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No estaba muerta, andaba de parranda

Después de cinco años de ausencia de la emisora número uno de vallenatos en Bogotá, Caracol Radio le apuesta a su emisión por 24 horas en los 97.4 FM.

09 de julio de 2013 – 05:31 p. m.
 “El vallenato es tan colombiano como la bandeja paisa”, dice Jhon Eduard Muriel. / Andrés Torres
“El vallenato es tan colombiano como la bandeja paisa”, dice Jhon Eduard Muriel. / Andrés Torres

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¿Qué pasó con La Vallenata, por qué dejó de sonar?

Porque como en la misma historia de la música, del rock, pop, la salsa, se sufren caídas o bajadas, que para el caso de la emisora en Bogotá fueron tan abruptas que hubo la necesidad de migrarlas y modificarlas, como lo que sucedió también en Barranquilla y Bucaramanga, ciudades pioneras de la emisora, en donde se transformó a Oxígeno.

Le apostaron a emitir 24 horas de música, ¿cómo lograrán el reto de mantenerse después de ese antecedente?

El mercado vallenato está muy fuerte, no ha pasado de moda. Artistas como Silvestre Dangond, Felipe Peláez y Peter Manjarrés han ganado discos de oro y cada año sacan una producción, lo cual es una ecuación sencilla: si los empresarios los contratan y venden sus discos, sus reproducciones digitales son exitosas, reúnen más de dos millones de seguidores en Twitter, dijimos: el mercado está vigente y lo que le está haciendo falta es una emisora en Bogotá que se la juegue y apueste por el vallenato.

¿Cómo se explica que en una de las cunas del vallenato, Valledupar, no haya una “Vallenata” o muy pocas emisoras de este género?

El problema es de frecuencias, Caracol Radio sólo tiene una emisora asociada, la Cadena Básica de Caracol en la que se retransmite nuestro sistema informativo, y de las tres marcas que hay de vallenato en Valledupar, sólo una transmite 24 horas y no es la más comercial.

¿Entonces cuál podría ser la raíz del problema?

Creo, sin ánimo de atacar a la ciudad de Valledupar, uno de los grandes problemas por los cuales no hay 100% vallenato allí es porque es un vallenato mucho más puro, lleno de folclor, de sentimiento por los valles, las costas; que no está mal, pero que desplaza a otras propuestas y, por ende, a varios artistas y compositores más contemporáneos.

¿Y ustedes le quieren apostar a una inclusión de música de diversas épocas y artistas?

Sí. La Vallenata en Bogotá se la quiere jugar por la diversidad; la emisora no está enfocada a una clase de público, ni al costeño, ni al bogotano, ni al paisa, sino a los colombianos. Nuestra campaña en redes sociales ‘El vallenato de mi vida’ nos demostró esa premisa: los vallenatos, independientemente de si eres rockero, salsero, etc., han sido parte de nuestra misma identidad, y así debe ser la programación de la emisora.

Ustedes que son especialistas en públicos y audiencias, ¿qué tipo de vallenato se escucha por regiones en el país?

En el interior se escuchan más de despecho, letras románticas, de ensayos o de voces nasales como la de Felipe Peláez o de baterías como Carlos Vives, Fonseca o Gusi y Beto. Decidimos apostarle a todo el vallenato, desde el folclor tradicional de Alejo Durán pasando por los Betos, Los Zuleta, Rafael Orozco y Diomedes Díaz, llegando a la nueva ola, pero también a los románticos como Eder Vargas, Nelson Velásquez, Los Chiches, que tienen un mercado muy fuerte en el centro del país, en la región cafetera y en Antioquia.

Recordamos el anterior jingle de La Vallenata como “La popular, por eso está en el primer lugar”, ¿cuál será la nueva identificación y quién la interpreta?

El que tenemos ahora es hecho por Felipe Peláez y habla de lo que tenemos hoy en día. Nuestra apuesta es: “Lo mejor que tiene Colombia es La Vallenata, lo mejor que tiene mi tierra es La Vallenata”. Habla de cómo este ritmo —y lo he dicho como buen antioqueño— es tan colombiano como la bandeja paisa. Es el ritmo que reúne lo que es el país, el romanticismo, la alegría, el humor y la improvisación que tenemos para hacerle frente a todo.

¿Ve saludable la transición del vallenato clásico al contemporáneo?

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Empecé en el mundo del vallenato en el año 97 y he sido testigo de esa transformación desde los 80 cantándole a los paisajes, a La vieja Sara, Matilde Lina, La casa en el aire, y luego veo como pasaron a cantarle a un Osito dormilón, a la Niña bonita de los huequitos en la mejilla, y en el 2003 formé parte del crecimiento de la Nueva Ola con Kaleth Morales, con canciones como Millón a cero y Vivo en el limbo. Y el vallenato se sale de esos paisajes y le llega a la gente joven con esas nuevas letras.

Una transición que han vivido muchos géneros y en la que el vallenato ha logrado mantenerse…

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Sí, creo que eso es normal en la música, por ejemplo, todos bailamos en la década de los 70 el merengue que era la Billos y Los melódicos, pero en los 80, Wilfrido Vargas cantó La Medicina y el mundo entero lo criticó, porque decían que eso no era merengue, aún así, luego lo llamaron el padre del merengue, y en los 90, bailamos Proyecto uno e Ilegales, y eso fue lo más fuerte de la época; el problema de ese género fue que no se reinventó y se quedó relegado, cosa que no le pasó al vallenato.

¿Cuál es el vallenato de su vida?

Lo que quieras de mí, cantada por Jean Carlos Centeno, cuando estaba en el Binomio de América, porque fue el primer concierto de vallenatos que presenté en el 97 al lado de Diomedes Díaz y entre el público estaba la dueña de mi corazón a la que le dediqué esa canción.

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