Tonalá, cuatro años apoyando la escena cinematográfica

Salomón Simhon y Jaime E. Manrique, socios del proyecto, reflexionan sobre la idea que nació para revivir el teatro de barrio, y el aporte que han hecho a la industria colombiana.

27 de julio de 2018 – 09:00 p. m.
Salomón Simhon. /   Daniel Jiménez - Laboratorios Black Velvet
Salomón Simhon. / Daniel Jiménez – Laboratorios Black Velvet
Foto: Daniel Arguello

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Cine Tonalá está festejando su cuarto cumpleaños. En este tiempo, ¿se cumplió el objetivo con el que surgió, se modificó o se consolidó?

Todas las anteriores. Se ha cumplido más allá de lo esperado, pues se ha vuelto indispensable en la escena cinematográfica de la ciudad y el país. Se modificó, en tanto nos dimos cuenta de que era más necesario de lo que esperábamos y eso nos ha hecho buscar muchas alternativas. Se consolidó, ya que se encuentra en el imaginario de los cinéfilos bogotanos.

Ustedes describen el lugar como un sitio para ver cine que propone pensar más que entretener. ¿Cuál es el público al que se dirigen?

El público curioso, el que no se conforma con lo que el mercado le ofrece, el que sabe que cine además de entretener les permite crecer, viajar, conocer y por supuesto pensar, algo que siempre es entretenido. Nos dirigimos a quienes buscan un contenido diferente, un cine con historias originales, narrativas torcidas y mundos inesperados.

¿Qué le ha aportado Cine Tonalá a la industria y a la cultura bogotana?

Una oferta cinematográfica que no solo piensa en llenar butacas y vender crispetas, que le da su lugar a los directores nacionales y que por eso mismo dignifica el cine colombiano, al no permitir que desaparezca de la cartelera en las primeras semanas. No programamos nuestras salas para competir con los otros exhibidores, sino para ofrecerle al público opciones y permitirle que tenga el tiempo de enterarse de los contenidos que le ofrecemos. Pero además le ha aportado la posibilidad de entender que resistir sí es posible y que exigir es necesario. El aporte más grande es que se convirtió en un epicentro cultural, donde el cine colombiano gobierna las pantallas y son las más taquilleras, donde la industria cinematográfica del país encontró su refugio no solo para ver cine, sino también para conocer, compartir y hasta encontrar trabajo en la industria. En estos cuatro años se formó un público que antes no existía o no tenía adonde ir.

Ustedes han logrado tener un espacio dedicado a los cortometrajes, que son tan difíciles de proyectar y de ver. ¿Cuál es el balance de este ejercicio?

Cada martes tenemos entre 200 y 500 personas buscando ver cortos, sin importar qué tan arriesgados o autorales son, pues hemos construido una audiencia que comprende que en los cortos se encuentra la posibilidad de refrescar el lenguaje y que sin ellos es imposible la existencia del cine nacional. Sin cantera de creadores no hay cómo sostener una industria a largo plazo. Eso lo ha logrado el Movimiento Bogoshorts, que más allá de mostrar cortos durante todo el año (cosa que no hace ningún festival del mundo), es el hecho de poner a soñar a los espectadores que van cada martes y a la siguiente generación de cineastas colombianos, que encuentran en estos cortos no solo una educación audiovisual sino un estilo de vida.

Ustedes han mezclado el cine y la música en fiestas temáticas. ¿Cómo ha resultado esa fusión?

El cine y la música son expresiones humanas que movilizan pasiones; cuando se suman, la pasión se vuelve fiesta, y la fiesta es diversión. Lo que hemos logrado es hacer que la cultura se vuelva divertida, se convierta en un motivo para rumbear. En Tonalá nos enfiestamos con la cultura y por ello estas apuestas han sido un éxito.

Precisamente celebrarán su cumpleaños con una fiesta inspirada en la película Somos calentura…

Es cine colombiano con sabor, con riesgo, protagonizado por comunidades que merecen respeto y admiración y es una película que además de hacer pasar un muy buen rato, te deja muchas cosas para seguir masticando y pensando, así que cumple con todo lo que Cine Tonalá es y quiere seguir siendo. Por ello, nada más coherente para una sala de cine que celebrar su existencia al lado del buen cine colombiano que viene en los próximos meses para el público. Tonalá y Somos calentura representamos lo mismo: resistencia cultural.

Uno de los objetivos de Cine Tonalá era revivir el cine de barrio. ¿Cómo hicieron la tarea?

En el barrio hay muchos estudiantes y cineastas; y mediante la membresía de Tonalá, hemos logrado que sientan que el espacio les pertenece y siempre regresen.

Para ustedes, ¿qué le hace falta o cómo mejoraría la industria audiovisual nacional?

Nos faltan más lugares como Tonalá, para que la industria audiovisual colombiana tenga más pantallas que respeten otro estilo de cine.

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