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¿Cuál fue la primera vez que se encontró con una guitarra?
Cuando tenía cinco años, mi padre me regaló una guitarra española, que, evidentemente, en aquel momento era más larga que yo. Pero cuando le rasqué las tripas supe que eso me iba a perseguir toda la vida.
Antes de ese momento, ¿se había fijado la idea de hacer música?
Mi familia me cuenta (no tengo conciencia de eso) que cuando tenía tres añitos andaba por la casa y en un piano de juguete empecé a hacer la melodía del Danubio azul. Supuestamente fue por eso que me regalaron mi primera guitarra. A los ocho hice mi primera canción.
Cómo llegó a la primera canción?
Llegó sin saber que aquello era una canción. Nos llevaron en el colegio a hacer una visita a una residencia de mayores en Navidad, y por algún motivo extraño me fui preocupada de que toda aquella gente pudiera estar sola en Navidad. Llegué a mi casa, cogí la guitarra y no lo pensé. Desde entonces hago canciones de la misma manera.
¿Cómo define su estilo musical?
No me gusta etiquetar la música, sino hablar de todo aquello que me llega y me toca las emociones, y luego, si queremos, le ponemos una etiqueta. Mi responsabilidad está en entregarle a la gente la verdad de mis emociones.
Es decir que usted no conoce límites más allá de esa expresión auténtica de las emociones…
Totalmente. Me parece que, además, tampoco sé hacer canciones por oficio, no sé pensar sobre qué voy a escribir o cómo voy a llevar el concepto musical. Cuando compongo siento mucho y dejo que fluya lo que quiera fluir.
¿Qué música escuchaba en la infancia?
Somos ocho hermanos, soy la más pequeña, es más fácil averiguar cuál era la música que no escuchaba. Uno paseaba por las habitaciones de todos y escuchaba cosas distintas: Bob Marley, los Rolling Stones, los Beatles, Gardel, Javier Solís… Nací en un lugar sin complejos musicales, eso se refleja en la música que hago.
Cuando usted está en el proceso de composición y elaboración de sus discos, graba mucho material, ¿se le queda demasiado por fuera?
No sé parar hasta que no escribo todo lo que tengo dentro, necesito sentarme y no hacer otra cosa más que componer, normalmente el promedio de canciones que suelo hacer es entre 30 y 50, para elegir un disco. Dejo que mis amigos y mi familia elijan 20 de todas esas y las demás quedan por fuera.
¿Qué canción nos recordaría a Rosana ahora?
Llegaremos a tiempo. Me encanta disparar canciones que intentan derribar desesperanzas y esa tiene mucho que decir.
¿En qué estaba pensando cuando la compuso?
Alguien me decía hace poco: “Pareciera que la hiciste para este momento”, y yo dije: “No, la hice al terminar de ver las noticias en mi país”. De repente me senté y empecé a hacer la canción.
¿Es una artista de redes sociales?
Sí, la verdad me gusta mucho. Ahora la estoy pasando mal, como no tengo plan de datos que cubra el mundo, entonces ando dependiendo mucho del wifi de los hoteles (risas).
¿Qué tanto responde Rosana en ellas?
Cuando aparece LR, que significa Lunas Rotas, es mi equipo. Cuando no, soy yo. Jamás dejaría que alguien me suplantara.