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¿Le gusta ser el protagonista?
Mientras funcione, sí. Lo he disfrutado en cine y teatro. Nunca en televisión, porque como es para los bonitos, pues me llaman para hacer de “caspa” (risas).
Desde ‘Perro come perro’ viene trabajando en varios proyectos con Carlos Moreno, ¿qué tal funciona ese dúo?
Perfecto, desde que nos conocimos nos conectamos muy bien. Carlos es una persona maravillosa, humilde y sobre todo lúcida frente a la búsqueda del lenguaje cinematográfico.
¿Qué aprendizaje le deja haber estado en ‘Todos tus muertos’?
Esta es una película que deja claro que en Colombia es posible realizar cine de calidad con poco presupuesto, se utilizaron locaciones naturales, se aprovechó hasta el último rayo de la luz del día.
Lo más difícil de interpretar a Salvador.
Este personaje me puso a estudiar, porque tiendo a ser muy expresivo. Él es muy sencillo, pero tiene una carga sentimental grande. Además es bizco, aunque a veces del susto se le enderezan los ojos.
¿Cómo recibió la noticia de la selección de la película para Sundance?
Es un logro estar seleccionados entre las 14 de las 1.075 películas que fueron enviadas. Carlos Moreno va para arriba, pues vuelve al festival después de asistir en 2008 con Perro come perro.
¿Qué tan complicado es ponerle humor al conflicto colombiano?
El humor es inherente a nuestra cultura y nos ayuda a revelar nuestras problemáticas, aquí se le mama gallo hasta a la muerte.
El conflicto armado es un tema recurrente en el cine colombiano. ¿Si fuera realizador seguiría esta línea?
Hacer cine es hacer historia y éste debe dar cuenta de lo que somos. Mientras Colombia sea violenta, el arte en general hablará de ello.
Y cuando los espectadores dicen: ‘¿Otra vez una película de guerra?’…
La gente se satura de ver su conflicto en ficción, pero no reacciona frente a las masacres que acontecen en el plano real, nadie protesta frente a lo que pasa en el país.
Y las narconovelas…
Insisto en que es un tema del que debe hablarse porque responde a lo que somos, pero se está cayendo en el cliché del “traqueto”, en el narcotráfico hay muchas historias por contar.
En el 91 estuvo con ‘La gente de la Universal’, ahora llega ‘Todos tus muertos’. ¿Cómo ha visto la transición del cine colombiano en esta década?
La evolución es enorme. Lo más grato es ver que son los jóvenes los que proponen otras estéticas, alejadas de los esquemas tradicionales impuestos por los gringos.
¿Se queda con el cine, la televisión o el teatro?
El cine y el teatro, pues requieren una mayor exigencia estética y se convierten en un canal para representar nuestra historia, mientras que la televisión por su visión comercial se vuelve más superficial.
¿Qué proyectos vienen en teatro?
Con mi grupo Alcarabán comenzaremos a experimentar y fusionar el teatro y el cine, tomarnos las calles, su gente, improvisar con la cámara y arriesgarnos a crear sin temor a equivocarnos.
¿Qué le falta al teatro colombiano?
Presupuesto y apoyo a los jóvenes que se la están jugando por crear desde los grupos en los barrios. Los medios se concentran en impulsar sólo las obras de los teatros grandes y comerciales y dejan a un lado un movimiento callejero de mucha calidad.
¿Qué personaje volvería a encarnar?
Ninguno. Hay muchos que quiero, pero prefiero crear que repetir.
¿Un lugar para descansar?
El mar, me encanta el agua y es un lugar en el que han llegado a mí algunas musas.
A usted le gusta la rumba, ¿qué música prefiere para bailar?
La salsa y el reggae.
¿Cómo le va con el baile?
Me encanta, y bailo de todo con los cuatro pasitos que tengo.
¿De niño qué quería ser?
Voceador de prensa: “Léeease El Espeectador hoooy”.
¿Cómo ve al presidente Santos?
No creo en ninguno de ellos. Creo en la política, pero no en los políticos colombianos.
¿Interpretaría a algún líder político?
De pronto a un Hitler bien chibcha.