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Nueve de la noche, llovizna en Bogotá. Jóvenes, adultos y algunos más mayores hacen fila para entrar a Galería Café Libro. Se empieza a sentir el calor. Pelo recogido, muy de bailarinas, otras más despeinadas. Afros, rubios y morenos. Zapatos de charol, punta y tacón; tenis, botas y hasta sandalias. Faldas, jeans, camisas ochenteras, trajes de paño y camisetas. Empieza la fiesta.
La mayoría baila, aunque no sean expertos; otros muestran sus mejores acrobacias. Salsa brava, romántica, cubana. Boleros, mambo y son. Todos listos para sentir. Bogotanos, caleños, paisas, colombianos. Estadounidenses, franceses, alemanes y más europeos. Algunos holandeses, que, en buena cantidad, cuentan los minutos para ver en vivo a Maite Hontelé. Aunque para muchos es casi un ritual bailar u oír salsa todos los fines de semana, muchos iban para sorprenderse con la holandesa más latina del planeta.
A lo lejos, las maracas suenan, las copas de ron y de whiskey se llenan, empieza la prueba de luces, movimientos de cadera, calor, sudor, sonrisas, aplausos, la rubia de pelo corto y de casi 1,80 metros de estatura está a punto de salir al escenario.
La banda empieza a acomodarse, cada vez llegan más músicos. Nadie deja de bailar. De repente hay gritos, se corea el nombre de la artista, Maite Hontelé sale en medio de los asistentes, su trompeta empieza a vibrar.
Ya en la tarima, la holandesa no deja de emocionar. Cierra sus ojos, aprieta fuerte su instrumento, se mueve al ritmo de la música y en las pausas sonríe. Qué pulmones, qué energía, qué calidez. Hontelé cuenta historias con cada nota, la trompetista se apodera del escenario y hace bailar y cantar a todos los que la ven.
Me da igual, La vida tiene sabor.
Casi muero, Perdón.
Camínalo, Déjame así.
Nochecita, qué nochecita.
Qué bonito…
Maite Hontelé hace una pausa, bajan las revoluciones, muchas sonrisas, más aplausos, la música continúa, unos minutos de descanso.
Los sonidos de la trompetista son la mezcla ideal entre el Caribe y Europa. Sus álbumes, Llegó la Mona, Mujer Sonora, Déjame así (editado también en vinilo y nominado al Grammy Latino 2014 como Mejor Álbum Salsa), Te voy a querer y Cuba linda, el más reciente, son la buena combinación de color, alegría, nostalgia y buen gusto.
Ayúdame, inspiración, con el dominicano Vicente García, es el segundo sencillo de Cuba linda, una coproducción colombo-cubana grabada en los legendarios estudios de la compañía Egrem en el corazón de La Habana y mezclado y masterizado en los estudios de Merlín Producciones en Medellín.
Otros de los invitados para este quinto álbum son Isaac Delgado, la Orquesta Aragón; Roberton, de Los Van Van de Cuba, y Goyo, de Chocquibtown.
Continúa el show. Maite Hontelé, quien ha sido invitada a presentaciones, videos y colaboraciones con artistas como Rubén Blades, Buena Vista Social Club, El Gran Combo de Puerto Rico, Oscar D’ León, entre otros, sabe cómo emocionar e inspirar a quienes van a verla.
El espíritu libre, fuerte, humilde, pasional y sincero se deja ver en su forma de hablar, tomar en sus manos su trompeta, cerrar sus ojos, felicitar a sus músicos y abrazar a su público al final de la presentación. “Se lució, Maite, se lució”, corean los asistentes. Ella sonríe, aplaude a sus músicos e invita a otros a subirse a la tarima para hacer un “desconectado”. Nadie se quiere ir, la holandesa de corazón colombiano no deja de sorprender.
Finaliza una noche de talento y sabor. A veces hace falta sentir el sonido áspero y la nostalgia de los pocos sitios donde aún usan acetatos, pero el ambiente cultural y musical que se vive en un lugar de salsa en Colombia y el talento y la pasión de una de las mejores trompetistas de la música latina llenan esos espacios del corazón a donde la aguja de los tocadiscos también llega.
Desde hace más de ocho años Maite Hontelé vive en Colombia. Su español tiene acento paisa y su trompeta y bicicleta son como extensiones de su cuerpo. Ya llegarán más sencillos de Cuba linda, mientras tanto, Ay nochecita, dime tú.
Mujer cálida, talentosa, ambulante. Mujer sonora.