Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“Petrónica” es su nuevo trabajo discográfico. En él hay mezclas de bullerengue con beats electrónicos. ¿Qué propósito hay detrás de este álbum?
Que se oiga mi trabajo, que es música folclórica, con el trabajo de la juventud. Que se encuentren las dos versiones, porque así el folclor se escuchará más entre los jóvenes. Mi música siempre ha sido pura, y esta vez el disco tiene una fusión de electrónica con bullerengue.
¿Tuvo dudas sobre realizar esta fusión?
Al principio dudé, pero después pensé que la música es para que se oiga y para que se venda, y si de esta manera se puede vender, para mí mejor. Es interesante que los jóvenes que hacen electrónica se hayan interesado en mis canciones; además, porque dan a conocer más mis letras.
¿Cómo ha sido el proceso de composición de las letras?
Me ponía a lavar y me nacía una canción restregando la ropa. No se me olvidaban, las componía pedacito a padacito y después de terminar la canción la practicaba con los tambores. La verdad es que nunca estudié, nunca me pusieron a estudiar en una escuela. Soy cimarrona, campesina. Siempre he vivido en mi pueblo, San Cayetano, pero como no sé escribir ni leer, ahora es que medio cancaneo, porque siempre que componía una canción se la pasaba a Guillermo Valencia y él la pasaba a máquina de escribir.
¿Y también trabaja en los arreglos?
Sí. Compongo y hago los arreglos que creo pertinentes. Lo que no queda bien se lo quito.
¿Por qué no recibió con sorpresa la primera nominación a los Grammy en 2002, por el álbum “Bonito que canta”?
Porque no sabía qué era un Grammy. Estábamos en Bélgica, habíamos pasado por San Marino, cuando Rafa Ramos me dijo: “Señora Petrona, venga acá: el disco salió nominado”, y le pregunté: “¿Nominado cómo?”, y él dijo: “En los Premios Grammy”, y yo dije: “Ah bueno, está bien”, y me regresé a terminar mi arroz. Luego una periodista de Barranquilla me llamó para preguntarme si yo iría a presentarme en los Grammy, y le dije que por supuesto iría, pero si había quien me diera para los pasajes, porque no tenía plata para ir a Estados Unidos. Así que como no me dieron nada, no fui. Pero no me arrepiento.
¿Hay apatía por nuestra cultura?
Aquí en Colombia no apreciamos lo nuestro, aquí aprecian al forastero. Tuve que darme a conocer afuera para ser reconocida.
Son más de 30 años de carrera. ¿Ha sentido cansancio? ¿Ha pensado en retirarse?
Esto cansa. Al inicio de mi carrera le decía a mi esposo que no quería continuar, que estaba aburrida de lo mismo, no me daban ganas de cantar, porque me daba cuenta de que no ganábamos nada y siempre estábamos dándolo todo, pero él me apoyaba y me decía que no dejara la música.
¿Le molesta que le hagan cantar las mismas canciones que la dieron a conocer?
A veces. Hay una canción que es la que me ha dado el éxito y que siempre está en el repertorio, La vida vale la pena, y me pregunto para qué saqué esa canción (risas). Siempre me toca cantarla, como si no hubiese más discos.
Hay una canción que se llama “El parrandón”, que habla sobre el día en que usted muera. ¿Quién le gustaría que cantara esa canción ese día?
Mis dos hijas y los músicos que me acompañan.
Esa canción dice: “Ay caramba, ay upaje, yo quiero ron pa’ beber”. ¿Qué tanto bebe?
No soy bebedora. Pero cuando quiero beber hago una parranda en mi casa, pero no canto, sino que tomo. Mas no lo hago muy seguido.
¿Para qué le han servido la fama y el reconocimiento?
Para mejorar mi modo de vida. Para darles educación a mis hijos. Antes de que me dedicara a la música, mi esposo era el único que trabajaba y yo estaba dedicada a la casa, lavando y cocinando, sembrando yuca, arroz, maíz. Los sábados me presentaba en algunos lugares con mi música, pero tuve que dejar ese ritmo de trabajo, sobre todo sembrar, porque me daban fuertes dolores de cabeza.