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¿Cómo va “el negocio, socio”?
Muy bien. La gente piensa que la frase surgió a raíz de la propaganda, pero no es así. Yo ya la tenía porque estudié negocios internacionales y vendía en la calle mis primeros discos. Convencí a un amigo de que me comprara diez unidades, y él me dijo: “Tú eres el negocio”, y a partir de ahí tengo esa marca que me identifica.
¿Por qué ha hecho pausas en su carrera artística?
Las veces que he parado ha sido por saturación. Cuando siento que me estoy volviendo esclavo de este negocio, me gusta pensar en las prioridades de la vida y me reencuentro. A pesar de eso, nunca he dejado de asistir a mis compromisos.
¿Para qué le ha servido vivir fuera de Medellín?
Eso llega a influenciar mucho mi forma de hacer música. Gracias a que he vivido por fuera es que pasan cosas como que J Balvin es número uno en Rumania dentro de las canciones de verano, por ejemplo.
¿Cómo ha sido la evolución del género urbano?
Ha sido muy grande. Desde que empecé en esto al reguetón lo han estado matando, y cada vez está más fuerte, lo que quiere decir que se va adaptando a los cambios generacionales.
¿Cómo suena el reguetón hecho en Medellín?
Suena, como yo digo, a calle, pero elegante.
Tiene tatuadas las palabras “Familia” y “Mi gente”. ¿Por qué?
Son dos tatuajes inmensos. La familia tiene la connotación del amor sin interés, mientras que con la expresión “mi gente” me refiero a los fans, quienes sin conocerme en persona lloran conmigo mis momentos amargos y celebran los éxitos.
Además, su próximo disco se llamará ‘La familia’. ¿Qué falta para que lo conozcamos?
Este álbum tiene de todo un poco. Hay algo de electrónica, pero también canciones acústicas con guitarra. Hay mucho experimento, pero sin rellenar.