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Voces por la inclusión

El activista chileno lleva siete años trabajando en pro de los derechos de la comunidad LGBTI a través de los micrófonos de la emisora virtual.

Refugiado en la sede de su emisora virtual, en el suroriente de Bogotá, Fito Serrano dice que, pese a las amenazas recibidas en 2009, “nunca estuvimos en silencio”. / Gustavo Torrijos
Refugiado en la sede de su emisora virtual, en el suroriente de Bogotá, Fito Serrano dice que, pese a las amenazas recibidas en 2009, “nunca estuvimos en silencio”. / Gustavo Torrijos

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¿Cómo ha logrado mantenerse Radio Diversia en estos siete años de actividad?

Siempre hemos sido un proyecto independiente. En algún momento, cuando nombraron a Clara López como alcaldesa encargada de Bogotá, ella nos ofreció una casa para continuar con el proyecto, pero resultó ser un garaje que no tenía baño ni electricidad, y además teníamos que pagar el arriendo. Nunca lo aceptamos y cada vez que puedo la encaro y le recuerdo su ofrecimiento.

En el año 2009 se supo que fueron objeto de amenazas. ¿Qué sucedió con la emisora durante ese tiempo?

Nunca estuvimos en silencio, transmitimos desde la clandestinidad un año. Fue terrible, porque ninguno de los que estábamos en Radio Diversia había vivido una situación parecida, así que tuvimos que tomar una acción de contingencia, cambiamos de sede y nunca revelamos dónde estaba la emisora. Sólo lo sabían cinco personas y yo, que viajé a Chile por ocho semanas, mientras se daba curso a la investigación.

¿Y qué pasó con la investigación?

Nada. Nos pasaron cuatro celulares avanteles, que no funcionaban, salvo cuando nos llamaba el teniente para ver si estábamos vivos o muertos, pero nunca pasó nada. Nos incluyeron en el programa de protección, pero hasta ahí llegamos.

¿Nunca se supo quiénes estaban detrás de las amenazas?

Hubo una segunda amenaza con el mismo principio, pero esta vez venía con un lenguaje muy cercano a nosotros; se notaba que era una persona que había compartido con nosotros y ya no estaba en la radio. No le dimos credibilidad y continuamos con el proyecto.

De acuerdo a su experiencia como activista en Chile, ¿cómo está Colombia frente a ese país en políticas públicas para la comunidad LGBTI?

Tras la muerte de Daniel Zamudio, un joven que fue víctima de la violencia homofóbica en Chile, se aprobó, en el gobierno de Sebastián Piñera, una ley antidiscriminación que llevaba 18 años en espera, después de la dictadura de Pinochet. Eso permitió que la discusión llegara a otros niveles, que la comunidad LGBTI tuviese la oportunidad de participar en diferentes ámbitos. Por ello creo que los dos países son muy similares, son cambios paulatinos. Seguimos siendo una sociedad conservadora y machista.

¿Han pensado conquistar otros espacios en los medios de comunicación?

Si algún día la emisora despega económicamente y eso le permite pensarse en otras plataformas, por supuesto que sí, pero no le ponemos tanto ruido, porque hacer radio es complejo.

¿Por qué pelear por los derechos de la comunidad LGBTI en Colombia y no en Chile?

No fue una casualidad. En mi país trabajé siete años en un proyecto llamado Acción Gay y luego, en 2007, me vine detrás de un colombiano. Mis primeros siete años estuvieron dedicados a esa relación, porque trabajábamos en pro de los derechos humanos. Se terminó la relación, pero continuamos como socios de un restaurante de comida chilena.

¿Qué recuerda de la época de Pinochet?

Todo, soy hijo de la dictadura. Nací en 1971, dos años antes de la llegada de Augusto Pinochet al poder. Recuerdo que en algún momento se pusieron de moda las requisas nocturnas: llegaban camiones con muchos militares, tocaban la puerta de las casas y hacían salir a todos casi semidesnudos. Nos tiraban al suelo y nos apuntaban con un fusil, requisaban las casas y se iban. Al otro día se escuchaba que una familia del barrio había desaparecido. Nadie podía preguntar nada.

¿Y su familia estuvo a favor o en contra del golpe de Estado?

Vivía en una burbuja. Mi papá era propinochetista, nos protegieron bastante de lo que pasaba en la calle. Fue hasta cuando descubrí que era gay, a los 18 años, que empecé a meterme en el tema y descubrí que nos habían omitido mucha información de lo que realmente pasaba en el país.

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A propósito de esa cercanía que tiene su padre con la política, ¿se animaría a seguir el camino de él?

No, y eso que he tenido la oportunidad, porque mi papá trabaja en el partido Renovación Nacional de Chile y más de una vez me ha propuesto que regrese y que haga parte del partido, que le ha abierto las puertas a la comunidad LGBTI. Pero no me hallo en la derecha, no podría. Prefiero seguir sobreviviendo con lo poco que tengo.

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