Manuel Navarro: risas y poesía en el teatro

El actor español se radicó en Colombia en 2010, después de interpretar a Juan Sámano en “La Pola”. Presentará “Comerte a versos”, una obra que mezcla “stand-up comedy” con poemas.

21 de febrero de 2017 – 11:53 p. m.

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Su nueva obra es una “stand-up poetry”. ¿En qué consiste eso?

Tiene el formato de la stand-up comedy, pero con poemas a través de los cuales voy contando una historia. En el espectáculo hay 20 poemas de amor, y ninguno de Neruda, con los que trato de hablar de todas las facetas de las relaciones amorosas. Son de veinte autores distintos que se fueron hilando con un guion escrito por el comediante Iván Marín.

¿Cómo fue el proceso de elaboración del espectáculo?

Pasé mucho tiempo escogiendo textos y música. Luego llamé a Iván para que escribiera las rutinas y después estuve esperando a tener unos meses libres para empezar a montarla. Eso fue hace tres años, y siempre que me encontraba con Iván me preguntaba cuándo iba a estrenar la obra. Hace unos meses, el director del teatro Sala Uno me dio una fecha límite y me puso a trabajar.

¿Está satisfecho con el resultado?

Los textos de Iván tienen una gran solvencia, pero no sabíamos si iban a funcionar dichos por mí. Claramente, él tiene muy claro lo que tiene entre manos cuando escribe y los textos encajaron fantásticamente. Es una obra que dura un poco más de una hora, pero pasa como un suspiro y está llena de momentos tiernos, divertidos. Me dejó encantado.

¿Cómo escogieron los poemas?

Hay unos que desde hace tiempo sabía que quería incorporar al espectáculo, pero, como nuestra intención era pasar por todas las facetas del amor, desde la primera vez hasta la necrofilia, encontrar poemas que hablaran sobre todo eso significó leer montones de antologías, buscar autores que no conocía y recordar algunas cosas.

¿Hay alguno que se le haya quedado por fuera?

Este es el tercer espectáculo que hago de este tipo. El primero se llamó “De boca en boca” y el otro “Hombre público”. Todavía hay textos que me encantan y que sigo queriendo incluir en un espectáculo y no he encontrado cómo. Eso quiere decir que tengo que hacer más espectáculos de este tipo.

¿Es complicado llevar al público a un “show” centrado en la poesía?

Sí, pero nunca defraudan. Me ha pasado que muchas veces los espectadores se me acercan al final de la función y me dicen que se sentaron en la última silla porque pensaron que iba a ser muy aburrido. La persona que me dice eso suele ir pasando de fila en fila hasta llegar a la primera y terminar charlando conmigo.

¿Le gusta improvisar en sus presentaciones?

Siempre tiro de algún espectador para que me colabore, pero no soy muy de improvisar. Me gusta llegar con mi trabajo cerrado y cualquier cosa que me saque de ahí me deja intranquilo. Sin embargo, en la “stand-up” las reacciones del público te llevan un poco a la improvisación.

¿Por qué no se siente cómodo improvisando?

Trabajé durante años en la Compañía Nacional de Teatro Clásico y, cuando se trata de poesía, el verso es una estructura cerrada y no puedes cambiar una coma de sitio. Cuando doy clase de teatro me gusta trabajar versos para que sepan que el texto hay que respetarlo, aprenderlo y defenderlo, no hay que inventarlo.

¿Hay poetas que prefiera por encima de otros?

Hay poetas que utilizo más porque su obra es más fácil de poner en escenario. Es más difícil mantener la atención del público con poemas de Neruda que con los de Rafael de León o Manuel Benítez Carrasco, que hacían poemas que cuentan historias y son más propicios para este tipo de espectáculos. No es que me gusten más que otros poetas, pero sí se prestan más para lo que quiero hacer.

¿Qué le dejó haber estudiado filología?

Me dio gran conocimiento del lenguaje, que me ayuda mucho en mi trabajo como actor, pero lo último que hubiera querido en vida es ser filólogo o profesor de literatura en un colegio. No hubiera podido vivir encerrado, enseñando algo que no les interesa a alumnos que no quieren estar ahí. En cambio, nadie se matricula en una clase de teatro si no tiene afición.

¿Cómo ha sido su experiencia formando actores?

Lo dejé durante muchos años, pero cuando llegué a Colombia me empezaron a decir que dictara clases de nuevo. De pronto me metí a dar talleres y clases y no he parado. Me parece que enseñar forma parte de las obligaciones que uno tiene cuando ha aprendido unas cuantas cosas en la vida, para que no se pierdan.

¿Cómo fue su entorno mientras crecía?

Mi padre era militar y eso nos llevaba de una punta a otra del país. Eso hizo difícil tener amigos porque en ningún sitio pasaba el tiempo suficiente para construir relaciones. Supongo que eso tiene que ver con cómo soy. Cuando no tienes mucha vida social, pasas las horas muertas leyendo. Mi gran afición siempre fue la lectura.

¿Cómo se logra que los niños aprendan a leer poesía?

Leyendo y acostumbrándolos a escucharla. La educación tiene que entrar como un terrón de azúcar. Si leer es una obligación y una exigencia, te deja de gustar. Nada de lo que uno hace a la fuerza te gusta. En una casa en la que los padres leen con placer, los hijos aprenden a hacerlo también.

En el 85 fundó su compañía de teatro. ¿Cómo fue esa experiencia?

Teatro de Papel fue una locura. En ese momento no tenía dónde caerme muerto y fui a un banco, pedí un préstamo y compré material, monté una obra de teatro y duró diez años aquella tontería. Conseguimos destacar en los periódicos, que en ese entonces decían que era una joven promesa como director.

¿Cómo fue ser parte de la Compañía Nacional de Teatro Clásico?

Fue una suerte. El teatro clásico estaba abandonado en España y esa compañía lo rescató y demostró su actualidad. El primer espectáculo en el que trabajé fue La gran sultana, de Cervantes. Con ella hicimos más de doscientas representaciones y estuvimos en México, Londres, Seattle. Fue todo un éxito y a partir de allí la compañía se consolidó y me quedé con ella cuatro años.

Como actor, ¿es distinto abordar una obra clásica y una contemporánea?

Los textos te dicen lo que piden de ti. Llevo tanto tiempo siendo actor que ya casi no me planteo nada, fluye. Desde los tres años me subí en un escenario, y tengo 56. Cuando la gente me dice que soy un buen actor les digo que faltaría menos que después de tantos años resultara siendo malo.

¿Hay algún personaje que le gustaría hacer?

Si hay un personaje que quisiera hacer es Otelo. En televisión me gustan los proyectos diferentes. Hace poco hice algunos capítulos de 2095, que es una serie de ciencia ficción, y ahora estoy haciendo algunos de Sitiados, que va a ser una serie sobre piratas. Cualquier proyecto que se salga de lo normal me hace feliz.

¿Qué le dejó su papel como Juan Sámano en “La Pola”?

Es un papel con el que estoy agradecidísimo. Probablemente mi carrera no habría tenido continuidad en Colombia si no hubiera hecho a Juan Sámano en esa novela. Fue mágico. Siendo el malo de la historia, la gente me decía cosas bonitas y esa fue una de las cosas que me hicieron quedar en este país.

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