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Ha calificado como ambicioso el plan de desarrollo de Gustavo Petro. ¿Se está prometiendo más de la cuenta?
Este es un plan que no sólo piensa en proyectos ejecutables en esta administración, sino que proyecta la ciudad a futuro. Bogotá debe ser ejemplo para otras ciudades. Es hora de planear avances que no se han concretado en los últimos 20 años, de resolver nuestro retraso histórico. Por ejemplo en movilidad: es imposible que una ciudad de siete millones y medio de habitantes no tenga metro.
Aparte de la movilidad, ¿qué otros temas son prioritarios?
Necesitamos avanzar en infraestructura para el sistema educativo y el sistema de salud. En educación necesitamos proyectar cuántos colegios más requerirá el distrito en los próximos diez años y así buscar la equidad entre colegios públicos y privados.
¿Con cuánto dinero cuenta el bolsillo del Distrito?
Bogotá tiene un presupuesto para el cuatrienio de $44 billones. Pero dentro de ese presupuesto hay que tener en cuenta unos gastos recurrentes que representan el 85%. Nos queda un 15% para nuevas inversiones, unos $6 billones para los cuatro años.
Pero, sabiendo que las obras del tranvía, el metro, el aumento de las rutas de Transmilenio, los colegios y la ampliación del sistema de salud se han calculado en $14 billones, ¿qué estrategias se han pensado para recaudar los ocho que faltan?
Este programa de gobierno lo vamos a financiar combinando cuatro estrategias: vamos a hacerle una liposucción al sistema de contratación de la ciudad, donde hemos encontrado sobrecostos y contratistas con funciones etéreas; vamos a utilizar nuestro cupo de endeudamiento; también impulsaremos alianzas público-privadas, y haremos una reforma tributaria basada en la actualización catastral.
¿A qué le suena ‘Bogotá humana ya’?
Siento que en esta secretaría está el corazón del plan de gobierno que quiere crear una política de equidad. Aunque haya secretarías más cercanas a los ciudadanos que la de Hacienda, la búsqueda de la equidad se basa en el aspecto tributario, e implica una reorganización de la base económica para reducir los grados de concentración de riqueza.
¿Cómo quiere que los bogotanos recuerden su gestión?
Como una secretaría que le cumplió el reto a la ciudad y al programa de gobierno de financiar este plan y que le devolvió la fe al ciudadano en que los impuestos que paga se usan bien.
¿Qué lo apasiona?
He dedicado mi vida a la academia; me apasiona dictar clase.
¿Cómo vive esa transición del tablero al despacho de la Secretaría de Hacienda?
Ya había tenido cargos administrativos en la Universidad Nacional, había sido asesor y consultor, pero nunca ejercido un cargo público. El reto es grande, pero es una consecuencia necesaria del compromiso que asumí en la formulación del programa.
¿Le gusta que el alcalde Petro esté rodeado de académicos?
Sí. Es un grupo no contaminado que tiene como tradición pensar las cosas, ser reflexivo y racional. Además, los académicos tomamos decisiones responsables.
¿Qué extraña de la universidad?
El calor de los estudiantes. Aunque acá, en los pasillos, me he encontrado a muchos que pasaron por mis clases.
¿Es cierto que es un hombre tímido?
No hago mucha vida social, odio las fiestas, prefiero leerme un libro o ver una buena película.
¿Qué películas le gustan?
Las de tramas dramáticas o históricas, no me gustan las de patadas.
¿Y una novela que recomiende?
Aquiles pies ligeros de Stefano Benni.
A la hora de administrar dinero, ¿qué principio no le falla?
Aprender a manejar las tasas de interés. Con la tarjeta de crédito procuro comprar a una cuota.
¿Le juega a la Lotería de Bogotá?
Jamás. Ni a la de Bogotá, ni al chance, ni al Baloto. No creo en el enriquecimiento por azar, creo en la riqueza que llega con el esfuerzo.