Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Lleva un mes como nuevo director del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. ¿Cómo lo recibió?
Estoy realmente impresionado de la historia de este museo, del trabajo que se ha desarrollado en estos 20 años, que a propósito cumplirá el próximo 28 de noviembre. Hay bastante potencialidad en este lugar.
¿A qué retos se enfrenta en esta nueva etapa como director?
Este museo es pionero en nuevas cuestiones, sobre todo en lo que está relacionado con el archivo. Uno de los retos es mantener las obras que se encuentran en digital para que puedan ser consultadas en cualquier momento por los usuarios, ahí hay un reto inmenso de mantener esa memoria.
Sumado a ello, está el reto de captar nuevas audiencias. ¿Cuál es la fórmula para atraerlas?
Uno de los miembros del comité de selección era Chris Dercon, director del Museo Nacional Británico de Arte Moderno, quien tiene una frase muy bonita y es que los museos deben ser más afectivos y menos efectivos. Y creo que la clave está en ser capaces de establecer relaciones de afectividad con las audiencias, de pensar en que lo importante no es qué hacemos, sino cómo lo hacemos y ponernos en la piel de los visitantes, que tienen diferentes expectativas. La idea es que disfruten la visita.
Y en su caso, ¿qué es lo que más disfruta de ese recorrido?
La gran diversidad de propuestas. La programación del museo permite que haya un acercamiento a diferentes obras de arte y a exposiciones que es importante, debido a la diversidad de públicos que recibe el museo.
¿Cuál es la propuesta de programación que tienen en este momento?
Históricamente el museo ha trabajado sobre una remirada al arte contemporáneo, al arte producido en la segunda mitad del siglo XX, en una posición no hegemónica e intentando narrar una historia que no esté ligado directamente a los sucesos que han ocurrido en las grandes capitales del arte ni dependientes totalmente del mercado. Creo que ese uno de los grandes activos de este museo.
O sea que piensa mantener esa línea.
Sí, mantendremos esa visión: remirar el arte de los últimos 50 años, intentando huir de los estereotipos que marcan los diferentes cánones e ir incorporando otros elementos, como enlazar las artes visuales con las culturas populares contemporáneas, las que están underground en Barcelona. Otro aspecto es la idea de pensar el arte con el cuerpo, muy ligado al performance. Y finalmente pensar cómo el arte ayuda a ver el mundo después del fin de las utopías. Un paralelo de los sueños que se tenían de la modernidad y la realidad que nos rodea.
En este momento el museo se encuentra en un proyecto de expansión en la Plaza de los Ángeles. ¿Qué ventajas trae para el Macba?
Se convierte en una oportunidad de crecimiento y de pensar en nuevas formas de contacto entre el arte y su audiencia y en unos trabajos que expanden aún más el trabajo de lo no expositivo, actividades de investigación, que son áreas fundamentales en el trabajo del museo.
¿Cómo convenció al jurado de que usted era la persona idónea para el cargo?
Creo que lo que más le interesó al jurado fue la manera como quería que el museo fuese conocido en los próximos 20 años. Para mí, lo más importante era identificar los espacios correctos en los que deben estar presentes las obras, para que la narrativa dé cuenta de la historia del museo. Este lugar descansa sobre unos pilares muy solidos, sobre todo por la programación acumulada y por el equipo de personas que trabajan aquí.
Nació en Argentina, pero viajó a España muy niño. ¿Cómo es esa relación con su país natal?
Con Argentina tengo una relación emocionalmente presente en mí, pero muy lejana en lo afectivo. Me encanta viajar allí y volver a encontrarme con ese pasado personal que habita en mi memoria.
¿Se imagina dirigiendo un museo en Argentina?
No. La verdad es que mi vida está en España, a la que considero como mi primer hogar.