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¿Cómo se puede ser juez de algo tan personal como el estilo?, ¿cómo arbitrar las decisiones que la gente toma en la intimidad de su ropero? ¿Cómo juzgar a aquellos que escudan sus desafortunadas decisiones afirmando no interesarles la moda ni sus mandatos? Nina García, barranquillera, editora de moda de la importante revista Marie Claire y famosa jueza del reality show Project Runway, publicó hace sólo una semana una lista de los mejor y los peor vestidos en la sociedad colombiana en la revista Cromos —lista a la que además del cielo y el infierno le ha sumado “un limbo” en donde metió a todos y todas que no le merecieron ninguna opinión—.
Después de leer sus observaciones, lo que parece quedar sugerido es que como ha existido en el arte, en la literatura y en el teatro, la moda tiene unos parámetros para ser entendida y analizada, parámetros que distan mucho de tener que usar lo que las últimas tendencias marcan o de tener que replicar las locuras de turno de Victoria Beckham, Kate Moss o Jhonny Depp.
Para Nina, la ecuación que puede dar como resultado un atuendo adecuado parece ser más bien simple, se trata de un cruce acertado entre tres variables: edad, figura y ocasión. Después de preguntarse cuántos años tengo y saber si viene bien una minifalda, o mejor una falda a la altura de la rodilla, de saber cómo son mis piernas, mis caderas, mi espalda y mi busto, y después de tener claro cuál es la etiqueta que requiere una cierta reunión bastaría con tener noción de la proporción y la armonía, y contar en el armario con algunas prendas básicas, que puedan sacar a hombres y mujeres de apuros.
Cierto es que son pocos los que saben qué le viene mejor a su figura. Por andar detrás de unos modelos de belleza hemos perdido tiempo intentando aplanar la panza no comiendo calorías, en lugar de comprar libros, como los dos que ha lanzado la barranquillera: The Little Black Book of Style y The One Hundred, que se adentran en las diferentes siluetas e investigan cuáles son esas prendas que realzan las curvas, que les vienen mejor a los rollitos o a una cierta estatura y que, sobre todo, permiten disfrutar el cuerpo que se tiene tal cual es.
Nina García estudió artes en la Universidad de Boston, luego pasó por dos importantes escuelas de moda: Ecole Superieure de la Mode en París y el Fashion Institute of Technology, de Nueva York. Además, formó parte del equipo de Elle Magazine, para ocupar después su cargo como crítica y predicadora de los buenos diseñadores en Marie Clair. Este recorrido le ha entrenado la mirada y la ha llenado de referentes para poder reconocer cuándo se trata de un estilo auténtico y cuándo de uno suplantador, —uno de los grandes errores que les condena Nina a ciertos personajes nacionales—.
“Cada vez que te vistes revelas tu identidad. Con el estilo le cuentas al mundo tu historia. La moda además sirve para tener la experiencia creativa, día a día, de crearte a ti mismo”, explica Nina en uno de sus libros como si fuera su más certera y honesta recomendación. Más allá de saber si se pueden mezclar texturas de puntos y rayas, de si llevar una falda en A o de si es lícito combinar el negro y el café, las proclamas de Nina, esas que dejan mal paradas a Sara Corrales, Fanny Lu, Amparo Grisales, Rosemary Bohórquez, Gustavo Petro, Andrés Jaramillo y Francisco Santos parecen apelar a que la gente descubra una “cierta voz interior” en materia estética y que en ese momento crucial frente al armario se pregunte: ¿Qué tengo? ¿Qué necesito? ¿Qué deseo?