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«Si el tiempo lo hace bien, no se dejará influenciar»

Enrique Santos, ex codirector del diario que cumple 100 años y uno de los periodistas más influyentes del continente, recuerda cuatro décadas de historia.

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Admite que el fundador Eduardo Santos, se sorprendería si pudiera saber quiénes son los nuevos socios de su periódico. Advierte que a su hermano el Presidente, le conviene más un medio que lo fiscalice y dice que “no envidia” a Roberto Pombo, director actual. 

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cuántos años de los 100 que cumple hoy El Tiempo estuvo usted en el periódico?

Enrique Santos Calderón.- Oficialmente, trabajé en el periódico 45 años. Ingresé a la nómina en 1964, en la misma fecha en que lo hizo Daniel Samper Pizano. Antes, él y yo colaborábamos, de manera informal, con pequeñas notas que nos publicaba Roberto García-Peña cuando éramos universitarios. Me retiré a comienzos de 2010.

C.O.T.- Aunque se rumoraba su retiro, éste pareció prematuro ¿Por qué se jubiló del periodismo cuando se daba por sentado que permanecería unos años más en la dirección?

E.S.C.- ¿Jubilado del periodismo? No, un periodista nunca se jubila de su oficio. Aún hoy siento el impulso de llamar a criticar un título, proponer una investigación o señalar un error. El instinto profesional no se jubila. En cuanto a mi retiro, y contrario a lo que usted dice, no fue prematuro porque después de 45 años de brega sentía que ya había cumplido un ciclo. Cuando asumí la dirección de El Tiempo en 1999,  anuncié que no pensaba quedarme más de cinco años y, sin embargo, estuve diez, mucho más de lo previsto.

C.O.T.- Pero tuvieron que existir causas “sobrevinientes” – como dicen los juristas – para tomar esa decisión en el momento en que lo hizo ¿Fue así?

E.S.C.- Sí, se conjugaron varios factores: de un lado estaba el agotamiento personal. Del otro, que El Tiempo cambió de propietarios cuando los socios optamos por vender la mayoría de acciones al grupo Planeta. Obviamente, la pérdida de control implicaba cambios drásticos y esa nueva situación, para alguien que llevaba tanto tiempo en el periódico como yo, pesaba. Luego hubo otros temas de coyuntura. Por ejemplo, se veía venir la candidatura de Juan Manuel  y esa circunstancia me planteaba conflictos de interés evidentes: si mi hermano menor iba a ser aspirante presidencial y eventualmente Presidente, yo estaría inhabilitado para ser director de El Tiempo o columnista político. También influyó en mi retiro el cierre de la revista Cambio, una decisión con la que no estuve de acuerdo. No obstante, quiero resaltar que mi salida se dio en los mejores términos.

C.O.T.- Antes de su retiro, usted ya se había separado de la dirección del periódico ¿Por qué los nuevos socios tomaron esa decisión?

E.S.C.- Los nuevos propietarios, en su condición de socios mayoritarios, tomaron la decisión explicable de cambiar la cúpula del periódico. Fue cuando salimos de la codirección Rafael Santos y yo. Reasumí  mi columna  Contraescape durante un tiempo pero esa etapa coincidió con el plazo que me había puesto para retirarme. Así que mi relevo no fue inesperado. Planeta, muy amablemente, me dijo que entendía las razones de mi retiro y que cuando quisiera reanudar mi columna, era bienvenido. Pero eso no está en mis planes por ahora.

C.O.T.- ¿Por qué? ¿Teme que su corazón de hermano  prime sobre su mente crítica de periodista?

E.S.C.- Con toda franqueza le digo que primaría mi criterio de periodista. Uno no echa por la borda 45 años de oficio por un sentimiento meramente familiar. Y cuando digo que no seré columnista regular no significa que no pueda escriba piezas puntuales como, por ejemplo, un análisis del primer año de gobierno. Si lo escribiera, lo haría con plena objetividad y de manera totalmente desapasionada. Y si me pregunta ahora cómo creo que le está yendo a Juan Manuel, diría que lo está haciendo muy bien. No tendría ningún empacho en reconocerlo pese a que, en su momento, me opuse a que ingresara a la política.

C.O.T.- Es curioso, por lo menos, que usted se encuentre hoy en su condición de hermano del Presidente, en una circunstancia familiar similar a la que le tocó asumir a su gran amigo y colega Daniel Samper Pizano hace unos años, cuando Ernesto Samper era el Mandatario. Justamente ustedes se distanciaron por diferencias en aquel periodo ¿Hoy comprende más a Daniel Samper que hace 17 años?

E.S.C- El cubrimiento del escándalo del proceso 8000 que estalló en el gobierno Samper generó una de las peores crisis internas que ha sufrido el Tiempo en su historia. Dividió la redacción;  puso de un lado a mi padre que era el editor general, y del otro, a mi tío Hernando, que era el director. Los columnistas también se polarizaron. Daniel y yo estuvimos en extremos opuestos y tuvimos un amargo y desgraciado enfrentamiento. Después nos reconciliamos y hoy somos tan amigos como siempre. Estoy convencido que Daniel actuó de buena fe y por solidaridad filial. No estuve de acuerdo con él, pero lo respeto. Sin embargo, no quisiera pasar por su experiencia.

C.O.T.- Quienes conocen El Tiempo saben que con el ingreso de ustedes dos a la redacción del periódico, éste pasó de ser un órgano de partido a un medio profesional ¿Cuál fue el revolcón que impulsaron?

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E.S.C.- Daniel y yo iniciamos una serie de experimentos en los años 60 y 70 que fue decisiva. Introdujimos las primeras columnas de opinión que discrepaban  de la política editorial del periódico: Daniel, con su columna Reloj y yo, con Contraescape.  Nadie puede negarle a El Tiempo haber sido el primero en incluir el pluralismo de opinión con sus columnistas. Nunca antes se habían permitido columnas  que se apartaran de la política  oficial del diario, a tal punto que Alberto Lleras, un gran demócrata que por entonces escribía editoriales, publicó uno en el que decía que no entendía cómo se publicaban las notas de esas “ruedas sueltas”.
C.O.T.- Ustedes también introdujeron cambios en el manejo informativo ¿En que consistieron?

E.S.C.-  Primero tuvimos una página universitaria que nos dio muchos dolores de cabeza por su contenido. La cerraron porque era considerada como un bastión del comunismo. Después, dimos una lucha que duró varios años. A veces tuvimos éxito, a veces nos vencieron. Intentamos romper los cordones umbilicales del periódico con el partido Liberal y con los sucesivos gobiernos. Esa circunstancia hacía que El Tiempo fuera oficialista y exaltara los sucesos liberales mientras subestimaba o minimizaba otros fenómenos políticos como los movimientos campesinos y sindicales, las protestas estudiantiles, etc. Daniel y yo tratamos de impulsar también el pluralismo informativo y el compromiso del periódico con todos sus lectores, no solo con los liberales o los gobiernistas.

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C.O.T.- ¿Cómo definiría el periodismo que Samper Pizano y usted impusieron en esa época?

E.S.C.- Era un periodismo profesional, audaz, crítico y distante del oficialismo y de la defensa automática del gobierno de turno; tratamos de alejarlo de la generación del sectarismo liberal y conservador, y del conformismo del Frente Nacional. Y quisimos que fuera más combativo y más cercano a la academia y a la universidad.

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C.O.T.- ¿Cómo pudieron innovar tanto siendo su padre Enrique Santos Castillo, editor general, un ultraconservador en materia política y periodística?

E.S.C.- Obviamente esas innovaciones no estaban exentas de permanentes fricciones con mi padre, que era alma y nervio del periódico. El Tiempo no sería lo que es sin el aporte de Enrique Santos Castillo que le dedicó toda su vida a estar pendiente de cada detalle del periódico, desde los titulares de la primera página hasta la más insignificante de las notas sociales. Con él teníamos discusiones permanentes. Fue un tire y afloje muy duro pero él terminaba entendiendo nuestros argumentos y nosotros, no pocas veces los de él.

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C.O.T.- Por la vinculación tan estrecha del presidente Santos a El Tiempo, el diario enfrenta unos problemas similares a los que ustedes combatían hace 45 años ¿Qué haría usted si estuviera al frente del periódico?

E.S.C.- Si yo trabajara todavía en El Tiempo pondría un gran reflector de seguimiento a las promesas que se han hecho en materia de devolución de tierras, reparación a las víctimas y combate a la corrupción. Si Juan Manuel lograra cumplir con las expectativas que se han generado, su credibilidad se vería reforzada. Si no, la percepción de su gobierno se afectara y el periódico debería decirlo abiertamente. Si El Tiempo logra cubrir de manera crítica los asuntos del gobierno, daría un buen golpe de opinión.

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C.O.T.- No es fácil que los medios lidien con la vanidad de los mandatarios y, para ser franca, la de Juan Manuel Santos parece ser abundante ¿El Tiempo se dejará subyugar por el Presidente?

E.S.C.-  Si El Tiempo lo hace bien, tendrá que mantenerse en la línea de no dejarse influenciar ni intimidar por el poder político ni por el poder gerencial. Tampoco por los nexos de Juan Manuel con el periódico. De otro lado, si el Presidente es un líder lúcido, entenderá que necesita órganos que lo fiscalicen y lo critiquen y no tratará de manipularlos ni de halagarlos.

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C.O.T.- ¿No resulta paradójico que casi medio siglo después de que usted  se rebelara contra un periódico que entonces calificaba de oficialista, hoy pueda ser considerado así por cuenta del profundo vínculo de Presidente con esa casa editorial?

E.S.C.- No he dejado de pensar en las vueltas que da la vida. En mi caso, resulta una cruel paradoja que el Tiempo, por el que di una larga lucha para separarlo del gobierno de turno y de las ataduras políticas, cumpla su primer siglo con un Presidente salido de sus entrañas.
Siempre sostuve que la participación en política de alguno de nosotros afectaría la credibilidad del periódico. Y justo cuando asumí la dirección, me tocó enfrentarme al hecho de que mi hermano Juan Manuel estuviera en el Ministerio de Defensa y mi primo Francisco fuera el Vicepresidente. No sabía si reír o llorar. Mucha gente creyó que el paso de Juan Manuel y Pacho a la política obedecía a un proyecto familiar. Nada más equivocado. No se imaginan los conflictos internos que provocaron. Lo que la gente no conoce, son los numerosos y atractivos nombramientos que rechazamos los demás por conservar la independencia.

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C.O.T.-  De cualquier manera, la gente sintió que en la etapa de la vicepresidencia y el ministerio de Defensa El Tiempo apoyaba informativa y editorialmente a los dos Santos.

E.S.C.- Es una percepción equivocada. Si se analizan desapasionadamente los cubrimientos informativos y los editoriales del periódico de esa época, no se encontrará ningún tipo de favoritismo. Por el contrario, hacíamos esfuerzos por distanciarnos, a veces excesivamente, para evitar esa impresión. Eso dio lugar a no pocos roces con Juan Manuel y Pacho quienes sostenían que éramos injustos. Lo que sucede con los comentarios contra El Tiempo es que ser el diario más poderoso del país tiene, entre otros, el problema de que lo critican por  fallas informativas que tienen los medios en general. No es casual que hablar mal de El Tiempo sea un pasatiempo nacional.

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C.O.T.- Eduardo Santos deseaba que El Tiempo fuera  independiente del poder económico ¿Qué quedó de ese proyecto?

E.S.C.- Eduardo Santos guardaba con mucho celo la independencia económica del periódico y por eso exigía, como garantía de que ese precepto se cumpliera, que El Tiempo fuera próspero. Siempre decía que no le debía un centavo a ningún banco y que el diario no podía ser accionista de otras empresas. Inclusive rechazó ofertas para iniciar cadenas de radio. Su proyecto era muy respetable pero visto a la luz de hoy, parece ingenuo y casi inaplicable dada la situación actual, en la que los periódicos y otros medios escritos están amenazados de desaparecer por falta de músculo económico. Esta esa la razón para que las grandes  corporaciones y conglomerados hayan asumido el control de las empresas periodísticas. Se trata de un fenómeno que no es local sino mundial, como usted bien sabe.

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C.O.T.- La gran cena de conmemoración de los 100 años del periódico será presidida por el jefe de Estado, accionista minoritario; el presidente del grupo Planeta, accionista mayoritario; y el banquero más poderoso del país, también accionista. Si Eduardo Santos se levantara ¿Qué opinaría?

E.S.C.- No cabe duda de que estaría, por lo menos, muy sorprendido. Esa mesa que usted menciona es producto de las circunstancias que vive el periodismo de este siglo, tal como le decía antes. Por eso, la accionista mayoritaria es una corporación internacional de medios. Por eso, el banquero más influyente de Colombia también tiene acciones. Y por eso, los accionistas minoritarios, los tradicionales del periódico, básicamente los miembros de las familias Santos y Espinosa, no tienen más del 10% de la empresa.

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C.O.T.- Hecha la negociación con los nuevos propietarios de El Tiempo, usted ha admitido que el periódico “ha perdido parte de su alma” ¿Por qué?

E.S.C.- Porque ya no nos pertenece en el sentido de que hay otros valores, otras presiones, otros intereses. Eso hace que se pierda parte de su alma tradicional. Eso no quiere decir que no valore la importancia de que el accionista mayoritario sea una empresa próspera. Si no lo fuera, se presentaría la muerte lenta del periódico. Recuerde que El Espectador estaba por desaparecer cuando fue adquirido por el principal conglomerado económico del país. Cuando esto ocurrió, tuve muchas reservas. Ahora, eso resultó mucho menos grave de lo que yo temía. Viendo a El Espectador, debo decir con objetividad que está cumpliendo una gran función informativa. A nivel de opinión, tiene unas páginas supremamente pluralistas y  progresistas. Esto demuestra que el hecho de que El Tiempo se haya vinculado a un grupo editorial como Planeta que sabe de medios, no necesariamente resultará negativo. Hablé de la pérdida del alma inicial, pero ése es  un paso inevitable. Lo importante es que no se pierda su función periodística.

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C.O.T.- La situación mundial y local que usted describe  en torno a los medios pareciera indicar que el periodismo de control ciudadano del poder, ha muerto ¿Será cierto?

E.S.C.- Guardo la esperanza de que no sea así. El Tiempo de hoy, con sus posibles contradicciones internas, tiene que hacer un esfuerzo para demostrar que puede seguir ejerciendo su función con independencia de las circunstancias nacionales. No envidio a Roberto Pombo por el reto que significa la dirección en estas circunstancias y porque le ha tocado enfrentar una transición muy difícil.

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C.O.T.- Entonces ¿No quisiera estar en el lugar del director?

E.S.C.- Roberto tiene ante sí una situación muy compleja pero a la vez fascinante: le toca manejar las relaciones con un Presidente nacido en El Tiempo; tiene que entenderse con unos nuevos accionistas muchos de los cuales no vienen del mundo periodístico ni lo entienden. Habrá algunos, probablemente, que pretenderán que El Tiempo favorezca sus intereses económicos. Adicionalmente, al director general le corresponderá, por primera vez en la historia del periódico,  responder  por la parte noticiosa y simultáneamente por las páginas editoriales y de opinión. Sin embargo, hay que resaltar que a pesar de las dificultades, Roberto está haciendo su papel con enorme tacto e inteligencia.

C.O.T.- ¿El ex presidente Uribe influyó mucho en el periódico en su época de director?

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E.S.C.- En el comienzo de sus dos gobiernos, Uribe lo hizo bastante bien. Por eso estuve de acuerdo con la primera reelección y escribí varios editoriales apoyándolo. Luego, comenzó a desarrollar una creciente intolerancia frente a la crítica. Conmigo nunca tuvo un gesto hostil pero con otros medios y periodistas como Daniel Coronell, Alejandro Santos, mi hijo y director de Semana, y ciertos columnistas, demostró una actitud muy agresiva. Y para responderle su pregunta, en lo que a El Tiempo se refiere, Uribe no intentó presionar ni sugerir ni intimidarnos. Confío en que Juan Manuel que fue periodista, no incurra tampoco en intromisiones indebidas.

C.O.T.- ¿Qué autocrítica le haría a su gestión como director del periódico durante los gobiernos de Uribe?

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E.S.C.- Cuando Uribe intento hacerse reelegir la segunda vez, se nos prendieron todas las alarmas y comenzamos a distanciarnos de su gobierno, progresivamente. De esa época, me criticaría que he debido ser más enfático en criticar desde el comienzo la segunda reelección. En cuanto al primer gobierno, cuando se presentaron abusos en derechos humanos, he debido señalarlos con más énfasis aunque se publicaron varios artículos sobre el tema. Uno tendía  a subestimar esas denuncias en beneficio de los grandes resultados que se estaban presentando en materia de seguridad. Una lección que se deduce de ahí es que uno nunca puede dejar de mirar toda la película.

C.O.T.- Cuando hubo críticas a la posición política del periódico en el gobierno anterior, usted lo definió como “virilmente gobiernista” ¿Qué quiso decir con eso?

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E.S.C.- Esa expresión surgió porque criticaban a El Tiempo por asexuado por no defender políticamente a ningún partido. La dije en el sentido de que el periódico no ha dudado en defender las instituciones democráticas cada vez que han estado amenazadas, que es una función que todos los medios deberían asumir. Ahora, nadie puede decir que El Tiempo no ha cumplido con su tarea de fiscalización y la demostración en la práctica diaria de que esto es cierto, es el trabajo de las unidades investigativas con todas las ollas que han logrado destapar.

C.O.T.- ¿Qué opina del nuevo diseño del diario?

E.S.C.- Se trata de un rediseño muy controvertido porque ha sido duramente criticado y también ha sido elogiado. Solo el tiempo cronológico nos va a decir si es exitoso o no. No me atrevo a hacer ningún pronóstico.

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C.O.T.- ¿Cree que dada la enorme penetración que está teniendo el llamado “periodismo ciudadano directo” (blogs, Twitter, Facebook) éste va a sustituir al periodismo profesional?

E.S.C.- No lo creo. Y si así fuera, sería fatal para la sociedad y para la democracia porque el acceso a un mundo de información en medio de la anarquía, el desorden y la irresponsabilidad, no conduce a nada constructivo. Lo que ha distinguido al mejor periodismo del mundo es la capacidad de poder desentrañar un hecho con investigación seria, de evaluar los datos, corroborarlos y sacarlo a la luz pública con responsabilidad. El ejercicio profesional del periodismo implica análisis. Eso es lo que lo diferencia de la mayoría de las manifestaciones espontáneas que aparecen en los medios digitales sin mayor ponderación.

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“Ha sorprendido a su hermano mayor”

Cecilia Orozco.- ¿Qué le criticaría a su hermano, el presidente Santos?

E.S.C.- Hasta ahora hay cierta unanimidad en el sentido de que lo está haciendo bien. Pero yo le advertiría que si genera muchas expectativas con promesas que no puede cumplir, el costo va hacer muy alto para él. Por ejemplo, se ha comprometido a darle un vuelco a la política social con la ley de tierras y la de reparación a las víctimas. Si lo logra, habrá que quitarse el sombrero. Si no, se generará un terrible sentimiento de frustración.

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C.O.T.- No sabíamos que Santos se interesara en temas sociales ¿Cuál es su interpretación sobre el giro que parece que dio?

E.S.C.- Me da la impresión de que quiere rescatar el ideario reformista y progresista del partido liberal tradicional.

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C.O.T.- Sorprendente. Creíamos que de la familia, usted era el único que había mostrado interés en posiciones de sensibilidad social  ¿De dónde surgió este nuevo Juan Manuel?

E.S.C.- (risas) Supongo que surgió de su inteligencia política. Muchos se han sorprendido y también ha sorprendido a su hermano mayor (risas). Realmente, él no se caracterizaba por tener este tipo de sensibilidad pero creo que analizó a fondo la situación y entendió que el país necesitaba un viraje.

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Referente de plurarismo

C.O.T.- ¿Cuántas columnas escribió usted en toda su vida periodística?

E.S.C.- No he hecho ese cálculo. Hace muchos años que soy columnista aunque tuve unos paréntesis: en la revista Alternativa; cuando fui corresponsal en Europa.Y después, cuando fui director del periódico. Publiqué mis comentarios desde 1971. ¡No más contra Samper  escribí 97! (risas). Fácilmente tengo cerca de 2 mil columnas publicadas.

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C.O.T.- Si le pidieran una frase sobre el papel de El Tiempo en la historia del país ¿Qué diría?

E.S.C.- Diría que históricamente El Tiempo ha sido un referente de democracia, tolerancia, pluralismo de opinión y libertad en la historia nacional. Eso es lo más importante del periódico en estos 100 años. No es poca cosa.

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C.O.T.- Se sabe que usted está escribiendo un libro de memorias ¿Son críticas o es un simple recuento cronológico?

E.S.C.- Es un libro de memorias que entremezcla episodios de la historia del país, la historia de El Tiempo y mi propia historia. Es como un coctel. Pero estoy un poco angustiado por la cantidad y extensión de los recuerdos y por eso no quiero ponerle fechas de publicación. 

 

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