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Ricardo Mejía, de los libros a las tablas

El actor bogotano, que interpreta a Adolfo Peña en la serie de la madre Laura, asegura que este personaje de ficción era necesario para alimentar la historia con juegos de amor, intriga y pasión.

18 de agosto de 2015 – 10:21 p. m.

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¿Cómo fue su experiencia en el Teatro Experimental de Cali?

Todo empezó porque cuando era muy pequeño hice una película que se llama La deuda, con Nicolás Buenaventura, uno de los hijos del dramaturgo Enrique Buenaventura. Cuando terminé el colegio no sabía qué hacer y comencé a estudiar literatura en la Universidad Nacional, pero en un momento decidí dejarla e irme a estudiar al Experimental de Cali. Fue increíble porque tienen un método muy organizado que permite establecer parámetros de conducta actoral y cómo enfrentarse a un texto. Es una gran academia que permite seguir métodos y entender técnicas de expresión física y vocal.

¿En qué momento se dio cuenta de que quería dejar la literatura?

Mientras estuve en el colegio hice teatro, pero en cuarto semestre de literatura, en clase de literatura universal, una profesora nos pidió hacer un texto o montar un par de escenas. Montamos Poco ruido y muchas nueces y nos fue fantástico. En ese semestre la pasé mejor de lo que la pasé en toda la carrera. Yo tenía unos pesitos ahorrados y me fui para el Experimental de Cali; luego estudié en el Teatro Libre y completé mi formación con algunos cursos en el Varasanta.

Siendo un actor de tablas, ¿no le ha dado duro el paso a la televisión?

Es una necesidad de nuestros días. No es que haga televisión por plata. Un actor debe pasar por todos los géneros: audiovisual, teatro y cine, o si no hacer títeres o voces para caricatura. Pero en la televisión el tiempo es dinero, y eso requiere tener muchas habilidades y aprender a solucionar los problemas que aparecen en escena, mientras que en el teatro, para presentar una obra se tienen hasta cuatro meses de ensayo, entonces se desarrolla una partitura para tener más confianza.

Ahora hace parte del elenco de la serie “Laura”, interpretando a Adolfo Peña. ¿Quién es él?

Es un personaje clásico de la cosmogonía antioqueña, un hombre rico con muchas tierras que decidió formar su intelecto y su persona política en contraposición a los personajes de la época. Es una persona liberal, un tipo que no concibe la mujer como objeto y que aboga por la educación. Es un hombre salido de su tiempo.

¿Cuál fue su proceso de preparación del personaje?

Entré a leer a Tomás Carrasquilla, leí unos cuentos y La marquesa de Yolombó, pero poco a poco me di cuenta de que la sustancia se quedaba en la literatura. Entonces comencé a preguntarle a todo el mundo a ver cómo era la cosa, cómo me oían, y a entrar a cafetines para escuchar a los más viejos y entender sus dichos.

¿Tuvo algún acercamiento con la madre Laura?

No mucho. Lo que hice fue preguntarle a Julieth Restrepo lo que más pudiera decirme y supiera del personaje, pero yo no quería conocer la Laura histórica sino la planteada en el personaje. Al final uno se enamora del personaje que interpreta en el papel y no del de la vida real, por eso no hubo una investigación a fondo de lo que fue en sí la madre Laura.

Las hermanas de la congregación de la madre Laura no estuvieron de acuerdo con la aparición de su personaje en la serie. ¿Qué les diría a ellas?

Que claramente es un personaje que no existe. Se trata de una historia de ficción poética donde a veces se necesita alimentar un personaje con juegos de amor, intriga y pasión para que coja un poco más de cuerpo. Eso ha servido para que esta historia sea más interesante, porque todos los personajes de esta vida juegan con esas fuerzas de la pasión y el amor.

¿Qué más lo apasiona, aparte de la actuación?

Siempre digo que mi hobby es actuar, pero tengo otras pequeñas pasiones, como un jardín que está creciendo en mi casa, con plantas carnívoras y hongos. Desde que me fui a vivir solo comencé a comprar maticas. Creo que los seres humanos tenemos que estar rodeados de eso, porque cada vez estamos perdiendo el instinto y esas cosas hacen recordar que alguna vez caminamos en cuatro patas.

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