad ortodoxa del vallenato en Valledupar, quienes no consideraban al vallenato sabanero como tal.
El maestro Pacheco, en una canción de la que en algún momento el mismo Gabriel García Márquez comentó que la cambiaría por Cien años de soledad, manifestó: “Y conseguiré un indio faroto y su vieja gaita que sólo suena, historia sagrada de antepasado recuerdo esconde. Pa que hermosamente toque y se diga cuando venga que también tiene leyenda cual la de Francisco el hombre”.
Compartió muchas veces con el novelista en encuentros y parrandas, en las que se expresaron mutua admiración. García Márquez era un hombre construido en gran medida a partir del vallenato, no en vano cuentan algunas de sus asistentes que la mayor parte del tiempo durante sus últimos años de vida se la pasaba por la casa cantando versos de las más famosas obras de este género musical.
El vallenato es indisoluble de su obra y su corazón. A pesar de la aparente distancia que impone el haber vivido lejos de esta patria chica donde reina la caja, el acordeón y la guacharaca, siempre hubo en su alma una parranda incesante. Cargó felizmente con los cantos de su gran amigo Carlos Huertas, con quien compartió varias veces en La Guajira; las letras del maestro Leandro Díaz, de quien extrajo un fragmento de la Diosa coronada, para dejarlo en una de sus novelas, y, por supuesto, las de su amigo entrañable Rafael Escalona.
Este conversatorio es una excelente oportunidad para que las nuevas generaciones nos enamoremos de la esencia de nuestro folclor que nació cantándoles al amor, al desamor, a los sentimientos y a las costumbres. Para recordar a los visitantes que tenemos una región donde todos son acogidos porque en la hamaca del maestro Adolfo, que está colgada desde la península de La Guajira hasta los montes de María, caben todos los nombres que decidan dejarse seducir por el vallenato, otro género literario según García Márquez. Bien lo decía el maestro Leandro Díaz: “En cada verso que yo alcanzo a realizar, estoy seguro de sentir satisfacción. Colombia sabe que tiene un compositor que sólo canta después que logra pensar”.